“Y compón una parábola…”

Ezequiel 17:2: “Hijo de hombre, propón una figura, y compón una parábola a la casa de Israel”

Estoy seguro que cuando nos enteramos de las versiones oficiales de los cuentos de los Hermanos Grimm la sensación de decepción fue sutilmente importante en el lado lúdico de cada uno, en particular sobre la Caperucita Roja y demases. Sin embargo sus historias nos hicieron transportarnos con la imaginación a reinos encantados, casas de chocolates, con paladines, hadas, trasgos y duendes.

Parte de la cultura cristiana clasifica dichas historias como verdaderos tratados satánicos, porque aparecen personajes que aluden a lo oscuro, la magia, dragones, etc. sin considerar si dejan o no una enseñanza. Hoy en día la literatura fantástica acumula siglos de desarrollo de las mitologías y leyendas, y creaciones que no dejan de sorprendernos, más de alguno habrá leido los Libros del Señor de los Anillos o Las Crónicas de Narnia, y sin sorprendernos averiguar del transfondo de sus autores nos lleva a conocer que eran cristianos. Entonces algunos entran en juicios  valóricos absurdos que lo único que logra es denigrar las artes y la literatura como medios para promover los más altos principios de Dios.  Es que la literatura fantástica de TIm LaHaye no encierra toda la imaginería de lo que debiera ser la novela o el cuento.

Claro que la Biblia prohibe las prácticas mágicas, pero no prohibe la imaginación ni la fantasía para crear arte (creación de cuentos con elementos fantásticos o la predestigitación), Jesucristo la usó para enseñar sus verdades, y entre sus personajes tiene un juez, muertos, virgenes, hijos que se comportan como bastardos, asesinos, etc. Dios mismo instó al profeta Ezequiel que creara una parábola, nacida del intelecto del mismo e inspirada por la unción, para que con ella la profecía fuera impartida con claridad.

Y por supuesto que es lo que promuevo en el colectivo artístico en  el que participo, una de mis alumnas tuvo uno de esos sueños al puro estilo “narniano”, lo plasmó en un cuento, participó de un concurso de literatura de la Municipalidad de Quinta Normal y obtuvo el primer Lugar. Emplea un lenguaje propio del género “cuento de hadas”, presenta verdades divinas y alegorías sobre el estilo de vida, de una realidad espiritual que está incidiendo en miles de personas hoy en día, y presenta la victoria de la Virtud sobre la torcida manera de vivir.  Implícitamente aparecen personas que podrían representar fácilmente carácteres de herman@s  dentro de la iglesia. Si viste las películas aludidas, este es un cuento recomendable, antes de dormir te invito a que sueñes despierto, suelta la imaginación,  y viaja a tierras fantásticas donde verás que nuestro Dios también es Dios de “Los Fabricantes de Estrella”

LOS FABRICANTES DE ESTRELLA

por Susana Pineda Salazar


He habitado toda mi vida en el Reino de Quinta Normal y siempre ha sido un lugar mágico, cada vez que veo las estrellas en el cielo mi corazón se llena de esperanza. Y pensar que en algún momento desaparecieron, sí, vivimos un tiempo con nuestro cielo sin estrellas, quedando tan oscuro como la cueva donde vivían sus exterminadores.

Al principio eran 3 pequeñas bestias a las que nadie les temía pues eran débiles y lo seguirían siendo mientras los quintanormalinos viviéramos en armonía con el Reino. Estas 3 bestias se alimentaban de vicios, delincuencia, mediocridad y antivalores, justamente esos eran sus nombres. Sin embargo, algunos habitantes del hermoso Reino de Quinta Normal comenzaron a alimentar a las bestias, en muy poco tiempo Vicio-delincuencia, Mediocridad y Antivalores se hicieron muy fuertes y poderosos. Como la esencia de éstos era oscura y sus estómagos extremadamente grandes, comenzaron a comerse las estrellas del cielo y con ellas se tragaron los sueños de muchos incluyendo los míos.

Por mucho tiempo estas bestias sometieron y atemorizaron a toda las criaturas del Reino y convirtieron a aquellos que los alimentaron en sus esclavos, mientras muchos observábamos en silencio el cielo vacío y los ojos sin vida de muchos amigos de niñez, compañeros de juego.

Vicio-delincuencia era una especie de dragón con 2 cabezas: por una de ellas lanzaba llamas de fuego que quemaban las neuronas de cualquier ser que se acercara, les quitaba la voluntad y la dignidad. La otra cabeza daba las órdenes, era exigente pues sabía que aquel ser era ya un servidor de sus fechorías.

