Profetas Vivientes

y la Palabra se hizo carne…

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¿Un empleado entre los hermanos?

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Creo que cada creyente es un líder donde se encuentre, debe desarrollar sus talentos y dones para expresar el mensaje de Jesucristo con eficacia. Es por eso que cuando un creyente adquiere destrezas, la percepción de la vida eclesiástica se hace “aparentemente más objetiva”, se logra comprender la necesidad pastoral en medio de una comunidad.

El pastorado histórico se fue perfilando como unipersonal,  a ratos delegando funciones, y tristemente convertido en un “empleado entre los hermanos”, porque la queja es trascendente: “el pastor no me visita”, “el pastor no me llama por telefono”, “el pastor no me considera”, “el pastor no ha orado por mí nunca”, etc., etc. Recuerdo que muchas veces el telefono sonó de madrugada en mi casa, y mi padre orando por necesidades a las 3 de la mañana. Es su vocación, pero que injusto es para una familia pastoral que exista aún gente exigiéndole a sus pastores la atención personalizada,  las 24 horas del día  y sus hijos a penas unas horas ¿A caso no tienen un Dios suficiente para suplirles cualquier cosa? (hablo como hijo)

Sí, somos fundamentalmente siervos, y vivimos para servir, pero no para abusar del servicio  de otros ¿o realmente tenemos ese derecho ? ¿Sobrellevar  los unos las cargas de los otros es sólo un imperativo para algunos?

Es peor el escenario si hablamos de una iglesia con más de 50 miembros, imaginemos una de 100 siquiera y nos daremos cuenta que en la semana no todos tuvieron una charla directa con él, si fueran mil, la expresión de “incomprensión fraternal” sería mayor. El pastor jamás mirará la iglesia de Cristo como una carga, aunque hayan “cabritos” en ella que hacen el ministerio más gravoso, lo hará con los mismo ojos de Jesucristo, y como no es bueno que el hombre esté solo, incluirá su matrimonio, a sus hijos en la medida que ellos acudan al llamado imperante a toda la familia, y a sus discipulos claramente. Entonces con una mirada de familia, ministrará las necesidades de cada creyente, y es un hecho, que la delegación de funciones es fundamental para evitar sacrificar la comunión con su esposa e hijos, sin embargo, la iglesia necesita, más que una delegación de funciones, creyentes despiertos con la vocación pastoral, pues ante todas las cosas, el corazón de Dios es de Pastor. Entonces, la iglesia requiere de creyentes fundados en el vínculo perfecto de ese amor pastoral, el de Cristo.

No podemos concebir un oficio apóstolico, profeta, maestro o evangelista si no tiene el alma de Jesucristo, quien vió a Israel “como ovejas sin pastor”. Fue el propósito  del Creador que cada creyente no solo naciera con mentalidad de ovejas, de discipulo, sino con un corazón de pastor hacia la humanidad, un discípulo permanente transformado en un líder con ese corazón. Y es evidente, cuando aparecen “discípulos” que ven las cosas “mejor” o diferentes a sus propios pastores.  Podría ser un síntoma de rebelión, cuando se pretende manejar verdades separadas a las de sus líderes, pero es connatural con el propósito de Dios, hacer de cada creyente un pastor, y no me refiero precisamente al cargo, cada creyente debe estar conciente que el mundo vive “como ovejas sin pastor”, personas que esten dispuestas a entregar sus vidas por la salvación de otros, no solo decirles las maravillas que Dios puede hacer en sus vidas, sino que llegar al punto de morir por causa de esas maravillas hechas en ellos, así lo hicieron nuestros padres mártires.

De ahí que si tenemos a Cristo, el ministerio de Cristo está en nosotros, su servicio. (Por eso,  y aunque existan oficios o funciones delimitadas en ciertas personas, todo creyente es un apóstol- “y y haced...”-, pastor “hacer discípulos“, maestros “enseñándoles que guarden” , profeta y evangelista “todas las cosas que yo he mandado“) Los problemas que pudieran haber en la iglesia de hoy no es de funciones, es de  cargos; algunos se marginan, argumentan que no tienen “el llamado”,  pero no fuimos llamados a ocupar cargos , fuimos llamados a servir.

