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El color rojo, una flor, una sangre.

El color rojo, una flor, una sangre.

Recuerdo que al ser enseñado sobre la simbología de los colores de mi bandera patria se nos decía que la franja roja que abarcaba de lado a lado era seña del rojo del copihue (flor nacional) y de la Sangre derramada por los araucanos en la época de la conquista, pero también  podría ser seña de toda la sangre regada por españoles, criollos e indígenas en medio de guerras internas y las con potencias extranjeras.

Al hacer resaltar dichos emblemas, reaparecen los valores e ideales por los cuales nuestra República fue formada, y notamos como en medio de la belleza de una nación rica en productos y paisajes, aparece además las actitudes más aborrecibles frente a los Principios Más Altos. No hace muchos años seguían las disputas y desconsuelos por lo sucedido hacia el año 1973, pero paralelamente eramos informados de las rebeliones indigenistas, la lucha por recuperar las tierras usurpadas a la nación mapuche. Y más sangre se derramaba en medio de conmemoración de días como la del Joven Combatiente o el mismo 11 de Septiembre. Y la violencia generó mas violencia.

Pero de pronto, la naturaleza irrumpe de manera descomunal, y ya no es el hombre quien generó violencias, la misma tierra parecía matar a sus habitantes, muros caían sobre hombres, mujeres y niño, las olas del Pacífico arrastraron familias completas y construcciones quedaron reducidas a nada. Mas sangre derramada, y nuestra bandera hacía de su rojo un color tan intenso que llegaba a resplandecer en medio de las tortuosas noches de marzo.

Y aunque no estemos en guerra con naciones vecinas, la sustancia humana que da vida corre como sedienta de más muerte, y así como lo habrá dicho T. Hobbes respecto de la naturaleza del ser humano: “el hombre vive en una guerra de todos contra todos”, y la única razón de haber formado la “sociedad” es por su propio interés de evitar se agredido por los “salvajes”,  y sin el “pacto” o contrato social” seríamos presa fácil para el ser humano salvaje que se mueve egoístamente. Y este filósofo no se equivoca, porque aunque la sustancia del ser humano es buena (Todo lo que Dios ha creado fue bueno), la esencia que la impregna ha sido corrompida desde el principio por eso que se llama pecado.

Hoy vuelvo a mirar mi bandera, y surge un nacionalismo interesante, no creo en lo aleatorio de la formación de países, ni en el destino humano que lucha para crear uno. Dios ha permitido que en medio de las guerras se desate la paz, y en medio de los dominadores nazca una patria libre.  Pero la libertad nunca procedió de la raza humana por sí misma, la libertad es un privilegio divino dado a nosotros para hacer de nuestro pedazo de tierra un verdadero cielo, pero ya no logrado por la sangre de un araucano ni de un obrero que suda para obtener el producto de su labor. Es otro el rojo, es otra la sangre, es otra flor.

El color rojo de mi bandera tiene un significado mucho más poderoso que el atribuído por librepensadores e historiadores, porque no fue arbitrario ni para el contexto de entonces. Fue ahí en medio de las manos del diseñador que el aliento divino resopló suavemente hacia la imaginación del artista, por unos instantes quizás, la intervención sobrenatural se hizo presente, un rojo más extenso, uno que resultara de base, que fuera el fundamento del azul con su estrella y el blanco como la nieve, un rojo que representaría las luchas de una humanidad por lograr su redención de las opresiones y pobrezas, un rojo que haría de nuestra tierra un valle fértil, una tierra que no produjera espinas ni abrojos y que aún sus desiertos produjera toda clase de flores, un rojo derramado que hiciera que muchas de nuestras mujeres pudieran parir sin dolor.

Hay un rojo diferente, es otra flor, otra Sangre.

Y entonces evocamos los poemas de amor de la Biblia, y acudimos a ese que dice el Novio de sí mismo “Yo soy la rosa de Sarón“. La expresión aunque misteriosa,  es  sencilla;  dentro de la biología no existe tal flor, sino que se acude a esa terminología para referirse o al Narciso de la Pradera, una flor muy común en la llanura de Saron, en Palestina,  o al Azafran de delicioso aroma. Entonces aparece Jesucristo, que no solo es pan o vida, sino que además se presenta para nosotros con esa sutileza cual pétalo de flor, accesible a cualquiera que quiera tomarla, su fragancia maravillosa más que la del perfume más costoso del mundo. La belleza de Jesucristo es incomparable a cualquier cosa creada, no solo una belleza de contemplación silenciosa y absorta, un alma y mente puras cual cristal pasado por crisoles. En él la virtud, la bondad y misericordia hacen de su interior un valle infinito de amor y quietud, de libertad, de esperanza. Una flor, más que un copihue o una rosa. Un rojo más intenso.

Otra Sangre, una que se derramo en completa inocencia, en lo humano con una injusticia descabellada, pero en lo divino cumpliéndo toda Justicia.  No hubo un abogado que defendiera su causa, el sentido de lo justo pervertido completamente, la nobleza vendida por la miserable codicia, por la miserable maldad. No solo con sentencia de muerte, además la previa tortura que hacía parecer que su muerte ocurrió de antemano. Sangre se derramo en medio de un jardín de flores y olivos centenarios, en medio de la soledad, entre hombres despiadados, en medio de religiosos engreídos, en medio de un pueblo trastornado y envilecido. Al final, junto a un par de soldados quebrantados. La única sangre capaz de traspasar la roca dura y aún remecer los cimientos de la tierra, los del corazón de la humanidad desde el principio hasta el final de los tiempos.

Y no dudo en creer que la inspiración divina en el artista de nuestra bandera, debió experimentar siquiera un segundo en su mente, la imagen de esa sangre purificador,  corriendo  cual río por la extensión de nuestra tierra, cielo, mar  y cordillera.  Una sangre que solo es capaz de detener la violencia de las iniquidades, capaz de purificar el corazón del  pecado más oscuro y pervertido, y aún hacer que la tierra vuelva a estar en el orden y equilibrio perfectos.

Quizás vio la flor de un copihue, o la sangre del araucano, pero estoy seguro que pudo ver como desde el cielo aparecía un pincel impregnado de un rojo más intenso, que luego se extendería sobre la franja de nuestra bandera chilena.

El último desayuno con Papá.

El último desayuno con Papá.

Adán abrió los ojos, y el delicioso olor del desayuno preparado por su Padre le animo a levantarse de entre una cómoda colcha de hojas y el amistoso perro que lo seguía para todos lados, Eva contenta nota que la brisa tiene olor a Santidad y se levanta al son del trinar de los pájaros, salen corriendo de su estancia corriendo hacia los brazos de su Creador que los esperaba unos pasos más allá, y ríen de felices, tenían abundancia de todo y una paz que los hacía caminar a trancos parecidos a un ave que se despega, tenían un día con actividades, Eva iría a recolectar los materiales precisos. Ese día era el del taller creativo con Dios, harían desde letras e idiomas, hasta pinturas con tintes naturales de raíces de árbol y pétalos de flor, después del almuerzo habría tiempo para preparar una nueva coreografía, y como alcanzara el tiempo, desarrollar entre ellos compás para demostrar su amor.

Pero ese día Dios estaba más pensativo – ¿Te preocupa algo Dios?- miró Adán a Dios, y él sin responderle, y con esa mirada profunda, como si te abrazara, alienta a comer de esa merienda matutina que había preparado sobre la cima de una pequeña colina, rodeada de inmensos árboles llenos de frutas. Eva, que era más aventurera, piensa en voz alta: ¡Es un hermoso día para ir a descubrir otros lugares del huerto, se logra captar que hacia el horizonte, más allá del Eufrates o el Tigris sigue extendiéndose la tierra! – Así es Eva, el huerto será su hogar, y con estas semillas de esos papayos y paltos, las flores orejas de oso, y ¿Cómo le llamaste a esas, Adán? Ah, sí, “flores del paraíso”, vayan lanzándolas por donde vayan para que este huerto se haga más grande y haya una pista de danza más amplia, miren que tengo muchos ángeles que quieren danzar con nosotros- Eva sonríe, y alegre vuelve a besar a Dios, y nota que su respiración es más agitada, el latido de su corazón mucho más rápido, pero como sabe que Él siempre tiene una sorpresa nueva cada día, pensó que venía una, y para no arruinar el momento, decide salir a recorrer el huerto mientras Adán se daba un chapuzón en el Eufrates.