Mediocridad prefería atacar niños, jóvenes y en especial mujeres. Era una serpiente gigante que enrollaba a sus víctimas y luego devoraba sus manos, no conforme con eso, enterraba los colmillos en su presa succionando toda clase de sueños.

Antivalores atacaba a quien fuera, era una gigantesca rana, pegajosa y de muy mal olor. Esta bestia eructaba sobre su futuro esclavo, era un soplo de malos modales, inconciencia ecológica, violencia y groserías.

Ya la mitad del Reino era esclavo de las bestias, el resto vivíamos con miedo, escapando, ocultándonos, se perdió incluso la amistad entre vecinos, ya nadie ayudaba a nadie, cada uno se las arreglaba como podía. A pesar del individualismo en el que comenzamos a vivir, bastó solo un llamado del Caballero Fortachón para reunir un ejército de valientes que quisiera luchar contra las bestias. El llamado fue claro, “solo varones fuertes”. El Caballero Fortachón era algo soberbio, era tan bueno en el arte de la lucha, controlaba y conocía cada movimiento de sus brazos y piernas, pero de su corazón no conocía nada.

Al llamado acudió la Princesita Valiente, que era una doncella con la misma fuerza que tenía el Caballero Fortachón en la manos, pero en el interior. El amor por las estrellas provocó en ella un desbordante deseo por ser una más de aquellos caballeros valiente que librarían al Reino de las garras destructoras de Vicio-delincuencia, Mediocridad y Antivalores. Sin embargo, el altivo Caballero Fortachón, no sin antes burlarse en forma desmedida, mandó a la Princesita a ponerse zapatitos de cristal y polvos en el rostro.

– Si no me recibe en su Orden de Caballeros, por lo menos facilíteme una armadura y una espada, para ir sola en busca de las bestias- dijo la Princesita.

Una explosión de carcajadas salió de boca del Caballero Fortachón.

Ja, ja, ja, ja eres más graciosa que el Payaso Hiperactivo, ese que nos divierte en los campamentos, tal vez puedes venir con nosotros… claro que en lugar del payaso ja, ja, ja.

Yo estaba ahí, también impulsada por el amor a las estrellas y por la no resignación a ver el cielo vacío. Aún no me había inscrito en la Orden y menos lo haría después de ver como el Caballero Fortachón se burló de la Princesita Valiente. Fue tanta mi rabia por aquel Fortachón soberbio que salí de entre la multitud en defensa de la Princesita, aunque ella no necesitaba ser defendida, ya que era muy fuerte internamente.

No pierda el tiempo con el Caballero Fortachón, que lo que usted tiene de valiente, él lo tiene de soberbio. No necesita más armadura que su valentía ni más espada que su amor por el Reino. No necesita corazas de hierro que esas cosas tan solo son evidencia de cobardía e inseguridad, son máscaras de carnaval – dije.

Tiene razón damita, mucha razón … ¿Quiere ser parte de mi ejército? Voy a luchar contra las bestias – dijo la Princesita y por supuesto yo no dudé en aceptar la invitación.

El Caballero Fortachón enmudeció unos segundos muy largos, en los que alcanzó a cantar varias veces el grillo. Luego, sin despegarnos los ojos de encima, mató el silencio con un grito que hizo continuar a los caballeros con la labor.

La Princesita y yo salimos de la Orden en silencio y lentamente, el camino estaba solitario, extraño porque era la mejor ruta para que los caballeros llegaran a las filas de Fortachón. De pronto un aire tibio nos envolvió, un aire iluminado y una voz que venía desde una araucaria nos detuvo diciendo – No teman, “soy el que todo lo ve”. En sus manos dejaré la Fórmula de las Estrellas, es la única arma para derrotar a las bestias.

Pero ¿por qué a nosotras? – pregunté.

No me gustan mucho las historias de personas elegidas – dijo la Princesita.

No son niñas elegidas, son ustedes las que eligieron…eligieron ser valientes. En la cima de mi voz, allí está, busquen – Sin dar más explicaciones, lentamente cesó el aire y la luz.

Allí estábamos, aún sin conocernos, sin ser amigas, desechadas de la Orden del Caballero Fortachón, unidas por amor al Reino y a sus desaparecidas estrellas y con un acertijo que nos entregó una araucaria en el camino. – ¿Qué hacemos?- dijimos al mismo tiempo.

En la cima de mi voz, allí está…- reflexionó la Princesita.