Entonces además de velar por un rebaño de creyentes, se vela por un grupo de discipulos potencialmente pastores, y así las necesidades de los demás son suplidas, el diaconado (no el cargo) se transforma en el ministerio principal de la iglesia- deja de ser el fiscalizador del pastor y de los hermanos- de modo que el rol apostólico de cada pastor de una iglesia local, se desarrolla apostólicamente, sin dejar de ser pastor ni pretender el título de Apóstol. Ahí entonces justifico a algunos que pretenden denunciar las falencias pastorales, precisamente por la visión pastoral que asumen, pero pierden todo sustento y valor, cuando miran otros rebaños, cuando se les invita a servir y ellos arguyen que “su rol” es sólo denunciar, porque ellos se dicen “profetas”. Nadie puede imponer soluciones sin transformarse en la solución primero.

El pastor es servidor porque Jesucristo es Siervo, pero no es mi empleado, porque Jesucristo no es empleado de nadie, él es el Rey y Señor de los Siervos, Él dignifica al siervo cuando es capaz de sujetarse a su autoridad, sujetarse entre sus consiervos, y amar a la iglesia como Él la ama. 

Tu eres un siervo, eres un líder, debes ser un pastor.

Escrito por Roberto

Jueves, 10 Septiembre, 2009 a 22:39

Las controversiales aplicaciones de Facebook. Volvamos a la Biblia.

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Al fin aparecieron alternativas a las aplicaciones que se basan en la suerte como ha sido la controversial Galleta de la Suerte, la bola de cristal, tarot, etc.  Me uní a un grupo de facebook “Abre la Biblia no la Galleta”,un manera reaccionaria a ciertas aplicaciones que se han ido generando y que se asimilan a ciertas prácticas relacionadas con la adivinación. En lo personal no soy de los que da mazasos con la Biblia, cada uno es responsable de lo que hace con su tiempo libre, no es como “Normal” tener que condenar a alguien de mundano o hereje porque haya abierto una de esas triviales aplicaciones. En lo personal me gusta jugar con el Bejeweled Blitz y tratar de ir compitiendo con algunos amigos y tratar de sacar el mejor puntaje (Es realmente adictivo ^^) y aveces tengo mi minuto filosófico. He hecho varias docenas de test, claro,no de esos que te dicen cuántos hijos vas a tener, pero sí algunos bien absurdos en donde respondes en base a alternativas incoherentes y el resultado es igual de incoherente.  Varias veces abrí la caja de pandora, y me salía una silla, un trozo de chocolate o un CD de música exótica. Y me distiendo en medio de mi densa concentración neuronal propia de un candidato a exámen de grado.

Recuerdo que antes de almorzar, existía un momento preeminente para leer las Escrituras, y así memorizabamos los salmos con mi familia, en otros momentos poníamos una cajita con textos bíblicos y cada uno sacaba un texto y lo leía en voz alta, pedíamos la bendición por la comida, y a disfrutar!. Hoy esta práctica espiritual, podría decir sin equivocarme, que se encuentra casi extinta, a menos que existan hogares cristianos de provincia que mantengan esta disciplina, pues en  la capital, ya casi ni se almuerza en familia.

Leer la Palabra de Dios con la motivación correcta siempre será una bendición, de ahí que la lectura de textos escogidos que nos motivan a la reflexión diaria es un excelente ejercicio, y así redimimos el tiempo libre con la Lectura de pasajes de este Libro tan maravilloso. Nota que la manera correcta de hacerlo no es dependiendo de una lectura apresurada, le pedimos al  Espíritu Santo que las vivifique en nuestros corazones, y así como las tablas de los Mandamientos, éstas sean grabadas con el dedo de Dios. Necesitamos encaminarnos a la meditación continua de ella, y que mejor si tenemos pasajes específicos para hacerlo a la distancia de un click.

