Rompe la Rutina, Toca la Viola

He comenzado con mis clases de viola, no solían llamarme mucho la atención los intrumentos con los que hay que percutir directamente a la cuerda, ni mucho menos esos que se tocan en orquestas y donde las partituras me parecen egipcio antigüo. Siempre admiré a quienes interpretaban a los grandes músicos en esas “liturgias” de teatro y auditorios varios, a los cuales dirijía mi vista con mirada dramática y concentraba mi oído samurai.  Comenzaré dentro de poco con la clave de Do.

La viola es un intrumento parecido al violín, algo más grande y de una sonoridad más grave, suave y de “un dulzor opaco”. Desde los origenes de la orquesta moderna (siglo XIX) a arrastrado un perjuicio en cuanto a la reputación, pues solía ser tocado por violinistas en decadencia. “No obstante ha ido ganado terreno hasta convertirse en el poeta de su grupo, asentado en la realidad de su magnífico cuerpo sonoro, el equilibrio entre el retumbante chelo y el, a veces, chillón violín. La viola empasta y da lección de sentido común.” (www.violaintrument.com)

Como que encaja justo conmigo, en la actualidad no suelo ser tan chillón ni agudo como un violín, ni tan grave como el chelo, y estoy siempre en esa conciliación que permita la armonía de las cosas, al menos cuando pienso en mi vida y en sus bericuetos aparentemente inconciliables. Es que cuando estamos sometidos  a ese “cancer” de la rutina, entonces la indiferente manera de vivir y la pérdida de los gustillos del pasar por esta tierra se nos transforman en el debate de lo que debemos hacer para mantenerno  y la calidad de cómo nos mantenemos para hacer lo que debemos o lo que queremos. Al menos eso sí lo he experimentado, y que deprimente es levantarse para ir a la Universidad.

Suelo oír aún, que la vida es como un ciclo, nacemos, comemos, hacemos, morimos, y despúes, en el caso del cristiano, tenemos una “eternidad ciclica adorando”, repitiendo aleluya, alzando manos, etc. Escucho incluso, como si fuera “una ley divina” que nuestra vida debe pasar por desiertos para luego ir a los valles y de ahí a las cumbres, para luego bajar nuevamente a los desiertos, ir a los valles y volver a las alturas, con esto entonces me pregunto si habré sido enseñado correctamente, pues entonces miro mis quehaceres diarios y veo lo mismo, levantarme para ir hacia las alturas, en este caso una altura con forma de trabajo, universidad, deberes domésticos, etc. para luego bajar al “desierto” o “valle” de mi cama… y no en vano aparecen los argumentos de que la vida así es demasiado aburrida; si un “hermano” escuchara esto diría: ore, medite, lea la Biblia, busque a Dios, seguramente tiene problemas espirituales, etc. Pero si ya estoy en esa búsqueda se supondría que la idea de lo cíclico se rompe absolutamente, un atleta jamás corre en círculos si no hay una meta, un stop, un break,  un superar un record, etc. y un sediento en estado salvaje jamás se queda quieto hasta encontrar el agua.

  Sí, es fácil ver este asuntito de los ciclos, aún en la liturgia de una iglesia por los domingos, cuando empiezan las oraciones con una siniestra intensidad, intentando llevar a las personas hacia las alturas de Dios en un carretón del siglo XIX siendo que en la reunión pasada el culto habia terminado en las mismas alturas a velocidad de la luz ¿Por qué entonces empezar de cero algo que avanzaba hace una semana a una velocidad maravillosamente vertiginosa?

Hace mucho que me transformado un inconformista de todo, es que una ensalada por más queso o tomate que ponga no sabrá más deliciosa si no le pongo antes azafran, y “chitas” que es caro la especie esa, pero juntando mi plata demás que lograré experimentar dicho placer. Es que una oración jamás será más intensa sin lágrimas que se derramen ante la Eternidad y la Vida y sin una risa casi “enloquecida” por un chiste que te contó Dios  en un día “cíclico” con pasos monótonos y respirar autómata.

Es que nadie quiere enfermarse de “este cáncer” que nos enveje antes de tiempo, entonces la determinación de subir por la Escalera de Jacob es de urgencia y de tratamiento inmediato. En lo cotidiano con mi nueva Viola y en lo trascendental con la creativa intensidad de mi Amor por Dios.

4 pensamientos en “Rompe la Rutina, Toca la Viola

  1. Uno de los dones más bellos es apreciar la música y más aún, tocar algún instrumento.
    Bien por ti.

    Estoy leyendo tu página, a veces sí a veces no, bueno, lo mejor es reconocer al otro como es.

    Un saludo y bendiciones en lo que intentas. Hasta el pan con cebolla es rico, solo si hay paz.

  2. Hola Toyita!
    Gracias por el post.
    Sí, pan con cebolla y paz!
    No hay nada como experimentar las bendiciones de Dios con una actitud contemplativa, y que bendita experiencia de entrar en esa contemplación sencilla por medio del arte!

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