El último desayuno con Papá.

Adán abrió los ojos, y el delicioso olor del desayuno preparado por su Padre le animo a levantarse de entre una cómoda colcha de hojas y el amistoso perro que lo seguía para todos lados, Eva contenta nota que la brisa tiene olor a Santidad y se levanta al son del trinar de los pájaros, salen corriendo de su estancia corriendo hacia los brazos de su Creador que los esperaba unos pasos más allá, y ríen de felices, tenían abundancia de todo y una paz que los hacía caminar a trancos parecidos a un ave que se despega, tenían un día con actividades, Eva iría a recolectar los materiales precisos. Ese día era el del taller creativo con Dios, harían desde letras e idiomas, hasta pinturas con tintes naturales de raíces de árbol y pétalos de flor, después del almuerzo habría tiempo para preparar una nueva coreografía, y como alcanzara el tiempo, desarrollar entre ellos compás para demostrar su amor.

Pero ese día Dios estaba más pensativo – ¿Te preocupa algo Dios?- miró Adán a Dios, y él sin responderle, y con esa mirada profunda, como si te abrazara, alienta a comer de esa merienda matutina que había preparado sobre la cima de una pequeña colina, rodeada de inmensos árboles llenos de frutas. Eva, que era más aventurera, piensa en voz alta: ¡Es un hermoso día para ir a descubrir otros lugares del huerto, se logra captar que hacia el horizonte, más allá del Eufrates o el Tigris sigue extendiéndose la tierra! – Así es Eva, el huerto será su hogar, y con estas semillas de esos papayos y paltos, las flores orejas de oso, y ¿Cómo le llamaste a esas, Adán? Ah, sí, “flores del paraíso”, vayan lanzándolas por donde vayan para que este huerto se haga más grande y haya una pista de danza más amplia, miren que tengo muchos ángeles que quieren danzar con nosotros- Eva sonríe, y alegre vuelve a besar a Dios, y nota que su respiración es más agitada, el latido de su corazón mucho más rápido, pero como sabe que Él siempre tiene una sorpresa nueva cada día, pensó que venía una, y para no arruinar el momento, decide salir a recorrer el huerto mientras Adán se daba un chapuzón en el Eufrates.

Pasaron las horas y se les olvidó el taller con Dios. De pronto, sin percatarse de unas rocas filosas, Adán pasa sobre ellas, con algo de asombro nota una pequeña mancha roja que le brotó de uno de sus dedos, y un pequeño dolor que desapareció rápidamente, y casi por recordar la cita con su Creador mira a lo lejos un revolotear de pájaros que desaparecen en el aire. Eva aún degustando algo, venía corriendo con un fruto cuyo olor era tan intenso que a la distancia se percibía, aunque sin distinguir si era a jazmín o a menta, con sus ojos sobre el descubrimiento de sabores, se la ofrece a su marido ¿Qué es esto Eva? Adán le da una inquietante mordida, y se cubrieron de vergüenza. El pie de Adán volvió a sangrar. Eva había recordado lo de los pétalos y raíces para hacer tintes que olvidó recoger ese día, y a lo lejos se oía una macabra carcajada.

Ese día habían tenido el mejor de los desayunos, pero el último, quizás esa mañana habían logrado aprender algo más de la Eternidad de Su Majestad, quizás habían hecho planes con Dios para que los llevara a recorrer el universo. Pero cambió la historia, perdieron los sentidos, se envanecieron en su soberbia, se culparon mutuamente, se olvidaron del amor. Una mirada como enojada, impotente y acongojada lograron ver de su Padre, pero esta vez su propia mirada se les nubló como quien tuviera cataratas, y tuvieron miedo, el helado viento de la noche les arrebató las hojas que los cubrían. Sumidos en su pena, sintieron el peso de la muerte sobre sus hombros, hasta que temblando de frío notan que alguien los levanta de la tierra, y como un padre viste a sus hijos pequeños por la mañana ellos fueron vestidos tiernamente por la noche, mientras en ese momento, miles de años después, desvistieron a un Crucificado.

Aún el cuero esta caliente, y se siente algo de confort, pero de pronto oyeron con un estruendo ensordecedor: era  la sentencia final. Y la carcajada de hace un rato los enlaza, los toma prisioneros y le hace más fácil el trabajo a los pies de Adán, intentando liberarse caen en la mazmorra de sus vidas, en la tumba de la humanidad. Y a lo lejos, al volver la vista Eva hacia su primer hogar,  vio una  silueta de hombre, como traída del futuro, con el mismo ancho de la espalda de su Padre, tirando en el suelo, llorando con dolor, frente a una tumba.

Y Dios lloró.

Un pensamiento en “El último desayuno con Papá.

  1. Hermosamente narrado, felicitaciones, pero lo mas bello es encontrar a Cristo alli, saber que siempre tuvimos la oportunidad de la redencion, que en Cristo se reescribio la historia del hombre.

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