Pasaron las horas y se les olvidó el taller con Dios. De pronto, sin percatarse de unas rocas filosas, Adán pasa sobre ellas, con algo de asombro nota una pequeña mancha roja que le brotó de uno de sus dedos, y un pequeño dolor que desapareció rápidamente, y casi por recordar la cita con su Creador mira a lo lejos un revolotear de pájaros que desaparecen en el aire. Eva aún degustando algo, venía corriendo con un fruto cuyo olor era tan intenso que a la distancia se percibía, aunque sin distinguir si era a jazmín o a menta, con sus ojos sobre el descubrimiento de sabores, se la ofrece a su marido ¿Qué es esto Eva? Adán le da una inquietante mordida, y se cubrieron de vergüenza. El pie de Adán volvió a sangrar. Eva había recordado lo de los pétalos y raíces para hacer tintes que olvidó recoger ese día, y a lo lejos se oía una macabra carcajada.

Ese día habían tenido el mejor de los desayunos, pero el último, quizás esa mañana habían logrado aprender algo más de la Eternidad de Su Majestad, quizás habían hecho planes con Dios para que los llevara a recorrer el universo. Pero cambió la historia, perdieron los sentidos, se envanecieron en su soberbia, se culparon mutuamente, se olvidaron del amor. Una mirada como enojada, impotente y acongojada lograron ver de su Padre, pero esta vez su propia mirada se les nubló como quien tuviera cataratas, y tuvieron miedo, el helado viento de la noche les arrebató las hojas que los cubrían. Sumidos en su pena, sintieron el peso de la muerte sobre sus hombros, hasta que temblando de frío notan que alguien los levanta de la tierra, y como un padre viste a sus hijos pequeños por la mañana ellos fueron vestidos tiernamente por la noche, mientras en ese momento, miles de años después, desvistieron a un Crucificado.

Aún el cuero esta caliente, y se siente algo de confort, pero de pronto oyeron con un estruendo ensordecedor: era  la sentencia final. Y la carcajada de hace un rato los enlaza, los toma prisioneros y le hace más fácil el trabajo a los pies de Adán, intentando liberarse caen en la mazmorra de sus vidas, en la tumba de la humanidad. Y a lo lejos, al volver la vista Eva hacia su primer hogar,  vio una  silueta de hombre, como traída del futuro, con el mismo ancho de la espalda de su Padre, tirando en el suelo, llorando con dolor, frente a una tumba.

Y Dios lloró.

“Y compón una parábola…”

“Y compón una parábola…”

Ezequiel 17:2: “Hijo de hombre, propón una figura, y compón una parábola a la casa de Israel”

Estoy seguro que cuando nos enteramos de las versiones oficiales de los cuentos de los Hermanos Grimm la sensación de decepción fue sutilmente importante en el lado lúdico de cada uno, en particular sobre la Caperucita Roja y demases. Sin embargo sus historias nos hicieron transportarnos con la imaginación a reinos encantados, casas de chocolates, con paladines, hadas, trasgos y duendes.

Parte de la cultura cristiana clasifica dichas historias como verdaderos tratados satánicos, porque aparecen personajes que aluden a lo oscuro, la magia, dragones, etc. sin considerar si dejan o no una enseñanza. Hoy en día la literatura fantástica acumula siglos de desarrollo de las mitologías y leyendas, y creaciones que no dejan de sorprendernos, más de alguno habrá leido los Libros del Señor de los Anillos o Las Crónicas de Narnia, y sin sorprendernos averiguar del transfondo de sus autores nos lleva a conocer que eran cristianos. Entonces algunos entran en juicios  valóricos absurdos que lo único que logra es denigrar las artes y la literatura como medios para promover los más altos principios de Dios.  Es que la literatura fantástica de TIm LaHaye no encierra toda la imaginería de lo que debiera ser la novela o el cuento.

Claro que la Biblia prohibe las prácticas mágicas, pero no prohibe la imaginación ni la fantasía para crear arte (creación de cuentos con elementos fantásticos o la predestigitación), Jesucristo la usó para enseñar sus verdades, y entre sus personajes tiene un juez, muertos, virgenes, hijos que se comportan como bastardos, asesinos, etc. Dios mismo instó al profeta Ezequiel que creara una parábola, nacida del intelecto del mismo e inspirada por la unción, para que con ella la profecía fuera impartida con claridad.

Y por supuesto que es lo que promuevo en el colectivo artístico en  el que participo, una de mis alumnas tuvo uno de esos sueños al puro estilo “narniano”, lo plasmó en un cuento, participó de un concurso de literatura de la Municipalidad de Quinta Normal y obtuvo el primer Lugar. Emplea un lenguaje propio del género “cuento de hadas”, presenta verdades divinas y alegorías sobre el estilo de vida, de una realidad espiritual que está incidiendo en miles de personas hoy en día, y presenta la victoria de la Virtud sobre la torcida manera de vivir.  Implícitamente aparecen personas que podrían representar fácilmente carácteres de herman@s  dentro de la iglesia. Si viste las películas aludidas, este es un cuento recomendable, antes de dormir te invito a que sueñes despierto, suelta la imaginación,  y viaja a tierras fantásticas donde verás que nuestro Dios también es Dios de “Los Fabricantes de Estrella”

LOS FABRICANTES DE ESTRELLA

por Susana Pineda Salazar


He habitado toda mi vida en el Reino de Quinta Normal y siempre ha sido un lugar mágico, cada vez que veo las estrellas en el cielo mi corazón se llena de esperanza. Y pensar que en algún momento desaparecieron, sí, vivimos un tiempo con nuestro cielo sin estrellas, quedando tan oscuro como la cueva donde vivían sus exterminadores.

Al principio eran 3 pequeñas bestias a las que nadie les temía pues eran débiles y lo seguirían siendo mientras los quintanormalinos viviéramos en armonía con el Reino. Estas 3 bestias se alimentaban de vicios, delincuencia, mediocridad y antivalores, justamente esos eran sus nombres. Sin embargo, algunos habitantes del hermoso Reino de Quinta Normal comenzaron a alimentar a las bestias, en muy poco tiempo Vicio-delincuencia, Mediocridad y Antivalores se hicieron muy fuertes y poderosos. Como la esencia de éstos era oscura y sus estómagos extremadamente grandes, comenzaron a comerse las estrellas del cielo y con ellas se tragaron los sueños de muchos incluyendo los míos.

Por mucho tiempo estas bestias sometieron y atemorizaron a toda las criaturas del Reino y convirtieron a aquellos que los alimentaron en sus esclavos, mientras muchos observábamos en silencio el cielo vacío y los ojos sin vida de muchos amigos de niñez, compañeros de juego.

Vicio-delincuencia era una especie de dragón con 2 cabezas: por una de ellas lanzaba llamas de fuego que quemaban las neuronas de cualquier ser que se acercara, les quitaba la voluntad y la dignidad. La otra cabeza daba las órdenes, era exigente pues sabía que aquel ser era ya un servidor de sus fechorías.

Mediocridad prefería atacar niños, jóvenes y en especial mujeres. Era una serpiente gigante que enrollaba a sus víctimas y luego devoraba sus manos, no conforme con eso, enterraba los colmillos en su presa succionando toda clase de sueños.

Antivalores atacaba a quien fuera, era una gigantesca rana, pegajosa y de muy mal olor. Esta bestia eructaba sobre su futuro esclavo, era un soplo de malos modales, inconciencia ecológica, violencia y groserías.

Ya la mitad del Reino era esclavo de las bestias, el resto vivíamos con miedo, escapando, ocultándonos, se perdió incluso la amistad entre vecinos, ya nadie ayudaba a nadie, cada uno se las arreglaba como podía. A pesar del individualismo en el que comenzamos a vivir, bastó solo un llamado del Caballero Fortachón para reunir un ejército de valientes que quisiera luchar contra las bestias. El llamado fue claro, “solo varones fuertes”. El Caballero Fortachón era algo soberbio, era tan bueno en el arte de la lucha, controlaba y conocía cada movimiento de sus brazos y piernas, pero de su corazón no conocía nada.

Al llamado acudió la Princesita Valiente, que era una doncella con la misma fuerza que tenía el Caballero Fortachón en la manos, pero en el interior. El amor por las estrellas provocó en ella un desbordante deseo por ser una más de aquellos caballeros valiente que librarían al Reino de las garras destructoras de Vicio-delincuencia, Mediocridad y Antivalores. Sin embargo, el altivo Caballero Fortachón, no sin antes burlarse en forma desmedida, mandó a la Princesita a ponerse zapatitos de cristal y polvos en el rostro.

- Si no me recibe en su Orden de Caballeros, por lo menos facilíteme una armadura y una espada, para ir sola en busca de las bestias- dijo la Princesita.

Una explosión de carcajadas salió de boca del Caballero Fortachón.

- Ja, ja, ja, ja eres más graciosa que el Payaso Hiperactivo, ese que nos divierte en los campamentos, tal vez puedes venir con nosotros… claro que en lugar del payaso ja, ja, ja.

