Hermano, vuelve con nosotros…

Hola:

Siempre me he preguntado cuales habrán sido los pensamientos que se cruzaron en la cabeza del hermano del famoso” Hijo Pródigo”, su hermano hace un rato se había marchado de la casa, quizás escuchó tras una puerta la petición del menor por la herencia en vida, y el tono triste de su padre dandole la bendición.  Y un hijo que ve al papá o mamá sufrir es una espina profunda que hiere, y que lo mueve a la acción. Más de alguno pudo ver a sus padres tristes, llorando, de bajo semblante, distraídos, y aparece uno de loshermanos desconcertados por la escena, tratando de  hacerles reír con alguna pirueta digna de un circo, o tocándoles la cara o moviendoles la boca para que esbocen una sonrisa, nos es fácil a los hijos ver llorando de amargura a un papá.

Y así, el hermano del hijo pródigo, debió reconocer la fuente de esa amargura, su hermano, su querido y mimado hermano. Y creo que más de alguna cosa debió haber murmurado entre sus amigos “ese indeseable se fue con toda su herencia, ojalá se le acabe toda la plata más temprano que tarde, ojalá que sufra tanto y más que mi padre y no disfrute absolutamente nada, ojalá no eche raíces en ningún lado… ¡ah, cuanto lo deseo para ese infeliz!…¡ Maldito seas por hacer sufrir a papá!.. creo que desde hoy no serás más mi hermano…”    O quizás se le vinieron mil recuerdos de infancia, las veces que jugaba con su hermano entonces pequeño, cuando lo defendió de unos niños abusones, cuando le regalo un caballo de palo y él feliz, corría por todos lados… “ah… mi hermano ¿Dónde estará ahora? ¿estará con sus amigos?¿Se acordará de mí para cuando necesite que lo ayude o me cuente sus aventuras en su nueva vida de independiente?”

¿ Cómo te sientes cuando un hermano o hermana se van de tu  iglesia? Razones para irse hay por montones, tantas,  como excusas para no asistir al cumpleaños de una tía iracunda. Hay unos que sencillamente se van porque no les gusta un hermano o líder, otros porque se confundieron escuchando voces extrañas de un amigo, otros porque sienten que pueden ser útiles en otra iglesia, o porque “Dios les dijo” que debían salir. Independiente de los motivos, el asunto se hace más profundo cuando son tus amigos los que se van, o un matrimonio con poca vida espiritual pero con niños que están en pleno desarrollo espiritual, sirviendo a su corta edad y poderosamente a Dios en la iglesia. Algunos son colaboradores, y les abriste el corazón contándoles tus necesidades y compartiendo tus alegrías, pero derrepente, ya no están contigo, no entiendes que pasó ¿Habré dicho algo? ¿Encontró una iglesia mejor que ésta? Pero sobre todo, reviven los sentimientos  de ese padre y hermanos de la aludida parábola. Vemos un pastor, intentando no manifestar tristeza por un hijo espiritual o hermano que sale por la puerta trasera, no es precisamente una persona que está recién en la fe, sino alguien que llevaba años contigo ministrando. Se trasnforma en mito el  que los pastores no lloran- entonces una salida más, otra persona menos, que más dá, “nadie es imprescindible en el Reino”, ya vendrá otro que ocupará su lugar. Además algunos hijos anhelan la vida en total independencia, pero se les olvida que mientras tengan padre o madre, natural o espiritual, el mandamiento sigue vigente: “Honra a tu Padre y a tu Madre”. Pero sí,  lloran,  he visto algunos entrar en profundas depresiones y otros con más fuerzas esperan, a ratos resignados y a ratos esperanzados, que sus hijos vuelvan.