Tengo mis posturas bien claras, y abogo por la creatividad de la lectura, se han creado planes para leer la Biblia en un año, en la Escuela Dominical se entregaban una serie de tarjetitas de textos para memorizar, y están los clásicos calendarios con un pasaje diario, en mi casa siempre hay uno de la Editorial Mundo Hispano. Como ya no es un “big” tema discutir si es correcto leer la Biblia por medio de aplicaciones de facebook, y si no tienes prejuicios respecto de los libros devocionales o panes de vida, he aquí una compilación de aplicaciones bíblicas que han algunos han hecho o han sugerido para usar y compartir, si conoces otra, postéala acá!

http://apps.facebook.com/panesdevida/
(Creado por Jonathan Emilio)

http://apps.facebook.com/tiempocondios/
(Sugerido por Carolina Melgarejo)

http://apps.facebook.com/pandelcielo/?ref=panesdevidaApplicationBar&_fb_fromhash=1d3c8f157a116280156fb7a2d8abc49a
(Sugerido por Ruben Barrios)

http://www.facebook.com/apps/application.php?id=117529832607
(Sugerido por mí)

http://apps.facebook.com/jesustedice/?ref=nf
(Creado por Cesar Martínez, un ex compañero de Colegio)

Escrito por Roberto

Jueves, 27 Agosto, 2009 a 22:39

Escrito en Artes, Estilo de Vida

Aprendiendo a comer lentejas*

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* Lens culinaris

No entiendo como hay tantas personas que no les gustan las lentejas, claro, una buena preparación de ellas hace de nuestra boca el centro de una revolución de sabores, ya no solo por necesidad, son un verdadero placer contenido en un plato.

Hay formas y formas de preparlas, algunos las hacen estofadas, otros les agregan arroz, lo tradicional es preparar un sofrito con cebollita picada, ajos, zanahoria en cubitos chicos, algunos las hacen a la colombiana, con tocino y plátano, y todas las preparaciones, con sus condimentos y sazones, son una delicia impagable al que las supo cocinar, bueno, un “Muchas gracias, te quedaron fabulosas” sería una respuesta o retribución apropiada. Ni con todo lo anterior, una gran mayoría de la población prefiere sustituirlas por un pollo asado con papas fritas o una mc hamburguesa de 1/4 de carne

Siendo niños, la posibilidad de escoger las comidas fue casi nula, y el domingo era día de fiesta gastronómica que siquiera era pensado acompañar una pizza con un vaso de Coca Cola, pero el resto de la semana significaba una tortura, sentarse a la mesa con manos y cara lavadas, y con la mirada alerta de los padres sobre nuestra cuchara y boca, teníamos que “tragarnos” aquel trozo de zapallo, casi sin respirar para no sentir el sabor. Los más osados tomabamos la servilleta, y con la mímica de limpiarnos la boca, depositabamos discretamente lo que no habiamos ingerido. Estuve invicto varios meses, hasta que la acumulación de servilletas con comida comenzó a causar estragos higiénicos en las tablas que habían debajo de mi mesa; y  bueno, me pillaron.

Hay comidas que sólo ciertos paladares podrían saborear con placer, quizás algunos condicionados a comer solo aquello que se prepara en microhondas, otros sin problemas para disfrutar de un plato de cazuela un día, y al otro un plato de arvejas partidas. Es que por muy quisquilloso que fuera el paladar de muchos, si la comida siga la lógica de su preparación, debiera ser ingerida sin mayores recatos que el que debe tener solamente un alérgico.

Y vivir  es como comer lentejas, o te las comes con desgano, o aprendes a comerlas.

Escrito por Roberto

Miércoles, 26 Agosto, 2009 a 22:39

Escrito en Estilo de Vida

Apóstoles sin una iglesia apostólica.

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Para la mayoría del pueblo evangélico informado, hablar de lo apostólico o profético puede resultar para algunos, como una manifestación más del “sectarismo” mal llamado “neopentecostal”, y para otros como parte de la restauración de los oficios ministeriales (ministerio quíntuple) en la iglesia que espera la Segunda Venida de Jesucristo.