Yo estaba ahí, también impulsada por el amor a las estrellas y por la no resignación a ver el cielo vacío. Aún no me había inscrito en la Orden y menos lo haría después de ver como el Caballero Fortachón se burló de la Princesita Valiente. Fue tanta mi rabia por aquel Fortachón soberbio que salí de entre la multitud en defensa de la Princesita, aunque ella no necesitaba ser defendida, ya que era muy fuerte internamente.

- No pierda el tiempo con el Caballero Fortachón, que lo que usted tiene de valiente, él lo tiene de soberbio. No necesita más armadura que su valentía ni más espada que su amor por el Reino. No necesita corazas de hierro que esas cosas tan solo son evidencia de cobardía e inseguridad, son máscaras de carnaval – dije.

- Tiene razón damita, mucha razón … ¿Quiere ser parte de mi ejército? Voy a luchar contra las bestias - dijo la Princesita y por supuesto yo no dudé en aceptar la invitación.

El Caballero Fortachón enmudeció unos segundos muy largos, en los que alcanzó a cantar varias veces el grillo. Luego, sin despegarnos los ojos de encima, mató el silencio con un grito que hizo continuar a los caballeros con la labor.

La Princesita y yo salimos de la Orden en silencio y lentamente, el camino estaba solitario, extraño porque era la mejor ruta para que los caballeros llegaran a las filas de Fortachón. De pronto un aire tibio nos envolvió, un aire iluminado y una voz que venía desde una araucaria nos detuvo diciendo – No teman, “soy el que todo lo ve”. En sus manos dejaré la Fórmula de las Estrellas, es la única arma para derrotar a las bestias.

- Pero ¿por qué a nosotras? – pregunté.

- No me gustan mucho las historias de personas elegidas – dijo la Princesita.

- No son niñas elegidas, son ustedes las que eligieron…eligieron ser valientes. En la cima de mi voz, allí está, busquen – Sin dar más explicaciones, lentamente cesó el aire y la luz.

Allí estábamos, aún sin conocernos, sin ser amigas, desechadas de la Orden del Caballero Fortachón, unidas por amor al Reino y a sus desaparecidas estrellas y con un acertijo que nos entregó una araucaria en el camino. – ¿Qué hacemos?- dijimos al mismo tiempo.

- En la cima de mi voz, allí está…- reflexionó la Princesita.

- ¿Cómo la voz puede tener cima?- pregunté

- La del “que todo lo ve” sí, habló desde esa araucaria – y apuntó hacia arriba- ¡miré, tenemos que subir, parece una estrella enredada en las ramas!

Intentamos subir de mil maneras, hasta que me acordé de una Hada que vivía cerca de mi casa – No se preocupe Princesita, lo solucionaré, espere aquí – Y salí corriendo como una gacela por el camino de Carrascal, luego tomé la ruta Lo Espinoza, mi corazón parecía salir por mi boca, corrí, corrí, corrí, hasta que llegué. Sobre un árbol tenía su casa, apartada de las otras hadas burlonas, que no aceptaban a una “deforme” como ellas le decían. La Hada era diferente, sus alitas no nacían en su espalda sino que estaban en su cabeza, precisamente eran sus orejas, por eso su nombre era Hada Orejas Aladas. Compensó su tristeza coleccionando toda clase de joyas, las que la hacían brillar, pues por la soledad su rostro estaba apagado.

- ¡Hada, Hada por favor responda - parecía no estar.

- ¡Hada Orejas Aladas- insistí. Recordé su amor por las joyas y aquello que brillaba en las ramas de la araucaria.

- ¡Hada, encontré una joya, respon…- aún no terminaba de hablar cuando salió apurada

- Vamos hay que ir de inmediato, dónde está, llévame, llévame, síii – me rogó. No había tiempo que perder así que comencé a correr y ella me siguió y en pocos minutos ya estábamos en la araucaria donde esperaba sentada sobre el césped la Princesita Valiente.

- Es aquí Hada, pero antes debo explicarle algo. Lo que brilla allá arriba… no sabemos bien lo que es.

- Tal vez es un prendedor o un anillo con diamantes – interrumpió el Hada.

- No Hada es que en verdad no sabemos claramente qué es, lo que pasa es que la voz del “que todo lo ve” nos dijo que en esa cosa brillante está la única fórmula para derrotar las bestias- dije.

- Y tu quieres que lo baje, es eso ¿verdad? – El Hada Orejas Aladas estaba muy enojada, sus cejas formaron una gran V peluda. La Princesita que era muy sabia se unió a la conversación diciendo:- De cierta forma es una joya, la joya que traerá la paz al Reino de Quinta Normal, es el diamante que más que brillar en tu dedo, te traerá la gratitud de todas las criaturas por haber participado de esta aventura- Poco a poco las cejas del Hada comenzaron a tomar su forma habitual y una sonrisa inesperada apareció en su cara.

- Eso podría ser beneficioso, tal vez los habitantes de Quinta Normal estén tan agradecidos de mí que me quieran condecorar con joyas. Ji, ji, ji.- Y subió tan rápido que solo vimos el camino de polvos de hada que dejaron sus orejas al volar. Tomó aquella cosa brillante y bajó planeando con sus orejas extendidas. Una vez abajo pudimos ver que era un rollo que tenía un sello dorado en forma de estrella. Al romper el sello se desvaneció como escarcha, abrimos suavemente el rollo compuesto de dos hojas y comenzamos a leer.

Criaturas sobrenaturales todos son,

porque las manos del Creador

a su imagen los formó.

Una Estrella Madre deberán fabricar,

la cual hará nacer en ustedes muchas más.

Solo de esta forma a las bestias derrotarán

y la paz tan ansiada podrá regresar

al hermoso Reino de Quinta Normal.

La siguiente hoja decía:

Para fabricar la Estrella Madre deberán buscar: Un Do Re Mi de esperanza

Un Tejido de amor

Un Dulce de esfuerzo

-¡¿Eso es todo?! – dijo La Hada Orejas Aladas algo molesta. La Princesita Valiente respiró profundo, era otro acertijo. Estábamos como al principio, pero con un hada orejona que no dejaba de reclamar.

-Debemos partir ya, para quien no quiera venir , este es el momento de irse- dijo la Princesita.

- Yo sigo- dije sin dudar.

- Yo también, si hasta ahora no he ganado nada, no me pienso ir con las manos vacías – Dijo la hada. Y partimos sin saber hacia donde solo caminamos, caminamos y caminamos, discutiendo donde podría estar el Do Re Mi de esperanza. Mientras conversábamos recordé un anciano, Maestro de violoncello, “El Negro”, como le decía la damisela que lo acompañaba.

Él enseñaba a todas las criaturas que quisieran acercarse a la música.

Propuse que fuéramos a su casa. Tomamos un camino que se llama Ayuntamiento, no recordaba exactamente cual era su morada, pero estaba segura que lo encontraríamos porque oiríamos la voz madura de su violoncello.

De pronto comenzamos a oír una melodía, sonaba como un clamor: La, la, mi, mi, fa, fa, mii, re, re, do, do, si, si, laa. Eran las notas que daban vida a la canción Estrellita dónde estás, quiero verte cintilar, era lo que todos los quintanormalinos queríamos “ver las estrellas en el cielo, no en los estómagos de las bestia”s.

Entramos a la casa, la puerta estaba entre abierta y el Maestro tan inspirado que hubiera sido pecado interrumpirlo. De repente la magia comenzó a fluir de entre las cuerdas y el arco, eran notas musicales que volaban como mariposas. Ya cuando terminó la pieza las notas eran numerosas revoloteando por todos lados. Saludé al Maestro , presenté a mis compañeras y dije:

- Maestro, estamos aquí porque el Reino lo necesita, queremos terminar con las bestias.

- ¿Cómo puedo ayudar?

- Necesitamos un Do, Re, Mi de esperanza- Dejó su instrumento a un lado y fue por una cajita de madera. Tomó 3 notas voladoras y las puso dentro. Se las entregó a la Princesita diciendo:

- Aquí está, un Do, Re, Mi de esperanza para el Reino- La Princesita puso la caja en su bolso junto a los rollos y nos despedimos agradecidas.

Ya fuera de la casa respiramos profundo un aire de satisfacción, respiración que interrumpió la Hada diciendo: -Pudo haber decorado la cajita con unas perlitas.- Nos miramos con la Princesita y simplemente nos reímos. La Hadita era encantadora a pesar de sus comentarios y sus cejas en forma de V peluda.

