Meditando en el día de la crisis económica del derredor.

Fragmento del libro El Precio de La Gracia, Dietrich Bonhoeffer, sobre “la sencillez de la vida sin inquietud”

La vida del discipulo se acredita en el hecho de que nada se interponga entre Cristo y él, ni la ley, ni la piedad personal, ni el mundo. El seguidor no mira más que a Cristo. No ve a Cristo y al mundo. No entra en este género de reflexiones, sino que sigue sólo a Cristo en todo. Su ojo es sencillo. Descansa completamente en la luz que le viene de Cristo; en él no hay tinieblas ni equívocos. Igual que el ojo debe ser simple, claro y puro, para que el cuerpo permanezca en la luz, igual que el pie y la mano sólo reciben la luz del ojo, igual que el pie vacila y la mano se equivoca  cuando el ojo está enfermo, igual que el cuerpo entero se sumerge en las tinieblas cuando el ojo se apaga, lo mismo le ocurre al discipulo, que sólo se encuentra en la luz cuando mira simplemente a Cristo, y no a esto o aquello; es preciso, pues, que el corazón del discípulo sólo se dirija a Cristo. Si el ojo ve algo distinto de lo real, engaña todo el cuerpo. Si el corazón se apega a las apariencias del mundo, a la criatura más que al creador, el discípulo está perdido…

… ¡ No os preocupéis! Los bienes engañan al corazón humano, ofreciéndole seguridad y quietud; pero, en realidad, son causa de preocupación. El corazón que se apega  a los bienes recibe con ellos el peso agobiante de la preocupación. La inquietud se crea tesoros; los tesoros, a su vez crea preocupaciones Queremos asegurar nuestra vida por medio de los bienes, queremos desembarazarnos de preocupaciones por medio de preocupaciones; en en realidad se produce lo contrario. Los lazos que nos vinculan a los bienes, que retienen a los bienes, son ellos mismos… preocupaciones.

Abusar de los bienes consiste en utilizarlos como una seguridad para el día siguiente. La preocupación se dirige siempre al mañana. Pero los bienes, en sentido estricto, están destinados únicamente al día de hoy. Precisamente el hecho de asegurarme el mañana es lo que me vuelve tan inquieto para hoy. Cada día tiene bastante con su inquietud. Sólo el que pone el mañana sin reservas en las manos de Dios y recibe hoy sin reservas lo que necesita para vivir, está realmente asegurado. Pensar en el mañana me ocasiona una inquietud incesante. “No os preocupéis por el día de mañana”. Esta frase, o bien contiene una ironía terrible con respecto a los pobres y miserables a los que Jesús se dirige precisamente, con respecto a los que, humanamente hablando, pasarán hambre mañana si no se precupan hoy… insistamos, o bien esta frase constituye una ley insoportable que el hombre rechazará con repulsión, o bien es el anuncio único del evangelio, del evangelio de la libertad de los hijos de Dios, que tienen un Padre en los cielos, un Padre que les ha dado a su amado Hijo ¿Cómo no nos dará con él todo lo demás?…

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