Aprendiendo a comer lentejas*

* Lens culinaris

No entiendo como hay tantas personas que no les gustan las lentejas, claro, una buena preparación de ellas hace de nuestra boca el centro de una revolución de sabores, ya no solo por necesidad, son un verdadero placer contenido en un plato.

Hay formas y formas de preparlas, algunos las hacen estofadas, otros les agregan arroz, lo tradicional es preparar un sofrito con cebollita picada, ajos, zanahoria en cubitos chicos, algunos las hacen a la colombiana, con tocino y plátano, y todas las preparaciones, con sus condimentos y sazones, son una delicia impagable al que las supo cocinar, bueno, un “Muchas gracias, te quedaron fabulosas” sería una respuesta o retribución apropiada. Ni con todo lo anterior, una gran mayoría de la población prefiere sustituirlas por un pollo asado con papas fritas o una mc hamburguesa de 1/4 de carne

Siendo niños, la posibilidad de escoger las comidas fue casi nula, y el domingo era día de fiesta gastronómica que siquiera era pensado acompañar una pizza con un vaso de Coca Cola, pero el resto de la semana significaba una tortura, sentarse a la mesa con manos y cara lavadas, y con la mirada alerta de los padres sobre nuestra cuchara y boca, teníamos que “tragarnos” aquel trozo de zapallo, casi sin respirar para no sentir el sabor. Los más osados tomabamos la servilleta, y con la mímica de limpiarnos la boca, depositabamos discretamente lo que no habiamos ingerido. Estuve invicto varios meses, hasta que la acumulación de servilletas con comida comenzó a causar estragos higiénicos en las tablas que habían debajo de mi mesa; y  bueno, me pillaron.

Hay comidas que sólo ciertos paladares podrían saborear con placer, quizás algunos condicionados a comer solo aquello que se prepara en microhondas, otros sin problemas para disfrutar de un plato de cazuela un día, y al otro un plato de arvejas partidas. Es que por muy quisquilloso que fuera el paladar de muchos, si la comida siga la lógica de su preparación, debiera ser ingerida sin mayores recatos que el que debe tener solamente un alérgico.

Y vivir  es como comer lentejas, o te las comes con desgano, o aprendes a comerlas.

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