Aún nos faltaban 2 componentes más para fabricar la Estrella Madre. El siguiente era un Tejido de amor. ¿Hacia dónde vamos ahora? Era la gran pregunta y mientras nos poníamos de acuerdo, de entre unas ramas apareció una especie de castor vestido de payaso que corría, caía, saltaba y hacía piruetas. Al principio muy simpático, pero luego, cuando nos dimos cuenta de que no paraba nos comenzamos a ¡huich! desesperar.

-¿Quién eres? –preguntó la Princesita.

-Soy el Payaso Hiperactivo.

-¿No que entretienes a los caballeros en sus campamentos?

-Se cansaron de mí y me corrieron.

-¿Quizás por qué?- dijo irónicamente la Hadita mientras yo por dentro rogaba para que a la Princesita no se le ocurriera invitarlo, pero mis ruegos no fueron escuchados.

Mil veces tuvimos que oír el chiste del perrito que se llamaba torta y que lo atropellaron y quedó la crema; le pedía prestadas las orejas al Hada para abanicarse el calor y desde entonces las cejas de la Hadita fueron una V ultra peladísimas y permanente. En una ocasión tomó los rollos del bolso de la Princesita y se los puso como binoculares diciendo ser Wall-e. Por supuesto no los daño.

-Así que hay que buscar un Tejido de amor- dijo el Payaso Hiperactivo como para arreglar su error, pensé que hablaba en serio – ¿Servirán mis calzones? Ja, ja, ja.

Quedé paralizada cuando oí decir a la Princesita:-Talvez ¿dónde los conseguiste?

-Las tejedoras del Reino me los hicieron.

-¿Puedes llevarnos?

-En brazos, no puedo, menos a ella que está bien gordita- y me apuntó.

-Me refiero a que si nos puedes guiar.

-Por supuesto, mi Princesita. Lo seguimos y tuvimos que aguantar una seguidilla de bromas y chistes desagradables, solo por las estrellas, solo por la paz, decía mi corazón.

Al fin llegamos, era una casita mononita, habían varias señoras que tejían bufandas. Las prendas se esparcían por la habitación como ríos.

El Payaso nos presentó y la Princesita les explicó todo. Esa noche nos quedamos a alojar, ya que ellas, muy amablemente, nos ofrecieron su casita y comida caliente. Además debíamos darles tiempo para el Tejido de amor que necesitaba el Reino.

Esa noche la Hadita se encontró con sabanitas cortas, adivinen quien fue… Al día siguiente un rico desayuno nos esperaba en el comedor y seguido al banquete, la tejedora líder nos entregó una manta hecha a crochet, que parecía el mismísimo cielo estrellado.

- Guauuu- dijimos en coro, la única voz desafinada era la del Payaso, porque era payaso.

La Princesita puso el segundo componente de la Estrella Madre en su bolso y luego nos despedimos agradecidos besando las manos de la Tejedora Líder. Esperaba el comentario de la Hadita, pero no dijo nada, creo que el Payaso la estaba enfermando.

Tomamos una ruta desconocida para los cuatro y de pronto la Princesita dijo:- Algo no anda bien.

-Será la Hadita que tiene las patitas chuecas- dijo el Payaso.

-Hablo en serio Payasito.

Un gemido a un lado del camino lo confirmó, algo no andaba bien. La Princesita no tenía una pizca de miedo, se notaba en sus ojos, en cambio el Payaso paso de chistoso a miedoso, dio un salto quedando en brazos de la Hada Orejas Aladas. En ese momento me dí cuenta que aquel ser gruñón y con cuerpo frágil era en realidad muy fuerte. Yo tenía un poco de temor, a lo inesperado, a lo desconocido, pero seguí a la Princesita Valiente. Cada vez que nos acercábamos a los matorrales eran más fuertes los lamentos. La Princesa tomó una rama del suelo y abrió los arbustos para que yo, que era más alta, viera al dueño del dolor. Estiré mi cuello lo más que pude y mis cejas se corrieron dando espacio a mis ojos, que se levantaron como nunca. ¡Santo Dios! Era el Caballero Fortachón que estaba muy mal herido.

- ¡No teman, es Fortachón!- dije a mis compañeros para calmarlos un poco- Debemos ayudarlo.

Entre los cuatro lo tomamos y lo llevamos a un lugar muy escondido, que conocía la Hadita. Había que alejarse, si el Caballero Fortachón estaba en esas condiciones quería decir que las bestias estaban cerca. No nos dimos cuenta cuando ya había atardecido.

La Princesa dio una misión al Payaso Hiperactivo, juntar leña para una fogata nocturna, mientras que al Hada Orejas Aladas le encomendó la tarea de buscar agua y hierbas para curar a Fortachón, a mí me pidió que buscara comida. Ella se quedaría quitándole la armadura al Caballero. La Hadita preparó un ungüento con unas hojas extrañas y las puso sobre las heridas del Fortachón, las que anteriormente habían sido limpiadas por la Princesita Valiente, debió dolerle aquella poción, pues llegó a saltar el pobre.

El Payaso Hiperactivo ya había encendido la fogata y estaba a un costado amarrando unos palitos, parecía muy entretenido e inspirado. Yo preparé la comida, o mas bien, lavé y quité la cáscara de los frutos que conseguí en los árboles cercanos, ya que la Princesita nos sugirió no alejarnos. De pronto Fortachón comenzó a balbucear palabras, nadie entendía qué decía. La Hadita le dio agua y agitó sus orejas sobre la cabeza del Caballero, que poco a poco comenzó a abrir sus ojos y a pronunciar mejor.

Fortachón nos dijo que toda la Orden de Caballeros había sido atrapada por las bestias, les tendieron una trampa y ellos no lograron hacerles ni un rasguño. Sólo liberaron al Caballero Fortachón no sin antes golpearlo para que sirviera de advertencia a cualquier valiente que se atreviera a exterminarlos.

Fortachón lloraba y mi corazón se conmovió; busqué mi pañuelo y sequé su rostro, luego guardé sus lágrimas como un tesoro, eran las lágrimas de un Caballero, no de un Caballero Fortachón soberbio sino de uno ya sin armadura.

Aquella noche fue diferente, aquella noche me di cuenta que algo en ellos era diferente: la Hadita había atendido a Fortachón sin reclamar; el Payaso Hiperactivo hizo la fogata responsablemente y no nos incendió como esperábamos, incluso , cuando nos sentamos alrededor de la fogata pidió disculpas al Hada por haberla molestado y le entregó una estrellita hecha con los palitos con que se entretuvo por la tarde. Pensé que la Hadita no la recibiría, pues sólo usaba joyas costosas, pero me equivoqué. Muy agradecida sacó de su collar una perla que gentilmente regaló al Payaso y en su lugar puso la sencilla estrellita.

La Princesita Valiente le contó toda nuestra aventura al Caballero Fortachón, quien humildemente pidió integrar nuestro grupo. La Princesita le dijo que no era necesario pedirlo porque era parte de esta historia desde el principio. Luego sacó un cuaderno y un lápiz de su bolso y me lo entregó diciendo:- Por favor, encárguese de escribir aquí todo lo sucedido en nuestra aventura como Fabricantes de Estrellas.

Para mí era difícil porque no escribía más o menos desde que las estrellas estaban en los estómagos de las bestias, sin embargo, aquel gesto de la Princesita me dio la inspiración para comenzar de nuevo y lo hice de inmediato, como hambrienta. Necesitaba ver letras tomadas de las manos jugando sobre el cuaderno, necesitaba un lápiz como puente entre mi alma y el papel.

Esperamos dos días completos para que Fortachón se recuperara, y continuamos nuestro camino en busca del último componente para la Estrella Madre, un Dulce de esfuerzo. Como de costumbre, todos dimos ideas mientras caminábamos, sólo Fortachón permanecía callado, como flotando en el pasado, la Princesita se dio cuenta y acercándose le preguntó muy suavemente si todo estaba bien. Fortachón reaccionó y nos contó que su mamá hacía dulces, los que luego vendía. Lo hizo toda su vida sin pausa para poder costear su preparación en la Escuela de Caballeros del Reino. Le dio pena recordar que jamás volvió a visitar a su mamá ni para darle las gracias, pues desde que se puso la armadura comenzó a sentir vergüenza por su familia.

El Payaso se acercó y le dijo:- Nunca es tarde, podemos ir ahora.

Fortachón, mirando el cielo dijo:- Ya es tarde, mi madre murió hace varios años.

- Lo sentimos- dijimos en coro y hasta el Payaso sonó afinado.

- Recuerdo que cuando niño me gustaba ayudarle, hacíamos las galletas de los alfajores y luego ella los rellenaba con manjar, el manjar más dulce de todos, me dejaba bañar los alfajores en el chocolate.

- Fortachón sabe hacer alfajores- dijo algo sorprendido el Payaso.

- Los hacía cuando niño- respondió, sonrojado, el Caballero.