Los primeros argumentan latamente  que el oficio apostólico cesó con la muerte del último de los apóstoles comisionado por  Jesucristo, y que el oficio del profeta cesó con la formación del canon  bíblico. Para los segundos, el mover apostólico-profético no ha cesado desde los tiempos de Pentecostés, y por tanto Dios sigue constituyendo en su iglesia a personas que ejerzan estas funciones con el propósito de perfeccionar y edificar al laos.  Y quizás ambos tienen razón, y quizás no tanto. No pretendo relativizar este debate, sin embargo, con mi postura clara que las funciones manifestadas en esos oficios dados en Efesios siguen vigentes, pues son la continuación del Ministerio de Cristo, nuestro Apóstol, Profeta, Pastor, Maestro y Evangelista. Pero seamos realista. Una iglesia con pastores o con apóstoles no es garantía de que ella sea una iglesia pastoral o apostólica.

Una frase de un importante profesor del Seminario Teológico Bautista,  en uno de sus estudios que semanalmente llega a mi correo dijo: “Las iglesias están atestadas de discípulos pero de escasos apóstoles, siempre aprendiendo pero rara vez viviendo, deleitándose de la miel que destila de la boca del Maestro pero poco interés en compartirla“.

En el contexto bautista, hablar de apostolado es hablar de “ser enviados con una misión”, el mandato de Jesucristo, antes de su ascenso fue un mandato apostólico “Id y haced discípulos“, y por medio de los 500 que estaban ese día fuimos representados, los creyentes del siglo XXI,  seguir la comisión, por ende, somos apóstoles en ese sentido, y también aquellos que dejando todo, han obedecido la voz de Dios de ir a otra nación para extender el Evangelio. El profesor entonces discurre  en la carencia de la iglesia de hoy en cumplir esa comisión,  por seguir un status quo, por creer que se puede servir hasta cierta edad y después de ella sólo estamos para orar, porque a ratos pareciera que lo más importante fuera mantenerse en un “estado” de creyente receptor de la bendición, de la unción, de las gracias, de los dones, de las imparticiones, de la educación teológica, etc., una iglesia supuestamente “llena de discípulos” sin la determinación a dar el paso siguiente: el apostolado.

Pero reflexionemos, si fuera un iglesia llena de discípulos, sencillamente sería una iglesia dispuesta a servir sin importar el cargo o función de que se trate. El discípulo obedece a su Maestro, no solo se alimenta de lo que entrega (¿Cuántos obedecen a sus líderes, a sus pastores, a sus discipuladores? Claro si hoy muchos argumentan que el único Pastor es Cristo ¿y qué de los otros que Él mismo constituyó?- Y contestan descaradamente de supuestas dictaduras, y cuales rebeldes contumaces, inducen a otros a salir de sus iglesias. Y de que  puedan haber dictaduras también, entonces solo miro compasivamente al abusado en su libertad de servir a Cristo). La iglesia, antes de ser apostólica, pastoral, celular o como se denomine, debe ser discipular, y no entendido solamente como ser receptores de información, o meramente personas que se nutren sin parar, sino que personas siendo formadas hasta el fin de los tiempos con el carácter de Jesucristo,obedecen por amor sin cuestionar, y sirven, sin esperar retribuciones o ascensos. La vida como discípulos no acepta o concesiona con el tiempo libre, ni siquiera con cuestiones meramente emocionales, a la voz pastoral de su líder decide tomar su propia cruz,  y confrontado a una sinceridad diaria, a la responsabilidad de ella; experimenta a diario un especial via crucis hacia la renuncia de las cosas que nos atan a la tierra, al plato de comida, a la tapadura de muela, a la película de turno. Porque Discipulado no es solo educación, es estilo de vida, no es un curso de teología o hermenéutica, es carácter de siervo. Discipulo no es sólo aprendiz, es el reflejo de Jesucristo, Sabiduría de Dios. La falta de apóstoles y evangelistas no es reflejo de mantenerse en “estado de discipulos“, sino que tajantemente manifiesta la carencia de discipulos en la iglesia de hoy. No es culpa exclusiva del diablo, sino de creyentes que actúan a veces como tal.

