Apóstoles sin una iglesia apostólica.

Para la mayoría del pueblo evangélico informado, hablar de lo apostólico o profético puede resultar para algunos, como una manifestación más del “sectarismo” mal llamado “neopentecostal”, y para otros como parte de la restauración de los oficios ministeriales (ministerio quíntuple) en la iglesia que espera la Segunda Venida de Jesucristo.

Los primeros argumentan latamente  que el oficio apostólico cesó con la muerte del último de los apóstoles comisionado por  Jesucristo, y que el oficio del profeta cesó con la formación del canon  bíblico. Para los segundos, el mover apostólico-profético no ha cesado desde los tiempos de Pentecostés, y por tanto Dios sigue constituyendo en su iglesia a personas que ejerzan estas funciones con el propósito de perfeccionar y edificar al laos.  Y quizás ambos tienen razón, y quizás no tanto. No pretendo relativizar este debate, sin embargo, con mi postura clara que las funciones manifestadas en esos oficios dados en Efesios siguen vigentes, pues son la continuación del Ministerio de Cristo, nuestro Apóstol, Profeta, Pastor, Maestro y Evangelista. Pero seamos realista. Una iglesia con pastores o con apóstoles no es garantía de que ella sea una iglesia pastoral o apostólica.

Una frase de un importante profesor del Seminario Teológico Bautista,  en uno de sus estudios que semanalmente llega a mi correo dijo: “Las iglesias están atestadas de discípulos pero de escasos apóstoles, siempre aprendiendo pero rara vez viviendo, deleitándose de la miel que destila de la boca del Maestro pero poco interés en compartirla“.

En el contexto bautista, hablar de apostolado es hablar de “ser enviados con una misión”, el mandato de Jesucristo, antes de su ascenso fue un mandato apostólico “Id y haced discípulos“, y por medio de los 500 que estaban ese día fuimos representados, los creyentes del siglo XXI,  seguir la comisión, por ende, somos apóstoles en ese sentido, y también aquellos que dejando todo, han obedecido la voz de Dios de ir a otra nación para extender el Evangelio. El profesor entonces discurre  en la carencia de la iglesia de hoy en cumplir esa comisión,  por seguir un status quo, por creer que se puede servir hasta cierta edad y después de ella sólo estamos para orar, porque a ratos pareciera que lo más importante fuera mantenerse en un “estado” de creyente receptor de la bendición, de la unción, de las gracias, de los dones, de las imparticiones, de la educación teológica, etc., una iglesia supuestamente “llena de discípulos” sin la determinación a dar el paso siguiente: el apostolado.

Pero reflexionemos, si fuera un iglesia llena de discípulos, sencillamente sería una iglesia dispuesta a servir sin importar el cargo o función de que se trate. El discípulo obedece a su Maestro, no solo se alimenta de lo que entrega (¿Cuántos obedecen a sus líderes, a sus pastores, a sus discipuladores? Claro si hoy muchos argumentan que el único Pastor es Cristo ¿y qué de los otros que Él mismo constituyó?- Y contestan descaradamente de supuestas dictaduras, y cuales rebeldes contumaces, inducen a otros a salir de sus iglesias. Y de que  puedan haber dictaduras también, entonces solo miro compasivamente al abusado en su libertad de servir a Cristo). La iglesia, antes de ser apostólica, pastoral, celular o como se denomine, debe ser discipular, y no entendido solamente como ser receptores de información, o meramente personas que se nutren sin parar, sino que personas siendo formadas hasta el fin de los tiempos con el carácter de Jesucristo,obedecen por amor sin cuestionar, y sirven, sin esperar retribuciones o ascensos. La vida como discípulos no acepta o concesiona con el tiempo libre, ni siquiera con cuestiones meramente emocionales, a la voz pastoral de su líder decide tomar su propia cruz,  y confrontado a una sinceridad diaria, a la responsabilidad de ella; experimenta a diario un especial via crucis hacia la renuncia de las cosas que nos atan a la tierra, al plato de comida, a la tapadura de muela, a la película de turno. Porque Discipulado no es solo educación, es estilo de vida, no es un curso de teología o hermenéutica, es carácter de siervo. Discipulo no es sólo aprendiz, es el reflejo de Jesucristo, Sabiduría de Dios. La falta de apóstoles y evangelistas no es reflejo de mantenerse en “estado de discipulos“, sino que tajantemente manifiesta la carencia de discipulos en la iglesia de hoy. No es culpa exclusiva del diablo, sino de creyentes que actúan a veces como tal.

El discípulo habla de ser, y apostolado de hacer. Discípulo habla de identidad, el apostolado muestra esa identidad. Ahí la diferencia, porque pareciera que se pretende determinar la vida “haciendo” la obra apostólica o pastoral, cuando en realidad nuestra vida se determina “siendo” discípulos, para luego “hacer” discípulos.  He ahí las críticas de muchos, que ven a otros asumiendo roles u oficios dentro de una comunidad de creyentes, hablando de servicio sin servir, incapaces de “lavar los pies” de sus amigos. Pues los 12 amigos no dejaron de ser discípulos para hacer apostolado, y un líder que no es discípulo ¿cómo enseñará a otros a serlo si nunca lo fue?

Una iglesia que no se mantiene en el discípulado, no es una iglesia apostólica, sino una comunidad de personas que sobrevive en base al hacer, decrece y desaparece, porque fueron solo una comunidad idealizada en promesas no vivificadas. El siguiente paso del discípulo es ser enviado, pero no deja de serlo por el mero hecho de cumplir una  misión, sino sólo cuando Cristo haya perfeccionado la obra que comenzó en nosotros. Una iglesia, mientras más discípulos tenga siendo será  una iglesia haciendo con el ministerio de Jesucristo. Evitendo rótulos “ministeriales”,  o no añorándolos como la cosa más excelente o la oportunidad de  un ascenso ministerial, seamos siervos,  deja que los muertos entierren a sus muertos, invierta sus 10  talento, venda sus riquezas y désela a los pobres y síga al Resucitado, compre el perfume más costoso que encuentre y derrámelo a sus pies sin importar los cuestionamientos de otrs.  El atleta en camino no presume de su profesión, añora cruzar la meta, simplemente  es  un ser humano que corre a conciencia bajo las instrucciones de su entrenador y sin la distracción del otro corredor,  mientras más corra el atleta en una pista, en un valle, más pronto llegará al umbral de su perfección, y solo cuando la supere se habrá dado cuenta que hizo lo correcto para llegar a donde está.

 

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4 pensamientos en “Apóstoles sin una iglesia apostólica.

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  2. Muy bueno…, es de esos mensajes que me reviven y despiertan. Que Dios sea glorificado a través de nuestra propia vida, Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.(Ro.11:36)Nuestra propia vida es toda para Él, con complicaciones o sin ellas, con enfermedades, con carencias, con tentaciones, todo es para Su Gloria. Esa es la vida derramada a los pies de Cristo, como el perfume de alabastro, las lágrimas de la mujer y el cabello que es objeto de tanta preocupación y cuidado para el mundo, termina siendo una simple toalla en los pies del Maestro.
    Bendiciones.

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