¿Cómo la voz puede tener cima?- pregunté

La del “que todo lo ve” sí, habló desde esa araucaria – y apuntó hacia arriba- ¡miré, tenemos que subir, parece una estrella enredada en las ramas!

Intentamos subir de mil maneras, hasta que me acordé de una Hada que vivía cerca de mi casa – No se preocupe Princesita, lo solucionaré, espere aquí – Y salí corriendo como una gacela por el camino de Carrascal, luego tomé la ruta Lo Espinoza, mi corazón parecía salir por mi boca, corrí, corrí, corrí, hasta que llegué. Sobre un árbol tenía su casa, apartada de las otras hadas burlonas, que no aceptaban a una “deforme” como ellas le decían. La Hada era diferente, sus alitas no nacían en su espalda sino que estaban en su cabeza, precisamente eran sus orejas, por eso su nombre era Hada Orejas Aladas. Compensó su tristeza coleccionando toda clase de joyas, las que la hacían brillar, pues por la soledad su rostro estaba apagado.

¡Hada, Hada por favor responda – parecía no estar.

¡Hada Orejas Aladas- insistí. Recordé su amor por las joyas y aquello que brillaba en las ramas de la araucaria.

¡Hada, encontré una joya, respon…- aún no terminaba de hablar cuando salió apurada

Vamos hay que ir de inmediato, dónde está, llévame, llévame, síii – me rogó. No había tiempo que perder así que comencé a correr y ella me siguió y en pocos minutos ya estábamos en la araucaria donde esperaba sentada sobre el césped la Princesita Valiente.

Es aquí Hada, pero antes debo explicarle algo. Lo que brilla allá arriba… no sabemos bien lo que es.

Tal vez es un prendedor o un anillo con diamantes – interrumpió el Hada.

No Hada es que en verdad no sabemos claramente qué es, lo que pasa es que la voz del “que todo lo ve” nos dijo que en esa cosa brillante está la única fórmula para derrotar las bestias- dije.

Y tu quieres que lo baje, es eso ¿verdad? – El Hada Orejas Aladas estaba muy enojada, sus cejas formaron una gran V peluda. La Princesita que era muy sabia se unió a la conversación diciendo:- De cierta forma es una joya, la joya que traerá la paz al Reino de Quinta Normal, es el diamante que más que brillar en tu dedo, te traerá la gratitud de todas las criaturas por haber participado de esta aventura- Poco a poco las cejas del Hada comenzaron a tomar su forma habitual y una sonrisa inesperada apareció en su cara.

Eso podría ser beneficioso, tal vez los habitantes de Quinta Normal estén tan agradecidos de mí que me quieran condecorar con joyas. Ji, ji, ji.- Y subió tan rápido que solo vimos el camino de polvos de hada que dejaron sus orejas al volar. Tomó aquella cosa brillante y bajó planeando con sus orejas extendidas. Una vez abajo pudimos ver que era un rollo que tenía un sello dorado en forma de estrella. Al romper el sello se desvaneció como escarcha, abrimos suavemente el rollo compuesto de dos hojas y comenzamos a leer.

Criaturas sobrenaturales todos son,

porque las manos del Creador

a su imagen los formó.

Una Estrella Madre deberán fabricar,

la cual hará nacer en ustedes muchas más.

Solo de esta forma a las bestias derrotarán

y la paz tan ansiada podrá regresar

al hermoso Reino de Quinta Normal.

La siguiente hoja decía:

Para fabricar la Estrella Madre deberán buscar: Un Do Re Mi de esperanza

Un Tejido de amor

Un Dulce de esfuerzo

-¡¿Eso es todo?! – dijo La Hada Orejas Aladas algo molesta. La Princesita Valiente respiró profundo, era otro acertijo. Estábamos como al principio, pero con un hada orejona que no dejaba de reclamar.

-Debemos partir ya, para quien no quiera venir , este es el momento de irse- dijo la Princesita.

Yo sigo- dije sin dudar.

Yo también, si hasta ahora no he ganado nada, no me pienso ir con las manos vacías – Dijo la hada. Y partimos sin saber hacia donde solo caminamos, caminamos y caminamos, discutiendo donde podría estar el Do Re Mi de esperanza. Mientras conversábamos recordé un anciano, Maestro de violoncello, “El Negro”, como le decía la damisela que lo acompañaba.

Él enseñaba a todas las criaturas que quisieran acercarse a la música.

Propuse que fuéramos a su casa. Tomamos un camino que se llama Ayuntamiento, no recordaba exactamente cual era su morada, pero estaba segura que lo encontraríamos porque oiríamos la voz madura de su violoncello.