El discípulo habla de ser, y apostolado de hacer. Discípulo habla de identidad, el apostolado muestra esa identidad. Ahí la diferencia, porque pareciera que se pretende determinar la vida “haciendo” la obra apostólica o pastoral, cuando en realidad nuestra vida se determina “siendo” discípulos, para luego “hacer” discípulos.  He ahí las críticas de muchos, que ven a otros asumiendo roles u oficios dentro de una comunidad de creyentes, hablando de servicio sin servir, incapaces de “lavar los pies” de sus amigos. Pues los 12 amigos no dejaron de ser discípulos para hacer apostolado, y un líder que no es discípulo ¿cómo enseñará a otros a serlo si nunca lo fue?

Una iglesia que no se mantiene en el discípulado, no es una iglesia apostólica, sino una comunidad de personas que sobrevive en base al hacer, decrece y desaparece, porque fueron solo una comunidad idealizada en promesas no vivificadas. El siguiente paso del discípulo es ser enviado, pero no deja de serlo por el mero hecho de cumplir una  misión, sino sólo cuando Cristo haya perfeccionado la obra que comenzó en nosotros. Una iglesia, mientras más discípulos tenga siendo será  una iglesia haciendo con el ministerio de Jesucristo. Evitendo rótulos “ministeriales”,  o no añorándolos como la cosa más excelente o la oportunidad de  un ascenso ministerial, seamos siervos,  deja que los muertos entierren a sus muertos, invierta sus 10  talento, venda sus riquezas y désela a los pobres y síga al Resucitado, compre el perfume más costoso que encuentre y derrámelo a sus pies sin importar los cuestionamientos de otrs.  El atleta en camino no presume de su profesión, añora cruzar la meta, simplemente  es  un ser humano que corre a conciencia bajo las instrucciones de su entrenador y sin la distracción del otro corredor,  mientras más corra el atleta en una pista, en un valle, más pronto llegará al umbral de su perfección, y solo cuando la supere se habrá dado cuenta que hizo lo correcto para llegar a donde está.

 

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¿Son todos apóstoles?

Escrito por Roberto

Sábado, 25 Julio, 2009 a 22:39

Perdónales, porque no saben lo que hacen…

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Hasta el último momento de su Pasión la palabra viviente mellaba profundo en los corazones. Cuando llegó a la meta, de asumir la cruz como la manifestación más pura del amor, no hizo sino seguir adelante, y cada tortuoso segundo dilataba el paso de nuestro Maestro, permitiéndo a la lógica más pura entrar en esas contradicciones del porqué el amor verdadero se acompaña del dolor , sangre rociada por las calles de Jerusalem, a cada golpe de un látigo o puñetazo salpicó ese líquido maravilloso del Autor de la Vidasobre la humanidad espectadora de tan macabro espectáculo. Satanás fascinado con semejante performance, poco a poco se daba cuenta que estaba en la mitad de su media verdad de salir triunfante, sin embargo por esa sangre, una tierra maldita comenzó a experimentar la liberación de la ruina y miseria traída antaño por el pecado original.

Y sobre la cruz, en medio de las miradas consternadas de aquellos que un día estuvieron dispuesto a defenderlo y esas miradas satisfechas al ver al Nazareno incrustado en la vergüenza, era confrontado por gente común y la casta religiosa cual vil farándula televisiva, no tenían tapujos para desafiarlo, a momentos de su muerte,a hacer obras prodigiosas, a ver si entonces Él era el verdadero Mesías, pero Él, en medio de la esperanza por la Redención universal, a frases entrecortadas y con la boca seca y llena de esputos, hablaba del amor, sin clamar venganza, miró a la humanidad como enloquecida, apeló a la enfermedad de sus pecados y habló con su Padre: “Pérdonalos, porque no saben lo que hacen”, porque sabía que vivían sumidos en sus medias verdades o medias mentiras, que al final les permitía tener ante el Juez de los cielos “la duda razonable” de esa bipolaridad espiritual, aunque claro, nunca justificable… dicho esto, pasó un poco de tiempo, y en silenciosa danza del alma, se desprendió totalmente de sí mismo…

