Blogs con el Síndrome de la “cuatro dientes”

Dios nos libre de enfermedades, y a nuestros blog también. Hace un tiempo que comenzó cual “gripe porcina”, el Síndrome de la Cuatro dientes, poco a poco crece y se transmite de mano en mano, ojo en ojo, letra por letra, especialistas creen que debido a la mutación que ha experimentado, hara colapsar las mentes, hasta que cuando la copucha llegue al climax del crecimiento, haga pum!

“la copucha, la copucha, la copucha va creciendo,

la copucha, la copucha la copucha reventó… Pum!”

Y  nos reímos a carcajadas de cada cosa que esta humorista presentaba en la escena de algún festival o programa de televisión de los días sábados. Todo dentro del marco de la ironía, no hacía sino dar a conocer el fiel reflejo de una fantasía de rumores, con picardía, y la aquisciencia de las “víctimas” de esta singular copucha estampada en un papel de cuaderno bien arrugado, abierto con celo y con esa sutileza de quien cuenta un… chisme.

Pero la “copucha” no es un término que derrepente apareció en la televisión y que obviamente vinculamos con el chisme, en Chile al menos, es común oir en los negocios o quioscos “Tengo una tremenda copucha sobre la vecina de al lado”, “la mujer de mi amigo es bien copuchenta” (y el esposo también), “cuando no estoy, te la pasas copuchándome”. Una versión dice que la palabra viene del mapudungun “puchuchu” que es una bolsa de cuero de la vegija de un animal para guardar manteca, y otra, al parecer más adecuada, a “copa” y se refiere a las conversaciones que se sucitan después de un par de tragos de vino.  Yclaro, no falta que quien oye el rumor del notición, lo propague de boca en boca, de foro en foro, de blog en blog. Y entonces, cuando nos rodeamos de rumores, copuchas, noticiones, entramos en la decadencia de la comunicación, la vulgarización de los contenidos, y la “farandulización” de la vida de vecindad.

Se que ud. está cansado, al momento de buscar información cristiana dentro de la red, se encuentre con decepcionantes titulares en rojo y destacado con fotos de variados formatos,  aparecen “los reporteros de la fe” divulgando con un  morbo  que sobrepasa lo perverso, que un amigo en la fe, líder, lo que sea, cometió adulterio. Es que con eso nos desayunamos, almorzamos y cenamos, y nos alcanza para el otro día. Luego, los “especialistas” y “comentaristas de espectáculo cristiano” entran casi inconcientemente en el juego de la “opinología”, síntoma de que el Síndrome está en su etapa más purulenta. Y además de terminar difamado el susodicho,  el juicio público extiende sus inmisericordes manos para meter en el saco a todo lo que se denomine evangélico, cristiano, lo que sea.

El síndrome está extendiendose como pandemia, suele manifestarse además con los síntomas de “ir de iglesia en iglesia”, fiebres de anarquía congregacional, y sarpullidos hipersectarios  en pro de la emancipación del liderazgo. En el pasado, cuando no había internet se usaba el telefono, conversaciones a hurtadillas en el hall de un templo, o en reuniones secretas de opinología cristiana, con un café en el living de una casa. El virus de este Síndrome, hace décadas mutó, y sus víctimas ahora son los que usan un teclado y desean con ímpetu idealista, cambiar las cosas como se presentan en el mundo religioso, político, secular, etc.

Corres peligro, basta mirar un poco para ser afectados, y peor si te relacionas con quien está en ese estado de purulencia, pues basta una palabra para que te siembren amargura.Evita cualquier blog que desarrolle la “opinología” sobre otras personas, es crucial que si pasas por casualidad por uno de esos te desinfectes la mente con oración y la meditación de las Escrituras, no dialogues en lugares infectados, pide al Espíritu Santo que ponga en cuarentena a los afectados, y ruega a Dios para que la copucha no entre a tu casa, iglesia, célula, amigos, confiamos en que esta plaga de los ultimos tiempos no nos afectará, y más aún retrocederá a favor de la Misericordia y Santidad. Que la justicia del adultero y fornicario, la haga Dios, no pongas una condena sobre una vida  arrepentida que ha sido absuelta por la Gracia, pues entonces por el mismo juicio que empleas,  y sin que nadie te apunte con el dedo,  serás condenado a pasar en una “eterna cuarentena”.

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