De pronto comenzamos a oír una melodía, sonaba como un clamor: La, la, mi, mi, fa, fa, mii, re, re, do, do, si, si, laa. Eran las notas que daban vida a la canción Estrellita dónde estás, quiero verte cintilar, era lo que todos los quintanormalinos queríamos “ver las estrellas en el cielo, no en los estómagos de las bestia”s.

Entramos a la casa, la puerta estaba entre abierta y el Maestro tan inspirado que hubiera sido pecado interrumpirlo. De repente la magia comenzó a fluir de entre las cuerdas y el arco, eran notas musicales que volaban como mariposas. Ya cuando terminó la pieza las notas eran numerosas revoloteando por todos lados. Saludé al Maestro , presenté a mis compañeras y dije:

Maestro, estamos aquí porque el Reino lo necesita, queremos terminar con las bestias.

¿Cómo puedo ayudar?

Necesitamos un Do, Re, Mi de esperanza- Dejó su instrumento a un lado y fue por una cajita de madera. Tomó 3 notas voladoras y las puso dentro. Se las entregó a la Princesita diciendo:

Aquí está, un Do, Re, Mi de esperanza para el Reino- La Princesita puso la caja en su bolso junto a los rollos y nos despedimos agradecidas.

Ya fuera de la casa respiramos profundo un aire de satisfacción, respiración que interrumpió la Hada diciendo: -Pudo haber decorado la cajita con unas perlitas.- Nos miramos con la Princesita y simplemente nos reímos. La Hadita era encantadora a pesar de sus comentarios y sus cejas en forma de V peluda.

Aún nos faltaban 2 componentes más para fabricar la Estrella Madre. El siguiente era un Tejido de amor. ¿Hacia dónde vamos ahora? Era la gran pregunta y mientras nos poníamos de acuerdo, de entre unas ramas apareció una especie de castor vestido de payaso que corría, caía, saltaba y hacía piruetas. Al principio muy simpático, pero luego, cuando nos dimos cuenta de que no paraba nos comenzamos a ¡huich! desesperar.

-¿Quién eres? –preguntó la Princesita.

-Soy el Payaso Hiperactivo.

-¿No que entretienes a los caballeros en sus campamentos?

-Se cansaron de mí y me corrieron.

-¿Quizás por qué?- dijo irónicamente la Hadita mientras yo por dentro rogaba para que a la Princesita no se le ocurriera invitarlo, pero mis ruegos no fueron escuchados.

Mil veces tuvimos que oír el chiste del perrito que se llamaba torta y que lo atropellaron y quedó la crema; le pedía prestadas las orejas al Hada para abanicarse el calor y desde entonces las cejas de la Hadita fueron una V ultra peladísimas y permanente. En una ocasión tomó los rollos del bolso de la Princesita y se los puso como binoculares diciendo ser Wall-e. Por supuesto no los daño.

-Así que hay que buscar un Tejido de amor- dijo el Payaso Hiperactivo como para arreglar su error, pensé que hablaba en serio – ¿Servirán mis calzones? Ja, ja, ja.

Quedé paralizada cuando oí decir a la Princesita:-Talvez ¿dónde los conseguiste?

-Las tejedoras del Reino me los hicieron.

-¿Puedes llevarnos?

-En brazos, no puedo, menos a ella que está bien gordita- y me apuntó.

-Me refiero a que si nos puedes guiar.

-Por supuesto, mi Princesita. Lo seguimos y tuvimos que aguantar una seguidilla de bromas y chistes desagradables, solo por las estrellas, solo por la paz, decía mi corazón.

Al fin llegamos, era una casita mononita, habían varias señoras que tejían bufandas. Las prendas se esparcían por la habitación como ríos.

El Payaso nos presentó y la Princesita les explicó todo. Esa noche nos quedamos a alojar, ya que ellas, muy amablemente, nos ofrecieron su casita y comida caliente. Además debíamos darles tiempo para el Tejido de amor que necesitaba el Reino.

Esa noche la Hadita se encontró con sabanitas cortas, adivinen quien fue… Al día siguiente un rico desayuno nos esperaba en el comedor y seguido al banquete, la tejedora líder nos entregó una manta hecha a crochet, que parecía el mismísimo cielo estrellado.

Guauuu- dijimos en coro, la única voz desafinada era la del Payaso, porque era payaso.

La Princesita puso el segundo componente de la Estrella Madre en su bolso y luego nos despedimos agradecidos besando las manos de la Tejedora Líder. Esperaba el comentario de la Hadita, pero no dijo nada, creo que el Payaso la estaba enfermando.