… Porque no saben lo que hacen, y suelen de todos modos crucificar a cuantos santos, con el ímpetu del verdugo se avalanzan sobre ellos. Enemigos hechos a propósito, armando batallas dentro del mismo cuerpo del Flagelado, siguen el ejemplo del Sanedrín de antaño y pareciera que aún siguen habiéndo latigazos, haciendo morir el cuerpo del que ya fue muerto por causa del pecado. Y hoy no queda sino, volver al vía crucis divino, y lograr padecer el tormento, cual semilla llevada al terreno para ser plantados y dar fruto en su tiempo.

Perdónales, porque dañar al hombre por “caudillismos  políticos o religiosos” y exponerlo al vituperio es rebelarse contra el diseño original, la imagen y semejanza de Aquel que lo formó del polvo de la tierra es la evidencia que existe un Dios. Pues actuando mal contra los demás es actuar mal contra el Creador, es decirle con descaro: ¡me desilusionaste, Dios, creo que hiciste un mal hombre, una mala mujer. Por eso, hablando en perjuicio de otros por medio de las difamaciones, mentiras y medias verdades, no hacemos sino hablar mal contra Aquel que formo a cada ser viviente con sus manos y sopló el aliento de vida para que cada persona fuera un ser viviente.

Por eso, o decidimos hacer escarnio del que cae una y otra vez, o decidimos mostrar la misericordia, poniéndonos en lugar de algun crucificado. Perdónales, porque es claro que le ha costado al mundo perdonar a sus ofensores y la naturaleza soberbia de la humanidad se impregna en el fatídico rencor por el que golpea una mejilla. A veces ofendidos a conciencia, y otras haciéndonos los ofendidos, representando causas que no son nuestras, y victimizándonos en nombre de otros que sufren y no hemos dado ayuda.

Perdónales, porque sabemos que por causa de Cristo somos expuestos a la denostación diaria, pero Él comprendió que el amor cubre multitud de pecados, y entonces la gracia de mirar a los actores de delitos contra la nobleza cristiana se hace real, la comprensión generada en  la mente de Cristo nos ordena los pensamientos, el Perdón emanado de las Alturas visita la tierra, y así es posible terminar el propósito encomendado, lograr alcanzar la meta del supremo llamamiento, y tener tiempo de sobra para extender los brazos a otros que no saben perdonar.

Escrito por Roberto

Domingo, 12 Abril, 2009 a 22:39

Escrito en Estilo de Vida

Meditando en el día de la crisis económica del derredor.

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Fragmento del libro El Precio de La Gracia, Dietrich Bonhoeffer, sobre “la sencillez de la vida sin inquietud”

La vida del discipulo se acredita en el hecho de que nada se interponga entre Cristo y él, ni la ley, ni la piedad personal, ni el mundo. El seguidor no mira más que a Cristo. No ve a Cristo y al mundo. No entra en este género de reflexiones, sino que sigue sólo a Cristo en todo. Su ojo es sencillo. Descansa completamente en la luz que le viene de Cristo; en él no hay tinieblas ni equívocos. Igual que el ojo debe ser simple, claro y puro, para que el cuerpo permanezca en la luz, igual que el pie y la mano sólo reciben la luz del ojo, igual que el pie vacila y la mano se equivoca  cuando el ojo está enfermo, igual que el cuerpo entero se sumerge en las tinieblas cuando el ojo se apaga, lo mismo le ocurre al discipulo, que sólo se encuentra en la luz cuando mira simplemente a Cristo, y no a esto o aquello; es preciso, pues, que el corazón del discípulo sólo se dirija a Cristo. Si el ojo ve algo distinto de lo real, engaña todo el cuerpo. Si el corazón se apega a las apariencias del mundo, a la criatura más que al creador, el discípulo está perdido…

… ¡ No os preocupéis! Los bienes engañan al corazón humano, ofreciéndole seguridad y quietud; pero, en realidad, son causa de preocupación. El corazón que se apega  a los bienes recibe con ellos el peso agobiante de la preocupación. La inquietud se crea tesoros; los tesoros, a su vez crea preocupaciones Queremos asegurar nuestra vida por medio de los bienes, queremos desembarazarnos de preocupaciones por medio de preocupaciones; en en realidad se produce lo contrario. Los lazos que nos vinculan a los bienes, que retienen a los bienes, son ellos mismos… preocupaciones.

