“Para que todos sean una misma cosa…” CATENA AUREA DE JUAN 17:20-23

Se llama Catena Aurea la obra que resulta de recopilar escritos de los “Padres de la Iglesia”, siguiendo los textos completos de los Evangelios, a modo de exposición o comentario.

Los Padres de la Iglesia son aquellos que descienden espiritualmente de los primeros  apóstoles, discipulos de los discipulos de estos, y a modo de inspiración, para salir de la retórica contemporánea de los teologos de hoy, no nos haría mal leer aquello que motivó el desarrollo de la Iglesia, independiente de que actualmente el catolicismo se haya corrompido y el evangelicalismo esté pronto a vivir el cambio estructural más importante de la historia. Les invito a seguir la palabras de Cristo y replantearnos el pensamiento sobre lo que significa ser UNO en Cristo, lo triste es que los que se suponen saben más Biblia son los que más dividen la iglesia, y no porque su sabiduría no sea bíblica sino que las motivaciones del corazón para estudiarlas y enseñarlas están basadas en la envidia, orgullo y en la vanidad de sus propios razonamientos. Es tan raro ver como un “hermano” habla mal de otro hermano, como que Caín hubiera vuelto a la vida y se hubiera sembrado en aquellos que hablan mal de los pastores, líderes e iglesia.

“Mas no ruego tan solamente por ellos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que sean todos una misma cosa; así como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que también sean ellos una cosa en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos y tú en mí, para que sean consumados en una cosa, y que conozca el mundo que tú me has enviado y que los has amado, como también me has amado a mí”. (vv. 20-23)

San Agustín, ut supra

En lo que quiso designar como suyos, no sólo a los que entonces vivían, sino también a los venideros; y no sólo a los que viviendo oyeron a los apóstoles, sino a los que nacidos mucho después de la muerte de ellos hemos creído en Cristo. Porque los que vivieron con el Señor y le oyeron, predicaron a los demás. Y así su palabra llegó hasta nosotros y llegará a los que vendrán después, que han de creer en todo el mundo. Nótese que en esta oración no ruega por aquellos que a la sazón no estaban con El ni tampoco por los que estarán después, sino que ora por los que creyeron en El anteriormente. ¿Acaso estaban entonces con el Señor Nathanael, José de Arimatea y otros muchos de quienes dice San Juan que creyeron en El? Omito citar al anciano Simeón, Ana la profetisa, Zacarías, Isabel y Juan el Precursor, porque podría responderse que no debía pedirse por tales muertos, que habían salido de este mundo llenos de grandes méritos, lo cual puede igualmente decirse de los antiguos justos. Pero debe entenderse, que los apóstoles todavía no creían con la perfección que Cristo quería que creyeran en El; pero después de su resurrección, enviado el Espíritu Santo, instruidos y confirmados, creyeron como convenía. Mas nos queda por resolver la cuestión del apóstol San Pablo, que dice no fue hecho Apóstol por los hombres, ni por el hombre ( Gál 1,1); y el ladrón que creyó cuando en los mismos doctores desapareció toda fe. Por fin, concluye que entendamos lo que fue dicho “por la palabra de ellos”, lo que del mismo Verbo predicaron en el mundo. Se ha dicho, pues, “palabra de ellos” porque ya desde el principio y con mucha solicitud fue predicada por ellos, pues ya se predicaba en la tierra cuando, por revelación de Jesucristo, Pablo la recibió de ellos. Por esto el ladrón creía en la palabra de ellos. Aquella oración, pues, de nuestro Redentor fue por todos los que redimió, ya estuvieran vivos o ya hubieran de vivir después. La razón de rogar por ellos la expresó a continuación diciendo: “Para que todos sean uno”.

 

Crisósostomo, in Ioannem, hom. 81

Aquí pidió para todos lo mismo que arriba para los apóstoles, a fin de que todos (esto es, nosotros y ellos) seamos una misma cosa. Y así termina su oración, como la empezó; pues al principio dijo: “Os doy el mandamiento nuevo de que os améis los unos a los otros” ( Jn 13,34).

 

San Agustín, in Ioannem, tract., 110

Debe advertirse aquí con eficacia, que el Señor no dijo: “Para que todos seamos uno, sino “Para que todos sean uno, como tú Padre, en mí y yo en ti”. Se sobreentiende: Somos uno, porque así está el Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre, que son uno, pues son de la misma sustancia. Nosotros en verdad podemos ser una cosa en ellos, pero no con ellos, porque nosotros no somos con ellos de la misma sustancia. Así están ellos en nosotros o nosotros en ellos, para que sean uno en su naturaleza y nosotros lo seamos en la nuestra. Por tanto, ellos están en nosotros como Dios en el templo y nosotros estamos en ellos como la creatura en su Creador . Añadió, pues: “En nosotros” para que conozcamos que esto se nos concede, no por nuestros méritos, sino por una fidelísima caridad de la gracia de Dios.

 

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 81

Nada hay que escandalice tanto como la división, así como la unidad de los creyentes edifica para creer. Ya dijo al principio: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amarais mutuamente” ( Jn 13,35), pues si altercaren, no se llamarán discípulos del pacífico Maestro, pues no reconociéndome a mí como pacífico, no confesarán que tú me enviaste.

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s