Tomamos una ruta desconocida para los cuatro y de pronto la Princesita dijo:- Algo no anda bien.

-Será la Hadita que tiene las patitas chuecas- dijo el Payaso.

-Hablo en serio Payasito.

Un gemido a un lado del camino lo confirmó, algo no andaba bien. La Princesita no tenía una pizca de miedo, se notaba en sus ojos, en cambio el Payaso paso de chistoso a miedoso, dio un salto quedando en brazos de la Hada Orejas Aladas. En ese momento me dí cuenta que aquel ser gruñón y con cuerpo frágil era en realidad muy fuerte. Yo tenía un poco de temor, a lo inesperado, a lo desconocido, pero seguí a la Princesita Valiente. Cada vez que nos acercábamos a los matorrales eran más fuertes los lamentos. La Princesa tomó una rama del suelo y abrió los arbustos para que yo, que era más alta, viera al dueño del dolor. Estiré mi cuello lo más que pude y mis cejas se corrieron dando espacio a mis ojos, que se levantaron como nunca. ¡Santo Dios! Era el Caballero Fortachón que estaba muy mal herido.

¡No teman, es Fortachón!- dije a mis compañeros para calmarlos un poco- Debemos ayudarlo.

Entre los cuatro lo tomamos y lo llevamos a un lugar muy escondido, que conocía la Hadita. Había que alejarse, si el Caballero Fortachón estaba en esas condiciones quería decir que las bestias estaban cerca. No nos dimos cuenta cuando ya había atardecido.

La Princesa dio una misión al Payaso Hiperactivo, juntar leña para una fogata nocturna, mientras que al Hada Orejas Aladas le encomendó la tarea de buscar agua y hierbas para curar a Fortachón, a mí me pidió que buscara comida. Ella se quedaría quitándole la armadura al Caballero. La Hadita preparó un ungüento con unas hojas extrañas y las puso sobre las heridas del Fortachón, las que anteriormente habían sido limpiadas por la Princesita Valiente, debió dolerle aquella poción, pues llegó a saltar el pobre.

El Payaso Hiperactivo ya había encendido la fogata y estaba a un costado amarrando unos palitos, parecía muy entretenido e inspirado. Yo preparé la comida, o mas bien, lavé y quité la cáscara de los frutos que conseguí en los árboles cercanos, ya que la Princesita nos sugirió no alejarnos. De pronto Fortachón comenzó a balbucear palabras, nadie entendía qué decía. La Hadita le dio agua y agitó sus orejas sobre la cabeza del Caballero, que poco a poco comenzó a abrir sus ojos y a pronunciar mejor.

Fortachón nos dijo que toda la Orden de Caballeros había sido atrapada por las bestias, les tendieron una trampa y ellos no lograron hacerles ni un rasguño. Sólo liberaron al Caballero Fortachón no sin antes golpearlo para que sirviera de advertencia a cualquier valiente que se atreviera a exterminarlos.

Fortachón lloraba y mi corazón se conmovió; busqué mi pañuelo y sequé su rostro, luego guardé sus lágrimas como un tesoro, eran las lágrimas de un Caballero, no de un Caballero Fortachón soberbio sino de uno ya sin armadura.

Aquella noche fue diferente, aquella noche me di cuenta que algo en ellos era diferente: la Hadita había atendido a Fortachón sin reclamar; el Payaso Hiperactivo hizo la fogata responsablemente y no nos incendió como esperábamos, incluso , cuando nos sentamos alrededor de la fogata pidió disculpas al Hada por haberla molestado y le entregó una estrellita hecha con los palitos con que se entretuvo por la tarde. Pensé que la Hadita no la recibiría, pues sólo usaba joyas costosas, pero me equivoqué. Muy agradecida sacó de su collar una perla que gentilmente regaló al Payaso y en su lugar puso la sencilla estrellita.

La Princesita Valiente le contó toda nuestra aventura al Caballero Fortachón, quien humildemente pidió integrar nuestro grupo. La Princesita le dijo que no era necesario pedirlo porque era parte de esta historia desde el principio. Luego sacó un cuaderno y un lápiz de su bolso y me lo entregó diciendo:- Por favor, encárguese de escribir aquí todo lo sucedido en nuestra aventura como Fabricantes de Estrellas.