- No está prohibido volver a sentirse niño, dejar la espada a un lado para hacer los alfajores que hacía con su mamá- dijo la Princesita Valiente.

- ¿Qué tal si vamos a la casa de su mamá, buscamos la receta y hacemos los dulces que con tanto esfuerzo consiguieron cumplir su sueño de ser caballero? – dijo la Hadita, dejándonos a todos con la boca abierta, no podíamos creer que un comentario tan hermoso pudiera salir de ella, pero a medida que la íbamos conociendo nos sorprendía más, la Hadita estaba recobrando su brillo.

- ¡Vamos!- respondió muy entusiasmado el coro.

El Caballero Fortachón nos guió a su antigua casa, quedaba al final de un camino llamado Lazo de la Vega. La casita estaba en muy buen estado a pesar de estar deshabitada largo tiempo. Fortachón abrió la puerta casi sin forzarla.

La Princesita Valiente y yo nos dedicamos a limpiar, mientras que el Payaso y la Hadita reunieron los ingredientes para los dulces; Fortachón buscó los utensilios que usaba su madre.

El rostro de Fortachón cocinando era como el de un niño en un columpio, de un niño que quiere compartir su columpio, porque nos invitó a cocinar a todos. El Payaso era el encargado de revolver el chocolate, la Princesita rellenó los alfajores, Fortachón sumergió las galletas rellenas en el lago dulce de recuerdos, la Hadita batió sus orejas para enfriar el chocolate y yo los envolví en papel brillante.

Volvimos a sentir lo que se siente al hacer una tarjeta para el día de las madres, o al pintar una figurita de yeso, o al moldear animalitos con plasticina. Y es que no nos damos cuenta cuándo y por qué dejamos de hacerlo, cuándo y por qué. Pero como nos dijo la Princesita Valiente no está prohibido sentirse niño.

Envolví e último alfajor enfriado por las orejas de la Hada y los puse dentro de una cajita de cartón, bien ordenados, eran exactamente 6 alfajores. Fortachón tomó la caja y repartió el tesoro, quedando sólo uno dentro, luego tapó la caja. Nos reunimos en un círculo para probar los dulces, queríamos estar todos juntos para degustarlos, juntos como cuando los hicimos. Y al primer mordisco el coro cantó:-Mmmm.

Estaban realmente deliciosos, nunca antes había probado alfajores tan buenos, eso que en mi vida había comido muchas galletas y pasteles. Creo que todos sentían lo mismo porque al mascar otra vez el coro volvió a cantar:-Mmmm.

De pronto la caja que contenía el último alfajor pareció explotar y una luz con fuerza desde su interior hizo volar la tapa de cartón. Ahí estaba, frente a nuestros ojos el tercer componente para la Estrella Madre. Era la antigua receta de una mamá esforzada, hecha por las manos de: un Caballero Fortachón sin armadura, un Payaso Hiperactivo, una Princesita Valiente, una Hada Orejas Aladas y una Niña en busca de sus Sueños Perdidos.

La Princesita tomó el Do Re Mi de esperanza, y el Tejido de amor de su bolso; y los puso junto al Dulce de esfuerzo. Un remolino azul nos envolvió a todos, se estaban mezclando los ingredientes y nosotros estábamos en medio, volando con millones de partículas de estrella. En medio de la licuadora mágica se abrió el bolso de la Princesita Valiente y el remolino azul comenzó a entrar en él, no sin antes aterrizarnos suavemente.

En el bolso estaba la Estrella Madre que vencería a las Bestias. No había tiempo que perder, nos tomamos de las manos y nos encomendamos al Creador, aquel “que todo lo ve”. Nos dimos un solo gran abrazo en el que la Princesita dijo:- No se irá nadie de este Mundo sin ver nuevamente las estrellas en el cielo. Y nos fuimos en busca de Vicio-delincuencia, Mediocridad y Antivalores.

Llegamos a las afueras de la cueva donde yacían encadenados los 150 Caballeros de Fortachón. Nos ubicamos los 5 a varios metros de la cueva, la Princesita nos miró como agradeciéndonos y despidiéndose, nadie sabía lo que pasaría y en silencio avanzó. Se detuvo en medio de nosotros y la cueva y se oyó su voz llamando a las bestias por su nombre, las que una a una salieron, más horribles y grandes que nunca.

-¿Quiénes son?- dijo Vicio-delincuencia.

-Somos los Fabricantes de Estrellas, somos portadores de luz y magia; y venimos a liberar el Reino de Quinta Normal de sus abominaciones.

- A ver, 1, 2, 3, 4, 5 contigo chiquilla piñufle. No pudieron con nosotros esos 150 Caballeros con espadas y lo hará una debilucha como tú acompañada de un bufón, un murciélago, una gorda en blanco y negro y un estropajo porfiado, más encima sin armadura. A ese ya le habíamos advertido que no volviera- y apuntó al Caballero Fortachón.

La Princesita volvió a decir:- Somos los Fabricantes de Estrellas, somos portadores de luz y magia- su voz sonó poderosa, tanto así que Mediocridad y Antivalores retrocedieron.

Luego, envuelta en el mismo poder, la Princesita Valiente abrió su bolso y dejó salir la Estrella Madre en su remolino azul, que hizo estallar a Vicio-delincuencia con un golpe de luz, liberando así las estrellas que estaban prisioneras en su enorme estómago. Luego la Estrella rompió las cadenas de los Caballeros y volvió al cielo con las demás.

La Hadita y yo corrimos a ayudar los caballeros que debían ponerse en pie cuanto antes. Fortachón y el Payaso corrieron a hacerle frente a las bestias para que no atraparan a la Princesita que aún permanecía en medio, pero rápidamente Mediocridad la envolvió. El Caballero y el Payaso lucharon con todas sus fuerzas para liberarla, sin embargo, un golpe inesperado de Antivalores dejó a los valientes en el suelo, pudiendo así arrastrarlos hacia la oscuridad de la cueva junto con la Princesita.

-¡Nooo!- gritamos desde las profundidades de nuestro corazón, fue un NO sangrante, un NO que nos arrancó la fuerza. La Hadita lloraba sin consuelo y yo no podía mantenerme en pie.

De pronto los Caballeros a quienes antes ayudamos nos comenzaron a levantar y de sus manos tomamos la fuerza que el grito nos arrancó. La Hada Orejas Aladas confirmó lo que estaba yo recordando diciendo:- No importa que tan grandes sean esas bestias, no son más poderosas que lo que nació en esta aventura- Y apretó con amor la estrellita de palitos que colgaba en su cuello -No son más fuertes que la amistad.

La miré a los ojos y comencé a recitar las palabras del rollo:

- Criaturas sobrenaturales todos son

porque las manos del Creador a su imagen los formó.

Una Estrella Madre deberán fabricar- Y se unió la voz de la Hadita.

-La cual hará nacer en ustedes muchas más.

Sólo de esta forma a las bestias derrotarán

y la paz tan ansiada podrá regresar

al hermoso Reino de Quinta Normal.

Nos abrazamos y entramos a la cueva; la Hada brillaba sin piedras preciosas, sin oro, sin joyas, sólo con la estrella de palitos que le regaló su amigo Payaso. Yo, la niña en blanco y negro que buscaba sus sueños perdidos, poseía los colores del arco iris y letras danzantes en mi cuaderno, testimonio de una gran aventura como Fabricantes de Estrellas, una aventura que nos permitió crecer, conocernos y unirnos.

La luz y los colores que salían de nuestro ser nos permitieron ver a nuestros amigos encadenados dentro de una celda, tirados en el suelo, ni siquiera sabíamos si estaban con vida.

Las bestias gritaron al mismo tiempo- ¡¿Qué hacen?!

-Liberamos el Reino de sus abominaciones- respondió la Hadita.

-¡Oh qué susto! ¿Quién atacará primero: la gordita del cuaderno o tú, murciélago?- dijo irónicamente Mediocridad.

-Me muero de ganas de saber con qué nos derrotarán estas necias.

-Te derrotaré con el arma más poderosa, “sencillamente la amistad”- y lanzó la estrellita de palitos.

Antivalores la atrapó con su lengua de rana , la tragó y dijo:- ¿Eso es todo?

No eso no era todo porque aún faltaba mi arma. Saqué de mi bolsillo el pañuelo blanco que días atrás secara las lágrimas del Caballero Fortachón. Lo moví sobre mi cabeza.

- A noo, este no es momento para bailar cueca- dijo Antivalores.

- Sabe que la devoraremos, ¿no te das cuenta que se despide de sus amigos?- dijo Mediocridad y estallaron en risa, una risa asquerosa, una risa empapada en ignorancia.

