“Esta vez nos faltó jugar mejor.” Dante Gebel.

Le encontré razón y lo publico íntegramente a continuación:

 

”  Muchos están preocupados por que en muchos países se están promoviendo leyes “anti cristianas”. Esta es la nota que escribí muy enojado en su momento, cuando se resolvió en mi país legalizar el matrimonio homosexual.
Cuando veo como muchos de nuestros jóvenes escriben en las redes sociales (con HORRORES de ortografía) o noto la necedad con la que defienden su “burbuja” evangélica, solo me resta seguir predicando que ESTUDIEN, POR FAVOR!!

Carta abierta de Dante Gebel, sobre la promulgación de la ley del matrimonio homosexual.

Los argentinos siempre nos creemos los ganadores morales de todos los campeonatos. Si salimos subcampeones, nos robaron la final. Si nos volvemos suspendidos del mundial por un análisis positivo a nuestro jugador estrella, seguramente nos la tenían jurada y la mafia del fútbol no permitió que nos llevemos la copa. Si nos gana Alemania en buena ley, ya sea porque son mejores jugando (o porque en definitiva el fútbol no es mas ni menos que un deporte donde a veces se gana y a veces se pierde), merecíamos ganar pero el pulpo alemán nos vaticinó en contra.

Digo esto a propósito de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario en la Argentina, donde a partir de ahora los homosexuales pueden casarse y tener el derecho de adoptar. Sobre esto, pienso lo que obviamente debemos pensar los hombres de Dios: es una clara aberración, un retroceso (aunque los periodistas que la van de “progres” tienen el doble discurso hipócrita de llamarlo “avance de un país democrático” pero la mayoría rompería en llanto si su propio hijo le confesara su homosexualidad), y estoy convencido que como cristianos hemos perdido una batalla en el marco legal; pero que quede claro: como evangelista y Pastor (y el hecho que esté a miles de kilómetros no me hace menos argentino) siento la bronca que tenemos todos los cristianos que defendemos la integridad y los valores morales.

Pero el punto al que quiero llegar, es el tratar de responder los cientos de correos que me han llegado en estas semanas, todos en el tenor de: “Y dónde está Dios en Argentina?”, “Porqué el enemigo nos ganó esta batalla?”, “Qué pasó que nos doblaron el brazo?” y algunos otros que ya se animan a llamar a Argentina como “La nueva Sodoma” y los mas apocalípticos a los que esta nueva ley les confirma que “Efectivamente el mundo se destruirá en el 2012”.

Sin quitarle la seriedad que se merece el tema, no podemos ser tan dogmáticos en estos casos y caer en el mismo error de los mundiales: “Somos los campeones morales y nos robaron la copa”. En primer lugar, por nuestra salud mental tenemos que reconocer que no somos los tapones del océano, ni el país exportador del avivamiento, ni la nación que tantas veces Dios le entregaba ciudades a los pastores de Capital Federal por un profeta foráneo, que en ocasiones motivado por una buena ofrenda, repartía naciones al mejor postor. Somos una nación latinoamericana, como tantas otras, golpeada por una falta de relevo en los lugares estratégicos. Si no preparamos a las nuevas generaciones para que sean políticos, senadores, legisladores y gobernadores, seguiremos recibiendo estas bofetadas en lo mas profundo del alma, como ya la han recibido nuestra querida Venezuela, Colombia, El Salvador, Honduras, solo por mencionar algunos claros ejemplos.

Un muchacho me preguntaba a mi hace unos días: “En dónde estabas Dante mientras se debatía esta ley?”, cómo en dónde? Haciendo lo que fui llamado a hacer desde hace veinte años: predicar, alentar a las nuevas generaciones a que estudien, se capaciten y estén donde deben estar, porque estas batallas no se ganan protestando en la plaza (aún con las mejores intenciones) sino siendo mayoría en el interior del recinto, y eso lleva años de concientización y responsabilidad. Pero hay que dejar de mentirle a nuestros jóvenes. Una mayoría de líderes les siguen diciendo que anhelen el manto apostólico, la unción profética, que tomen las naciones, que trastornen las comunidades, pero a la práctica no le dicen cómo y todo queda reducido en el mismo círculo: Otro eterno y repetitivo congreso apostólico titulado “Tomando las naciones” con un montón de muchachos que lo único que quieren es tocar la música, grabar un disco, cantar algún día en Expolit jugando al estreno mundial y vivir del evangelio.

Todos algún día, cuando tuvimos veinte años (y la inmadurez era algo que solo se nos iba a curar con el tiempo) enarbolamos frases como “Estamos haciendo historia”, “Cambiemos el rumbo de la argentina” y frases similares. Pero hay un momento en que tenemos que ponernos serios y madurar. La historia de un país no cambia porque alguno de nosotros hagamos una gran cruzada de vez en cuando, alguien más haga un recital a beneficio en la plaza y algún otro haga hip hop en las calles. Como la mayoría, yo no tengo mayor inconveniente con que saquen una gacetilla de prensa diciendo: “Cambiamos el rumbo de la Argentina y estamos transformado el mundo entero desde nuestro ministerio”; lo realmente grave es si ellos mismos se terminan creyendo eso que escriben. Porque en ese caso, más que grave es patético.