Para mí era difícil porque no escribía más o menos desde que las estrellas estaban en los estómagos de las bestias, sin embargo, aquel gesto de la Princesita me dio la inspiración para comenzar de nuevo y lo hice de inmediato, como hambrienta. Necesitaba ver letras tomadas de las manos jugando sobre el cuaderno, necesitaba un lápiz como puente entre mi alma y el papel.

Esperamos dos días completos para que Fortachón se recuperara, y continuamos nuestro camino en busca del último componente para la Estrella Madre, un Dulce de esfuerzo. Como de costumbre, todos dimos ideas mientras caminábamos, sólo Fortachón permanecía callado, como flotando en el pasado, la Princesita se dio cuenta y acercándose le preguntó muy suavemente si todo estaba bien. Fortachón reaccionó y nos contó que su mamá hacía dulces, los que luego vendía. Lo hizo toda su vida sin pausa para poder costear su preparación en la Escuela de Caballeros del Reino. Le dio pena recordar que jamás volvió a visitar a su mamá ni para darle las gracias, pues desde que se puso la armadura comenzó a sentir vergüenza por su familia.

El Payaso se acercó y le dijo:- Nunca es tarde, podemos ir ahora.

Fortachón, mirando el cielo dijo:- Ya es tarde, mi madre murió hace varios años.

Lo sentimos- dijimos en coro y hasta el Payaso sonó afinado.

Recuerdo que cuando niño me gustaba ayudarle, hacíamos las galletas de los alfajores y luego ella los rellenaba con manjar, el manjar más dulce de todos, me dejaba bañar los alfajores en el chocolate.

Fortachón sabe hacer alfajores- dijo algo sorprendido el Payaso.

Los hacía cuando niño- respondió, sonrojado, el Caballero.

No está prohibido volver a sentirse niño, dejar la espada a un lado para hacer los alfajores que hacía con su mamá- dijo la Princesita Valiente.

¿Qué tal si vamos a la casa de su mamá, buscamos la receta y hacemos los dulces que con tanto esfuerzo consiguieron cumplir su sueño de ser caballero? – dijo la Hadita, dejándonos a todos con la boca abierta, no podíamos creer que un comentario tan hermoso pudiera salir de ella, pero a medida que la íbamos conociendo nos sorprendía más, la Hadita estaba recobrando su brillo.

¡Vamos!- respondió muy entusiasmado el coro.

El Caballero Fortachón nos guió a su antigua casa, quedaba al final de un camino llamado Lazo de la Vega. La casita estaba en muy buen estado a pesar de estar deshabitada largo tiempo. Fortachón abrió la puerta casi sin forzarla.

La Princesita Valiente y yo nos dedicamos a limpiar, mientras que el Payaso y la Hadita reunieron los ingredientes para los dulces; Fortachón buscó los utensilios que usaba su madre.

El rostro de Fortachón cocinando era como el de un niño en un columpio, de un niño que quiere compartir su columpio, porque nos invitó a cocinar a todos. El Payaso era el encargado de revolver el chocolate, la Princesita rellenó los alfajores, Fortachón sumergió las galletas rellenas en el lago dulce de recuerdos, la Hadita batió sus orejas para enfriar el chocolate y yo los envolví en papel brillante.

Volvimos a sentir lo que se siente al hacer una tarjeta para el día de las madres, o al pintar una figurita de yeso, o al moldear animalitos con plasticina. Y es que no nos damos cuenta cuándo y por qué dejamos de hacerlo, cuándo y por qué. Pero como nos dijo la Princesita Valiente no está prohibido sentirse niño.

Envolví e último alfajor enfriado por las orejas de la Hada y los puse dentro de una cajita de cartón, bien ordenados, eran exactamente 6 alfajores. Fortachón tomó la caja y repartió el tesoro, quedando sólo uno dentro, luego tapó la caja. Nos reunimos en un círculo para probar los dulces, queríamos estar todos juntos para degustarlos, juntos como cuando los hicimos. Y al primer mordisco el coro cantó:-Mmmm.

Estaban realmente deliciosos, nunca antes había probado alfajores tan buenos, eso que en mi vida había comido muchas galletas y pasteles. Creo que todos sentían lo mismo porque al mascar otra vez el coro volvió a cantar:-Mmmm.

De pronto la caja que contenía el último alfajor pareció explotar y una luz con fuerza desde su interior hizo volar la tapa de cartón. Ahí estaba, frente a nuestros ojos el tercer componente para la Estrella Madre. Era la antigua receta de una mamá esforzada, hecha por las manos de: un Caballero Fortachón sin armadura, un Payaso Hiperactivo, una Princesita Valiente, una Hada Orejas Aladas y una Niña en busca de sus Sueños Perdidos.