-No me despido, pero sí bailaré después que desaparezcan – respondí- Mi arma contiene las lágrimas sinceras de un Caballero sin Armadura, mi arma contiene crecimiento, mi arma contiene verdad.

Lancé el pañuelo que pareció volar como una paloma blanca hacia la boca de Mediocridad, quien lo atrapó con su lengua de dos puntas y luego la tragó. Nuestra armas parecieron no dañar a las bestias, las que perdieron la paciencia y la cordialidad con la que nos habían tratado hasta el momento y comenzaron a dispararnos escupos. Le dije a la Hadita que se pusiera detrás de mí, yo usaría mi cuaderno como escudo.

La lluvia de escupos no paraba y nosotras sólo resistíamos al enemigo. De pronto Antivalores cayó al suelo dando un grito de dolor-¡Me quemo, me quemo!

-Eres un gallina- le dijo Mediocridad y continuó disparándonos, hasta que también cayó al suelo entre gritos dolorosos.

Las bestias explotaron como globos de cumpleaños. Una vez libres, las estrellas nos rodearon como luciérnagas agradecidas y luego salieron de la cueva para volver al cielo de Quinta Normal.

Los Caballeros fueron fortalecidos con la luz de las estrellas y luego corrieron al interior de la cueva. Con sus espadas abrieron las celdas donde estaban nuestros 3 amigos; sólo Fortachón estaba despierto, tratando de hacer reaccionar a la Princesita y al Payaso. La Hadita se arrodilló y moviendo sus orejitas besó la frente del Payasito, quien en vez de abrir los ojos asomó nuevamente sus dientes de castor. Uno de los Caballeros lo tomó en brazos y lo sacó de la cueva para atenderlo.

Fortachón intentaba despertar a la Princesita Valiente, que parecía dormir feliz y más hermosa que nunca. La Hadita y yo nos unimos a sus intentos, sin embargo, no pudimos despertarla.

No sabíamos qué hacer, estábamos paralizados. Decidimos sacarla de la cueva. En ese momento las estrellas comenzaron a titilar muy fuerte, parecían danzar, fue la danza del milagro que levantó el cuerpo sin vida de nuestra amiga, transformándola en una de ellas. La Princesita no se fue de este Mundo sin ver las estrellas nuevamente en el cielo, la Princesita se fue de este Mundo convirtiéndose en la estrella más brillante.

Fue así como volvieron la paz y las estrellas al Reino de Quinta Normal. Fue así como la Princesa Valiente, el Caballero Fortachón, el Payaso Hiperactivo, la Hada Orejas Aladas y yo aprendimos que las estrellas no solo están en el cielo sino que El Creador nos dio la Fórmula para poder fabricarlas.

Hoy no comparto tan solo una historia, hoy entrego al Cielo de Quinta Normal una Estrella,la que se unirá a muchas más que día a día fabrican los niños en sus escuelas, las enfermeras en el consultorio, el señor del almacén, la abuelita del club de tango, las señoras del centro de madre, el maestro del violoncello, el profe de football, la señorita de la Muni y tantos más.

Podemos decidir ser alimentadores de bestias o ser FABRICANTES DE ESTRELLAS.

(c) Usado con Permiso de la autora

Los Descendientes del Unicornio

Los Descendientes del Unicornio

Sí! los unicornios existen, y por si acaso: son bíblicos.

Se cuenta por el historiador griego Ctesias que hacia el siglo V antes de Cristo que habitan en zonas de la India, claro que científicamente se les vinculó a una especial forma de rinoceronte gracias al singular cuerno que llevan en su frente. La posible razón de su “extinción”: ese cuerno con “poderes mágicos” de afición y deseo cuan diamante por las doncellas de la época.

Su origen, como lo cuentan historiadores y cultores de la mitología de este tipo “yace en la hondura del tiempo, en ese Principio sin principio, cuando todo era desierto y vacío, oscuridad y niebla”

Fueron seres veneradosen el culto babilónico junto al “leon dorado”. Unicornio Blanco y León Dorado representando a la Luna y al Sol, y este último representando el continuo “acecho” sobre el primero, el siempre “eterno” cortejo de dos astros inalcanzables entre sí.

Misterioso, hoy mítico y de ubicación universal, recorrian campiñas celtas, bosques de la tundra, lugares escondidos y escarpados; privilegiado era el que lograba observarlo, se cuenta que sólo aquel de alma pura, corazón noble, de profunda belleza interior tenía la dicha de mirarlo e incluso acariciar su pelaje (generalmente blanco y si su ventura era tal, hasta podían subirse sobre su lomo. Majestuosos, rodeados de un halo resplandeciente o sencillamente cabalgando a la orilla de un río por las mañanas aún en penumbra o en los atardeceres cuando los hombres intenta escapar de sus afanes.

Aparte de que eran mucho más graciles que los caballos, ese cuerno en la frente o testuz era el ensueño de los brujo, sanadores etc. Se le atribuía poderes curativos, de ahí la caza y luego pulverización del cuerno: hacer que las aguas se hicieran potable, sanar todo tipo de heridas e incluso prolongar la vida.

Aparentemente invencibles, majestuosos, sabios y hermosos tenían un punto débil: una hermosa doncella, sí se lograba “enamorar” de ella estaba dispuesto a acudir todos los días a su jardín cambiándo su libertad por el cuidado cual animal doméstico, y entonces viendo reducida su voluntad la muerte comenzaba a merodearle y poco a poco esa fuerza, belleza y vigor se irían extinguiéndo hasta la muerte, además, como desde el principio de la humanidad (“post Adan”) existía la codicia, al arrancarle dicho cuerno implicaba su muerte segura e irremediable.

Hoy en día dicho realce mitológico le han dado un potente simbolismo, representando: la Fuerza de la Vida, La Libertad , la imaginación imposible de encarcelar, las ganas de soñar.

(Ahora si lo prefieres y te lo sugiero, pon un poco de música incidental de Ana Mendez si la tienes o alguna producción de Marcos Barrientos de la serie Encuentros con Dios… te sugiero “Yo soy tu Luz” o “Yo soy tu Sanador” y si no tienes de ellos algunos temas lentos de cantos de adoración en tonos menores o quizás ese famoso tema “Respirar” de vineyard music)

Salmo 92: 10 ” Tu enzalsate mi cuerno como de unicornio: yo fui ungido con aceite verde” RV 1865 ( Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco RV 1960)

Sí, aunque me digan que sufro de hipermisticismo, creo que hemos sido como los unicornios por muchos años, de belleza de Jesucristo reflejada en nosotros resplandece cual sol al medio día, y también la belleza interior dada por la propia naturaleza creativa de Dios, pero andan cual unicornios temerosos, quizas hasta con cierta ingenuidad de que “nada nos sucederá porque Dios está con nosotros”, o andamos huyendo de aquello que nos produce terror o nos dejamos embelezar frente al peligro y por esas cosas de la vida descubren nuestros puntos débiles (más bien exponiéndonos al peligro) y caemos presos de algún cazador dispuesto a triturar nuestra fuente de vida. Por eso se nos previene: “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón por que de él mana la vida. (Prov. 4: 23)

Todos somos poseedores de esa fuerza misteriosa, rodeados de nobleza y majestuosidad, fuimos creados antes que todas las cosas (en los sueños y pensamientos de Dios), se nos había dado una naturaleza y un nombre y se nos forjó el mapa que nos enseña el camino hacia los valles espaciosos donde correr como si volaramos. Se nos enseña sabiduría desde que eramos embrión y se nos dió un propósito.

Pero nos cazan, el enemigo de nuestra alma y sus secuaces intentan encontrar los puntos débiles, hacer de la riqueza de nuestro tesoro un botín, y borrar nuestros nombres y naturaleza de la faz de la Tierra, sigilisosos cazadores, ocultos entre la penumbra de algún bosque.

No obstante el miedo, estamos en ese proceso de comprender el precio de sanar a otros o dar vida en medio de la infernal mortandad. EL cuerno del unicornio significaba restauración, salud, vida a quienes se les suministraba, e incluso un poderosísimo veneno cuando se le empleaba con otros propósitos, pero el unicornio tenía que morir… Previo a la muerte en manos de sus verdugos, Jesucristo fue cual unicornio, en oración recorria con su puños cerrados en fervientes oraciones por aquel jardín, aún la luna no era lo suficientemente resplandeciente como para compararse con él, y entonces, sabiendo que estaba solo sintió la necesidad de despreciar su naturaleza por amor a “una doncella”: una humanidad perdida en una belleza de espinas.

