Siempre ha estado ahí.

Estaba en el laboratorio de mi colegio y comenzaba a maravillarme como tantas cosas suceden en un vaso precipitado con agua al exponerlo al fuego de un mechero o a ciertos compuestos que provocaban reacciones efervescentes o cambios de colores. A veces mi tentanción iba mas allá por mezclar más cosas y tranformarme en un Pierre Curie chilensis.

Dos atomos de hidrogreno y uno de oxígeno siempre han estado ahí y solo cuando me enseñaron porqué el agua es agua logré descubrirlos, porque siempre abría la llave y veía como fluía ese componente saciador de tardes de juegos y sustento de mi entonces Jugo Yupi de naranja o frambuesa y nunca pretendi ir más lejos que saber que eso que moja se llama agua.

Así entonces, casi en los rudimentos de la vida y la fe, hay sustratos, elementos que sustenta el cuerpo y el alma, una sonrisa es más que extender los labios hacia arriba y al lado de nuestras mejillas y poner nuestros ojos como orientales, no solo late el corazón más rápido o los pulmones se llenan con más aire, hay un alma que se agita y un espíritu que se desencaja de la razón natural. Así entonces, cuando pensamos en el Vida, solo sabemos que ella nos hace diferente de lo inherte, es ella la que nos impulsa a iniciar el día y creer en lo más trascendental, está ahí desde siempre, y quizás cuantos han intentado ponerla en un microscopio para saber de que está hecha.

Está la muerte, pero analizada y todo nunca se ha logrado determinar con precisión cuando el alma y espíritu se “despega” del “finado”, solo teorizando en base al último exhalar del que agoniza. Lo único claro que el hombre común tiene, es que la muerte siempre ha estado ahí, detrás de un árbol de frutos engañosos, y detrás de un lengua siniestra.

Sabemos que Dios siempre ha estado ahí, o aquí, pero cuando me preguntan si alguna vez sentí su abrazo aprentandome a su pecho con ese amor entrañable que nos deja casi sin aliento,  solo sé que cuando mis padres me reciben cada fin de semana  Dios también está en  cada parte de sus brazos impulsados a decirme te amo sin palabras, y cuando duermo y apenas mi conciencia percibe el ruido de la calle,  por convicción sin base científica creo que está ahí,  y cuando deseo que la ciencia de los sueños se aplique, su mano como la de mi papá se posa sobre una de ellas al final de un delicioso viaje al valle de las “ovejitas voladoras”, y por unos segundos en tiempo irracional, reconfirmo que siempre estuvo ahí, creyendo y experimentando.

Siempre hubo agua, solo que no nos habiamos dado cuenta hasta que fue separada de la tierra, y solo cuando supe que tenía óxigeno e hidrógeno se hizo la realidad “más real”, necesite de microscopios, de la experimentación y comprobación proactiva de cada fenómeno posible con este sencillo compuesto. Dios incluso puede ser analizado en grandes laboratorios, emprender incursiones espaciales para ver si la Vida existe más allá, en el vacío espacial, y como en el principio, lograremos experimentar con el sentido de lo palpable y de una “correcta locura” como el Espíritu se mueve sobre la faz de las cosas, reconocer en las sutilezas de una vida mas contemplativa que Él ha estado siempre ahí, nos hayamos dado cuenta o no.

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