La Princesita tomó el Do Re Mi de esperanza, y el Tejido de amor de su bolso; y los puso junto al Dulce de esfuerzo. Un remolino azul nos envolvió a todos, se estaban mezclando los ingredientes y nosotros estábamos en medio, volando con millones de partículas de estrella. En medio de la licuadora mágica se abrió el bolso de la Princesita Valiente y el remolino azul comenzó a entrar en él, no sin antes aterrizarnos suavemente.

En el bolso estaba la Estrella Madre que vencería a las Bestias. No había tiempo que perder, nos tomamos de las manos y nos encomendamos al Creador, aquel “que todo lo ve”. Nos dimos un solo gran abrazo en el que la Princesita dijo:- No se irá nadie de este Mundo sin ver nuevamente las estrellas en el cielo. Y nos fuimos en busca de Vicio-delincuencia, Mediocridad y Antivalores.

Llegamos a las afueras de la cueva donde yacían encadenados los 150 Caballeros de Fortachón. Nos ubicamos los 5 a varios metros de la cueva, la Princesita nos miró como agradeciéndonos y despidiéndose, nadie sabía lo que pasaría y en silencio avanzó. Se detuvo en medio de nosotros y la cueva y se oyó su voz llamando a las bestias por su nombre, las que una a una salieron, más horribles y grandes que nunca.

-¿Quiénes son?- dijo Vicio-delincuencia.

-Somos los Fabricantes de Estrellas, somos portadores de luz y magia; y venimos a liberar el Reino de Quinta Normal de sus abominaciones.

A ver, 1, 2, 3, 4, 5 contigo chiquilla piñufle. No pudieron con nosotros esos 150 Caballeros con espadas y lo hará una debilucha como tú acompañada de un bufón, un murciélago, una gorda en blanco y negro y un estropajo porfiado, más encima sin armadura. A ese ya le habíamos advertido que no volviera- y apuntó al Caballero Fortachón.

La Princesita volvió a decir:- Somos los Fabricantes de Estrellas, somos portadores de luz y magia- su voz sonó poderosa, tanto así que Mediocridad y Antivalores retrocedieron.

Luego, envuelta en el mismo poder, la Princesita Valiente abrió su bolso y dejó salir la Estrella Madre en su remolino azul, que hizo estallar a Vicio-delincuencia con un golpe de luz, liberando así las estrellas que estaban prisioneras en su enorme estómago. Luego la Estrella rompió las cadenas de los Caballeros y volvió al cielo con las demás.

La Hadita y yo corrimos a ayudar los caballeros que debían ponerse en pie cuanto antes. Fortachón y el Payaso corrieron a hacerle frente a las bestias para que no atraparan a la Princesita que aún permanecía en medio, pero rápidamente Mediocridad la envolvió. El Caballero y el Payaso lucharon con todas sus fuerzas para liberarla, sin embargo, un golpe inesperado de Antivalores dejó a los valientes en el suelo, pudiendo así arrastrarlos hacia la oscuridad de la cueva junto con la Princesita.

-¡Nooo!- gritamos desde las profundidades de nuestro corazón, fue un NO sangrante, un NO que nos arrancó la fuerza. La Hadita lloraba sin consuelo y yo no podía mantenerme en pie.

De pronto los Caballeros a quienes antes ayudamos nos comenzaron a levantar y de sus manos tomamos la fuerza que el grito nos arrancó. La Hada Orejas Aladas confirmó lo que estaba yo recordando diciendo:- No importa que tan grandes sean esas bestias, no son más poderosas que lo que nació en esta aventura- Y apretó con amor la estrellita de palitos que colgaba en su cuello -No son más fuertes que la amistad.

La miré a los ojos y comencé a recitar las palabras del rollo:

Criaturas sobrenaturales todos son

porque las manos del Creador a su imagen los formó.

Una Estrella Madre deberán fabricar- Y se unió la voz de la Hadita.

-La cual hará nacer en ustedes muchas más.

Sólo de esta forma a las bestias derrotarán

y la paz tan ansiada podrá regresar

al hermoso Reino de Quinta Normal.

Nos abrazamos y entramos a la cueva; la Hada brillaba sin piedras preciosas, sin oro, sin joyas, sólo con la estrella de palitos que le regaló su amigo Payaso. Yo, la niña en blanco y negro que buscaba sus sueños perdidos, poseía los colores del arco iris y letras danzantes en mi cuaderno, testimonio de una gran aventura como Fabricantes de Estrellas, una aventura que nos permitió crecer, conocernos y unirnos.