Somos descendientes de este “Unicornio”, claro que ahora, las versiones lo traducen por “Búfalo” , y me resulta mucho más certero este cambio de “naturaleza” lingüistica, y por que no decir también espiritual, no hemos sido llamados para ocultarnos siempre en un bosque en penumbra y nostalgia melancólica (quizas solo en esos momentos para estar con el Creador, pero entonces escogería uno cerca de una playa o entre la precordillera). Sea que tengamos ascendencia “unicorniana” hoy somos como “los hijos del búfalo”.

Pintemos una Marina…

Pintemos una Marina…

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(foto sacada de Cultura Solidaria)

Cuando todas los cosas fueron hechas trato de imaginar y visualizar los momentos precisos en que Dios se dispone a plasmar el modelo de la Creación, Dios Padre creando los material, el Espiritu Santo ordenándolos y a Jesucristo tomándolos con esas ansias de artista de ver en cada cosa los pigmentos precisos de su amor. La Trinidad completa sentada en una mesa planificando, haciendo los planos, calculando las distancias, diseñando una receta multicolor para añadir en cada cosa

Empezar de cero, solo Dios y la Eternidad, al rato quizas los ángeles mirando espectantes el movimiento extrauniversal, las columnas del espacio siendo puestas, el estruendo de la masa estelar estallando como estalla un globo lleno pintura siendo lanzado sobre un lienzo blanco al puro estilo de arte abstracto. El desafío: hacer de cada cosa un objeto único e irrepetible.

Un día me transporté hacia aquella mesa de organización, así como se transportan los poetas, o los que intentan escribir poesía, me escondí tras un ángel, pero sabía que EL me veía, y siguiendo con la planificación de las maravillas les oí decir ese día: Pintemos una Marina….

Pintemos una marina

Y pongámosla en el marco mejor,

Usemos la lengua

Revolvamos el pensamiento,

Rayemos con gracia

una danza apacible

ataviados de oro y plata.

 

Primero, rehusemos el negro,

Solo para dejarlo descansar, no es mero capricho,

Atrevámonos con una puesta azulina

Llena de espigas de arroz y maíz

Y hagamos de la paleta una cascada de sal,

Partitura para las luciérnagas

Que sigue el paso del

Pincel divagante.

 

¿Marejadas de algas?

mucho verde para mi gusto,

Mejor pintemos determinantes

Usando la arena enjugada de piel

Y la brisa familiar de peces,

Con trazos seguros

Cual lienzo de espumas nerudiana (es que Dios ya sabía de Neruda)

 

No hay mariposas,

Pero podríamos agregarlas en el terciopelo del cielo,

Porque no hay orilla que nos lo prohíban,

Ni miradas contemplativas que nos castiguen,

Debiera bastarnos solo el solfeo cristalino

Del rugido estelar que nos acompaña

Para seguir discurriendo la tinta

Sobre la tela de luna.

 

Hagamos un silencio,

Tu mezclas el rubí con la amatista

Y yo fundo el sol de cobre con el bronce crepúsculo,

Aplicaremos cuando nos reincorporemos

La técnica mixta enseñada por las estrellas.

 

Ahora es posible prender

Un canto mas fuerte, un cielo con solfeos,

Nubes marciales,

Y un poco de misericordia con el linaje del mar,

Haremos que vuelen con solano encanto

Dos enamorados embarazados de fruta y especias.

 

Musicalmente haremos del falsete

una armonía de focas,

Dispersaremos con alegría:

Arreboles, caracoles de papel, dunas de azúcar

Y un poco de nosotros, cerca de otro sol.

 

Con una abrupta expresión de la estética,

Dibujaremos el polen de las redes y

Lo acompañaremos con el eco de las costas

Sumergiremos un poco la humedad

Sembrando un poco de desierto

Que no acobarde al forastero.

 

Aparentemente, se percibe con sutileza aérea

El anhelo de nuestro dedos por pasar tardes enteras

Forjando dones furtivos

desdibujando costa a costa

Las espinas dormidas del pedazo oceánico,

Entrelazar el ritmo escondido

De una orquesta de botes,

Darle expresión al acompasado remar.

 

Saboriemos juntos en copas invisibles

Esa camanchaca que dilata con humectante candor

los amaneceres cotidianos del aprecio viviente.

Con aguas atómicas daremos la poderosa fuerza curativa

para seguir derritiendo sin desaparecer

los colores incrustados en los cuerpos del hombre

Y dejaremos esparcidas nuestras caricias

En la extensión de un cielo hecho mar profundo.

 

La realidad está atrapada entre llaves y semifusas,

Una marina nos ha dado la vocación paternal,

Gocemos entonces con nuestro retoño

Démosle la leche que haga brillar esos rasgos de tu mirada – a Jesús-

Y los que revolucionan a las adolescentes esculturas

Que mañana , con el dolor de nuestros pinceles

la dejaremos en el mejor muro

Hecha coraje,

vivir independiente.

(Roberto Salgado C.)

Berechit*

Berechit*

Qué hará la tierra para no salirse de su centro

Qué harán las aguas para contener su invasión.

Qué sería del cometa desviado de su ruta

Y de las estrellas apagadas de una constelación.

Qué sería de la raza viviente

Si el aire fuera fuego y el pan duro carbón

Qué sería de mi vida si en la noche

Arrasara el más álgido turbión.

Mas una luz hay allá en el infinito,

Resplandor melodioso que disipa mi temor

Entre cada átomo y moléculas no mancilladas

Me infunde la fuerza y del frío el calor.

Danza extenso El Sublime con la cósmica belleza

Sobre la mezcla de las creaturas y el mar

hace de la incertidumbre firmeza

y da al bastardo creado por la miseria

un destino en el cielo y una paternidad.

No hay caos que ahora se haga perpetuo

Ni imposibles que se hagan infinidad,

aunque el sol se hiciera mil pedazos

mi alma en paz ya inició su eternidad.

* ( del heb. “En el Principio…” )

El hombre que no quiero ser.

El hombre que no quiero ser.

No quiero ser como Peter Parker, viviendo siempre en miles de cuestionamientos y contrariedades filosoficas, obstaculizar el camino hacia mis metas en mi propia telaraña, obligarme a salvar el mundo en un día y perder el gustillo por el espacio detenido y los colores debajo de un montoncillo de polvo.

No quiero ser como Don Francisco, hacer de mi vida un verdadero set de televisión, poner una cara de simpático cuando en realidad quiero encerrarme un rato en mi dormitorio para leer un libro y escuchar un poco de jazz contemporáneo, enojarme porque las cámaras no estan encendidas y no están las luces que yo quiero, lanzar con ira el micrófono por el rating no alcanzado, hacer de la soberbia un amigo y creer que en el Miami de la Vida seré verdaderamente exitoso.

No quiero ser como el Joven manos de Tijera, haciendo estatuas de hielo con las que me pueda acompañar en la soledad como si fueran seres reales, huyendo con ira de las circunstancias y como si mis dedos fueran de tijera y el impulso afectuoso me llevara a acariciar una mejilla, dañar a los que amo por un nervioso “lo hice sin querer”.

No quiero ser como el Fantasma de la Opera, ocultando las cicatrices cuasi deformantes de la vida en los sótanos de algún teatro, como un espectro o la antológica alma en pena y obsesionarme con el capricho humano de vivir egoístamente.

No quiero ser como el Príncipe Sigfrido del Lago de los cisnes, Jurar amor eterno en un pas de deux a una Odile, y perder el chance en vida de ser feliz con el cisne de mis ensueños y vivir en un continuo vals de amores en la pista de baile del mismo cielo. (claro que la única forma en que Sigfrido y Odette pudieron estar juntos era la misma muerte que los uniría en el más allá, en el lago de los espíritus, mucho drama para un corazón tan frágil como el corazón del hombre que no quiero ser)

Un Día Cualquiera en un millón de ojos…

Un Día Cualquiera en un millón de ojos…

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Varios amigos de cierta época me decían que me tenían una sana envidia de que viviera en Valparaíso, ver el mar todos los días y presenciar mas de alguna puesta de sol, pasear en lancha por la bahía y comer una “wena” chorrillana en el J.Cruz, pasear por esos miradores que salen por la tele y bajar o subir, o las dos cosas, por esos ascensores que según la National Geographic saldrían disparados en un eventual tsunami-terremoto-cataclismo; ir a todos los cerros posibles (sin dimensionar la cantidad de escaleras que a veces hay que subir), etc, etc. Debo confesarlo, después de casi 8 años recién ahora me está gustando esta ciudad, y me di cuenta que de veras el mar se ve más bonito desde el Cerro Alegre, que de verdad hay casa que son un monumento a la arquitectura exótica y al muralismo más rupturista, que el olor de costa y la brisa matutina son el mejor alisciente para quitar el sueño a las 8 am., que el trolebus es más cómodo y desestresante, que el “Mora” es uno de los mejores lugares para comer sano y con sofisticación porteña, y que no hay nada mejor que ser amigo de una jauría de los “perros de puerto”(por misericordia Divina me rodearon como 20 quiltros una noche, pensando que me harían picadillo humano vi como protegieron mi ruta, y lanzándose sobre lo que venía por delante fui librado de un asalto con cuchilla en Avda. Argentina…¡gracias perritos, no les desearé la perrera municipal como sepultura!)