Por Telefe internacional celebré al ver al Licenciado Gastón Bruno (Vicepresidente de Relaciones Externas de Faciera) debatir sobre esta controvertida ley y me quedé boquiabierto con su manera tan acertada, estudiada y contundente de poner en claro nuestra posición. A tal punto que en mas de una ocasión, los conductores Montero y Lozano fueron puestos en ridículo y no sabían como retrucarles las tan acertadas respuestas de nuestro representante. Como vieron que tenían a un tipo pensante e inteligente en la mesa, decidieron decirle: “Se nos termina el tiempo, ya dijiste lo que querías” y mandaron el corte comercial. Estoy seguro que si en su lugar hubiese estado cualquier otro mediático defendiendo la ley, se hubiera quedado todo el programa; pero cuando vieron que no podían acorralarlo fácilmente, lo sacaron del aire. Pero lamentablemente el hombre es casi la excepción a la regla en nuestras filas.

Cuando las cámaras salían a buscar opiniones entre los manifestantes en contra de la ley, la mayoría de las respuestas estaban en el tenor de: “Estoy en contra porque…lo dice la Biblia!”, y cuando el periodista re preguntaba: “Y los que no creemos en la Biblia?”, de inmediato el entrevistado quedaba sin palabras o lo que es peor, gritaba un desaforado: “Es que la homosexualidad es un demonio!” o “Los gays están enfermos y en tinieblas!”, todas declaraciones que en el contexto de nuestras iglesias, las aplaudimos mientras tocamos música de fondo y rematamos con un: “Cuántos lo creen? Digan amen!”. Pero ante una cámara y millones de espectadores, son frases poco felices, que descontextualizadas merecerán un bigotito nazi en la post producción y comentarios mordaces o de repudio de regreso al estudio.

En resumen, tenemos la verdad? Claro que si, siempre mantengo que aunque la Biblia suene pacata, siempre será la verdad absoluta e indiscutible. Pero no hemos aprendido a comunicar nuestra verdad en un contexto de la vida real. Y cuando nos topamos con gente intelectualmente mejor preparada, que además está empapada de leyes, solo nos quedamos con el viejo: “Te reprendo!”, que en ocasiones es la falta de argumentos para poder debatir con altura, seriedad y consecuencia. Los cristianos hemos sido puesto una vez mas en ridículo y mi oración es que Dios quiera que hayamos aprendido la lección: muchachos, hay que capacitarse. Menos Facebook y twiiter, menos “adoradores de la adoración” y mas capacitación y estudio. No compren la idea que acá también nos robaron el campeonato; perdimos por goleada porque hubo gente mas preparada del otro lado. No se gana un partido reprendiendo el “espíritu del pulpo Paul”, tampoco se ganan estas batallas solo con la oración, porque la fe sin obras es muerta.

Aunque frente al Congreso habrían llegado un millón de cristianos (en el hipotético e improbable caso que se unieran nuestros queridos pastores Argentinos) el resultado hubiese sido el mismo, porque a la hora de votar, solo importaba los que estaban dentro apretando el botoncito. Faciera y otras instituciones han hecho un trabajo descomunal digno de felicitar y alentar, pero hace falta mucho más que la fuerza institucional emitiendo comunicados y luchando a brazo partido contra los molinos de viento. Ahora la pregunta recurrente es: “Y dónde está la Iglesia?”; pero yo me hago esa misma pregunta desde hace años mientras miro a la distancia la televisión mas prostibularia de todo el continente, y me atrevo a decir de casi todo el mundo. Dónde está la Iglesia que ha permitido un reinado feudal por mas de 20 años del señor Tinelli, rebajando a la mujer, exaltando la prostitución, el insulto y lo mas decadente del ser humano? Dónde están los jóvenes que debían prepararse para ser conductores, productores, dueños de canales de televisión? Ya se, no me lo digan. “A Tinelli nadie lo mira”, pero por arte de magia hace mas de treinta puntos de rating. Tenemos que hacernos cargo, a Menem tampoco nadie lo votó y se llevó dos presidencias seguidas. Y no me vengan con que “el diablo tiene los medios”.

Los medios están como la política: en manos de los que estudiaron y trabajaron para estar ahí. No creo que Dios pueda poner frente o detrás de la pantalla a un muchacho que escucha música todo el día y ora por las noches que Dios le entregue la ciudad. Insisto: hace falta un poco mas que darle siete vueltas al Congreso o rociar la ciudad con aceite desde un helicóptero. Hace falta estar donde se cocinan las decisiones fundamentales de la sociedad, y para estar ahí, hay que orar mucho (eso no está en discusión) y estudiar. Ya sea en el Senado, el Congreso o la televisión, que por cierto esta última marca el ritmo de un país mediatizado como Argentina.

Es lógico que las declaraciones de Pepe Cibrián tengan una repercusión mayor, porque el hombre habla de política y de leyes, pero parado desde el arte. Osvaldo Bazán hace lo suyo desde el periodismo. Los programas de archivo ridiculizan a los cristianos desde el rating. Y nosotros, que tenemos la gran verdad, también nos hace falta una plataforma sólida, estar parados en alguna parte que merezca el respeto de los demás. Habernos ganado el derecho a opinar, a partir de nuestro aporte a la sociedad. Porque resulta que diciendo que somos buenos cristianos en nuestra iglesia local y no faltamos ningún domingo al culto, no alcanzó. Estoy seguro que Dios nos dará la victoria, porque Él nunca pierde. Y estoy convencido que tendremos revancha, porque no se puede jugar con Dios. Pero también estoy seguro que debemos aprender la lección: la culpa no es de la mafia de la FIFA, el árbitro o el pulpo Paul. Esta vez no hubo un Codesal cobrando un penal en el último minuto. Esta vez nos faltó jugar mejor. ”

Dante Gebel

Un pensamiento en ““Esta vez nos faltó jugar mejor.” Dante Gebel.

  1. (en el hipotético e improbable caso que se unieran nuestros queridos pastores Argentinos) ¿ésta frase es irónica? ¿O realmente crees que es imposible?

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