La luz y los colores que salían de nuestro ser nos permitieron ver a nuestros amigos encadenados dentro de una celda, tirados en el suelo, ni siquiera sabíamos si estaban con vida.

Las bestias gritaron al mismo tiempo- ¡¿Qué hacen?!

-Liberamos el Reino de sus abominaciones- respondió la Hadita.

-¡Oh qué susto! ¿Quién atacará primero: la gordita del cuaderno o tú, murciélago?- dijo irónicamente Mediocridad.

-Me muero de ganas de saber con qué nos derrotarán estas necias.

-Te derrotaré con el arma más poderosa, “sencillamente la amistad”- y lanzó la estrellita de palitos.

Antivalores la atrapó con su lengua de rana , la tragó y dijo:- ¿Eso es todo?

No eso no era todo porque aún faltaba mi arma. Saqué de mi bolsillo el pañuelo blanco que días atrás secara las lágrimas del Caballero Fortachón. Lo moví sobre mi cabeza.

A noo, este no es momento para bailar cueca- dijo Antivalores.

Sabe que la devoraremos, ¿no te das cuenta que se despide de sus amigos?- dijo Mediocridad y estallaron en risa, una risa asquerosa, una risa empapada en ignorancia.

-No me despido, pero sí bailaré después que desaparezcan – respondí- Mi arma contiene las lágrimas sinceras de un Caballero sin Armadura, mi arma contiene crecimiento, mi arma contiene verdad.

Lancé el pañuelo que pareció volar como una paloma blanca hacia la boca de Mediocridad, quien lo atrapó con su lengua de dos puntas y luego la tragó. Nuestra armas parecieron no dañar a las bestias, las que perdieron la paciencia y la cordialidad con la que nos habían tratado hasta el momento y comenzaron a dispararnos escupos. Le dije a la Hadita que se pusiera detrás de mí, yo usaría mi cuaderno como escudo.

La lluvia de escupos no paraba y nosotras sólo resistíamos al enemigo. De pronto Antivalores cayó al suelo dando un grito de dolor-¡Me quemo, me quemo!

-Eres un gallina- le dijo Mediocridad y continuó disparándonos, hasta que también cayó al suelo entre gritos dolorosos.

Las bestias explotaron como globos de cumpleaños. Una vez libres, las estrellas nos rodearon como luciérnagas agradecidas y luego salieron de la cueva para volver al cielo de Quinta Normal.

Los Caballeros fueron fortalecidos con la luz de las estrellas y luego corrieron al interior de la cueva. Con sus espadas abrieron las celdas donde estaban nuestros 3 amigos; sólo Fortachón estaba despierto, tratando de hacer reaccionar a la Princesita y al Payaso. La Hadita se arrodilló y moviendo sus orejitas besó la frente del Payasito, quien en vez de abrir los ojos asomó nuevamente sus dientes de castor. Uno de los Caballeros lo tomó en brazos y lo sacó de la cueva para atenderlo.

Fortachón intentaba despertar a la Princesita Valiente, que parecía dormir feliz y más hermosa que nunca. La Hadita y yo nos unimos a sus intentos, sin embargo, no pudimos despertarla.

No sabíamos qué hacer, estábamos paralizados. Decidimos sacarla de la cueva. En ese momento las estrellas comenzaron a titilar muy fuerte, parecían danzar, fue la danza del milagro que levantó el cuerpo sin vida de nuestra amiga, transformándola en una de ellas. La Princesita no se fue de este Mundo sin ver las estrellas nuevamente en el cielo, la Princesita se fue de este Mundo convirtiéndose en la estrella más brillante.

Fue así como volvieron la paz y las estrellas al Reino de Quinta Normal. Fue así como la Princesa Valiente, el Caballero Fortachón, el Payaso Hiperactivo, la Hada Orejas Aladas y yo aprendimos que las estrellas no solo están en el cielo sino que El Creador nos dio la Fórmula para poder fabricarlas.

Hoy no comparto tan solo una historia, hoy entrego al Cielo de Quinta Normal una Estrella,la que se unirá a muchas más que día a día fabrican los niños en sus escuelas, las enfermeras en el consultorio, el señor del almacén, la abuelita del club de tango, las señoras del centro de madre, el maestro del violoncello, el profe de football, la señorita de la Muni y tantos más.

Podemos decidir ser alimentadores de bestias o ser FABRICANTES DE ESTRELLAS.

(c) Usado con Permiso de la autora

Un pensamiento en ““Y compón una parábola…”

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