No puedo negar que deseé muchas veces que ciertas personas se fueran de mi iglesia, murmuradoras, quejumbrosas, contenciosas, dobles ánimos, etc. etc. Mientras ibamos hacia la diestra, no faltaba el que quería ir a la siniestra. Y me indignaba que existieran individuos que hacían que todo fuera más difícil en alguna actividad. Claro, en todas las iglesias no falta el problema, que la crítica, que la escases, que la envidia,  y pensamos que saliendo de la “problemática” iremos a una donde todos son perfectos. Pero ya hemos comprobado que en toda familia hay problemas que deben resolverse, hay necesidades que deben suplirse, hay padres educando a sus hijos en el amor,  y hay hijos moldeables y otros un tanto rebeldes, pero siguen siendo una familia. Y lo increíble es que cuando no estamos en nuestro hogar, es que recordamos lo mucho que necesitamos a nuestros padres y hermanos, miramos con nostalgia los geniales tiempos del pasado en un retiro, en una campaña, cuando compartíamos con los jóvenes. Otros sencillamente se olvidan de su familia, y siguen sin reconocer su ascendencia, su linaje, su herencia.

Ví hermanos irse, y tenía sentimientos encontrados con varios de ellos. Por un lado me dije: “¡genial, son justo  los hermanitos que están dando más trabajo y problemas, que inconexos son!”, pero por otro:  “se van mis amigos”. Ahí, me di cuenta, que cuando tomaban sus guitarras, baquetas de batería, panderos y salían por la puerta trasera, lo hacían para no volver más, que había perdido a mis mejores amigos. El semblante de mis pastores intentaba sobreponerse, y les amé más que nunca.

Hace poco oía en un tiempo de adoración, el clamor de una mujer, quizás la más anciana de la iglesia, de seguro una de las pocas mujeres con más años asistiendo al templo, una veterna de la fe, oraba por sus hijos;  intentando no desconcentrarme de ese momento de contemplación, era imposible  no escucharla, si estaba a metros de mí. Con sus ojos llenos de lágrimas y sus manos en alto clamaba para que ellos volvieran a la iglesia, que  se volvieran a Dios, pues cuando niños y adolescentes servian participaban de las diversas organizaciones, y ya jóvenes, decidieron tomar el rumbo hacia lo que ellos creían mejor, y no estaban bien.   Ahí estaba ella, una madre sola esperando a las puertas del hogar, el de Dios, porque de pronto su oración fue por todos los que se habían ido de la iglesia, y me quedé atónito durante mi propia oración,  y ya no me sentí como ese hermano que quedó desconcertado por la decisión del hermano menor, el que quiso irse por su cuenta, sentí el corazón del padre esperando que su hijo volviera.

Estás experimentando cosas similares, algunos sintiendo como padres, otros como hermanos. Otros como hijos pródigos,  no viviendo perdidamente, sino que en otra iglesia, algunos incluso sirviendo en un ministerio, algunos incluso fundando otras iglesias, pero amparados sólo por la voluntad permisiva de Dios y prosperando bajo ella,  pero otros viviendo con el desencanto por la vida eclesial, desencantados por cómo se tratan sus otros hermanos, llegando algunos a rebelarse contra todo lo que sea y huela a  iglesia.  Y los tiempo se hacen difíciles, no cabe duda que Cristo viene, pero antes, y lo que tengo claro, que también es el tiempo para que regresen al hogar.

Tal vez,  algunos nunca vuelvan a la iglesia que asistes por las responsabilidades adquiridas en otra, pero es necesario que padre e hijo, hermano con hermano, vuelvan a abrazarse, pedirse perdón por haberse ido de la casa con actitudes contrarias al amor fraternal. Otros necesitan regresar a casa, despertar de su letargo,  y levantarse de entre los cerdos (además que ahora son portadores de más enfermedades); no la deben estar pasando bien, se sienten solos y sin nadie que les tienda una mano, como cuando se la daban en casa.

Necesitas reconciliarte con tus anteriores pastores o líderes, o con esos hermanos contra los cuales tienes resentimiento, perdonar con el Perdón de Dios, que cubre multitud de pecados y ser libre de esos verdugos que quieren ejecutar la justicia de la Ira. El corazón del  padre se está volviendo al del hijo  y el del hijo hacia su padre. Determínate hoy a volver a tu hogar,  a la comunión con tus hermanos, nadie te  reclamará por tu anillo, calzado o nuevos vestido. Dejando atrás el pasado, celebraremos  desde este presente y hacia el futuro, el incondicional Amor del Padre que fiel permanece a nosotros.

Hermano, vuelve con nosotros, te extrañamos…

Atentamente,

El hermano del hijo pródigo.

Un pensamiento en “Hermano, vuelve con nosotros…

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