 

 

 

“Hoy la mañana se hizo mas detenida,

Las viandas se prepararon con soltura

Y el amanecer se deleitó en mi ventana.

Entre tanto recoveco de cemento

Las casas se visten y se llenan de acertijos,

Preparan el pan, endulzan las camas

Y se entregan otro día

al amante fluir de sus adobes y ventanas

 

No deja de aparecer la huella

De ese canto coral del viento

El mar hace lo suyo

El susurro de un organillero condecora el atardecer

Mil cabelleras al viento

Saludan al pueblo

descendiendo por esos carritos que parecen trenzas de madera y acero

Y queriendo ocultarse por algún siniestro escondrijo

Una paloma, con su sentido del humor, quizás una gaviota

Tiñe un par de techumbres con su dantesca infamia de ave.

Ante todo, se impone esa fragancia:

Un toque de humedad y un resto de sol balsámico de olas

Nada queda sin ser visto ni olido;

Un millón de ojos clavados en un millón de puntos fijos

Varios dedos sellando el paso

De la finura exótica de las cumbres del puerto.

 

Los cultivos de un millón de manos

con un millón de redes se extienden

Por un millón de mares y sus costas,

Las ganas de saborear un millón de productos

Hacen de mi estancia un granero de peces y de estrellas

Hacen del héroe labrador y de sus hijos

Próceres de mi ganancia en el arco de mil pensamientos.

 

Hoy creo que me levantaré más temprano,

Iré a estrellarme en la eternidad de un cielo más claro

Las nubes viajaron al oriente

Y yo aprovecharé ese tierno vacío

Para estirar mis brazos

Le pondré ahora alas a mis dedos

Y humedeceré un millón de besos

En un infinito despertar”.

Roberto(c)

“No nos dejes caer en tentación…”

“No nos dejes caer en tentación…”

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Oscar Wilde dijo una vez que “la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella”, obviamente que no es la alternativa correcta, porque en el momento más inesperado y una vez inmerso en lo tentado, con conciencia de lo que es malo, se necesita algo más que una simple oración para aminorar sus consecuencias.

 

Siempre mis padres me repiten todos los domingos cuando debo regresar a Valparaíso, llegando al terminal de buses, cuando faltan casi 100 metros: “mi niño, que Dios lo bendiga… lo libre de todo mal, de todo peligro de toda tentación….etc… etc…” y de una u otra forma veo como en mi caminar ellos forjan un sendero para que cuando ya no escuche esas palabras pueda andar seguro, tomar decisiones correctas, vivir con “calidad” de vida y mantener mi integridad con sabiduría. Y sé donde encontrar el “principio de la Sabiduría”…

 

 

 

Tentación marina.

 

El mar está hambriento,

Sus fauces abiertas ocultan el sol,

Aún en su profundidad

Aún en su vaivén noctámbulo

Aún en su vientre devorador de aire.

Un poco de arena es suficiente,

Un poco de agua y muero,

Me sumerge en su infinidad universal.

Desfallezco, su hambre me ahoga,

Me llama a él,

Como queriendo ocultarme de todo,

Intenta seducir mis sentidos

Descordinar mi pulso

Provocar un delirio tremendo

Y hacerme caer en sus cavidades.

 

Ha enviado a sus mensajeras,

No quiere que me aleje de su cintura,

Me cantan el deseo de su centro

Lúdicas, disfrazadas de ninfas.

 

Distraerme con las olas y

Montar un espectáculo festivo

No son sino la maquiavélica manipulación

De mis veintiséis sentidos

para que descienda a su lecho caprichoso

Y con estrepitosa ansiedad

Derramar en el secreto

Hasta la última gota de alma.

 

 

¿Y si fuera real el propósito encarnado

Tanto así como para reventar su encanto

En el azul estrellado de frescor y viento?

 

Egoísta, su ambición decorada de gula.

Quiere llenarse y de cada hombre y mujer

no sentirse vacía,

 

Por eso nos roba las sombras:

para enfriar el silencio infernal.

 

Ya corrió un poco de tiempo,

No es el mismo montón de aguas,

me asusta hacia los cerros.

¡mar embrutecido, suelta mi mano!

Solo mirar tu cuerpo y escuchar tus sonetos quiero,

Entrar en tus cavernas veneradas por los faustos

Y perder la muerte entre tus ropajes y zapatos.

Enterrar el gusto de un volar seguido

En medio de tus crisoles y de las bestias que te hacen compañía.

Te recuerdo:lo único que me ata a tu humedad inmensa

Es el sello fugitivo de mi propio mar

 

Otra vez parezco indeleble, entonces:

Demórame el paso hacia las nubes,

Pues desgastaría mis manos pidiéndome auxilio

Pero antes de volver a la bonanza

perforaría tus cimientos con el destello de mi diamante,

Y huiría constante y sonante

entre tus calles tapizadas de algas

 

 

No es que de ti no quiera

Ese fruto de sal y roca,

Solo es que eres pobre, no amas,

Tan solo eres tentación,

La exacta amargura errada de llamarte madre

Cuando nos abandonaste de tu vientre insatisfecho.

**HIJA DE PASTOR**

**HIJA DE PASTOR**

Hace unos años viví en una casa de pastores, una atípica familia porteña, calor humano, una madre y esposa de carácter, ordenada como pastora del equipo de liderazgo principal de una iglesia x pero extrañamente, o bajo el influjo fundamentalista y machista norteamericano, sin poder ejercer su oficio en el ambito sacramental; un perrito cocker spaniel que con sus lamidas en las manos lograba animar mis ratos de aburrimiento o “bajón” al finalizar una jornada de pruebas. Un padre enérgico, misteriosamente divertido, abnegado por su ministerio e intentando seguir el mismo ritmo con su familia; tres hijos pintorescos, incluso exóticos. El hijo mayor siguiendo un estilo de vida “Hillsong” un rompecorazones al puro estilo “Salomon” pero con sus prioridades bien claras; la segunda, una chica de 16 años, preocupada de la estética familiar y de confrontar todo aquello que le parece incorrecto de sus padres, iglesia y demases, muy identificada con una iglesia de corte emergente que la estructuralmente denominacional, debido a sus severos problemas de alimentación y problemas de orden psicológico recibió durante el día la mayor atención y sobreprotección de sus padres de modo que al minimo disgusto era para ella fácil manipularles. La hija menor, la mas singular de todos los hermanos, 14 años en pleno desarrollo, inteligente y astutilla, vivaz, con un humor inocente y con una preocupación por sus amigos, un problema: sus padres como que se olvidaron de ella, y no porque lo haya visto: un día me abrió su corazón y en virtud de ello, discriminando obviamente a las familias cuyos padres se dedican en la iglesia a ser un verdadero estorbo y sus hijos siguiendo el mismo ejemplo, compuse el siguiente poema, Dios no desatiende al que vive en familia pero que se siente huérfano:

“A la Hija del Pastor”

 

No tengas miedo

Todos sabemos que quieres descansar

Te cansan el gemido de las oraciones

y El aullido del aleluya al cruzar el portal.

Extrañas a tu padre todo los días

Crees que te lleva cual Biblia

en el bolso de milagrero;

él no se percata de tus vacíos pues

está entretenido con una felicidad enfermiza

en los exorcismos sicodélicos

de las noches peregrinas

Y en la letanía de sus paulinas exhortaciones.

 

Extrañas a tu madre,

Está quebrada de pies a cabeza

Son las tres de la tarde y ella lava en silencio

Las camisas manchadas de la infidelidad,

el adulterio es mas profundo, su marido lo niega

se escuda con sus libros de teología

y se defiende con su rol social.

Su amante: una capillita de niños

y adultos llorones

envueltos en galletas.

 

Vez como te quitan a tus padres

te los extirpan de tus brazos

te miran con ignorancia

cientos de feligreses

robadores del sueño adolescente.

 

Tienes miedo..yo lo sé.

Pero quieta, estás conmigo

No dejaré qué te maté

otra imposición de manos

Ni el ungimiento de tu dormitorio

Como si estuvieras posesa,

Ahogue tu dormir.

Tranquila, te cubriré los pensamientos

Con la dulzura de mis frutos

Y daré calor a tus manitas

Despojadas de la piel paternal.

Tranquila, esta noche dormirás como princesa

devolveré a tus padres al cauce olvidado

Aunque me cueste la vida otra vez.

 

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