Abusar de los bienes consiste en utilizarlos como una seguridad para el día siguiente. La preocupación se dirige siempre al mañana. Pero los bienes, en sentido estricto, están destinados únicamente al día de hoy. Precisamente el hecho de asegurarme el mañana es lo que me vuelve tan inquieto para hoy. Cada día tiene bastante con su inquietud. Sólo el que pone el mañana sin reservas en las manos de Dios y recibe hoy sin reservas lo que necesita para vivir, está realmente asegurado. Pensar en el mañana me ocasiona una inquietud incesante. “No os preocupéis por el día de mañana”. Esta frase, o bien contiene una ironía terrible con respecto a los pobres y miserables a los que Jesús se dirige precisamente, con respecto a los que, humanamente hablando, pasarán hambre mañana si no se precupan hoy… insistamos, o bien esta frase constituye una ley insoportable que el hombre rechazará con repulsión, o bien es el anuncio único del evangelio, del evangelio de la libertad de los hijos de Dios, que tienen un Padre en los cielos, un Padre que les ha dado a su amado Hijo ¿Cómo no nos dará con él todo lo demás?…

Escrito por Roberto

Miércoles, 1 Abril, 2009 a 22:39

Escrito en Estilo de Vida

“La vejez llega cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas”

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Recuerdo que mis primeros años de universidad me venían de modo regular un montón de imagenes en movimiento evocando mi pasada por el colegio, los ensayos del coro y el queque y jugo Kapo después de ellos, los concursos de literatura, los trabajos de castellano, las clases de química o historia, los anécdotas de paseos, amigos con quien me reía a destajo en los recreo o  entredientes cuando se nos mandaba a callar y alguien terminaba el ruido con una frase graciosa. Pero no solo el colegio, vivir en Valparaíso me hacia recordar en sobremanera la calidez de mi casa en la época de temporales, a mi hermano con el que jugaba en el PC a diario, y las atenciones obvias de los padres que aman a sus hijos.

Hacia el año 2005 experimenté en lo personal un vuelco en 180º, y la nostalgia se apoderó de mis tiempos de soledad y vida universitaria, y poco a poco, empecé a iniciar una peregrinación a mi pasado, cuando era más fácil vivir teniendo poco, acumulando las melancolías, como si estuviera padeciendo el Síndrome de Diógenes prematuramente.

Por un momento los recuerdos pesaron más que las esperanzas, y me envejecí.

Tener nostalgia es tan normal como acordarse del día en que conocimos a Jesucristo o dimos el primer beso, tratar de visualizar esos momentos agradables como si fueran reales no es malo, además de proporcionarnos del esparcimiento social, nos alientan a seguir sintiendo que tenemos un propósito. Y los recordamos porque nos trae placer, las emociones afloran instantáneas, y reímos, nos estiramos un rato a la vida por esa chispa de alegría  y confort que enciende nuestro fuego, nos encontramos con amigos y surge esa mirada noble  y cómplice con la que iniciabamos los juegos o una conversación sobre nuestros sueños. Pero también recordamos  esos mejores tiempos, y con demasiada intensidad, cuando el día se proyecta  menos favorable y el futuro con un fatalismo apocalíptico, o el simple pesimismo de que “nada nuevo hay bajo el sol”.  Y ahí pareciera que el pasado fue mejor que el presente- “que días aquellos, mucho mejores que éstos”.

” Y mucho de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban gritos de alegría. ” Esdras 3:12

Claro, quizás en el pasado logramos obtener mayores premios y reconocimientos que en la accidentada actualidad, tapizada de  fracasos laborales  y anonimato social; quizás ese pasado recuerda un matrimonio íntegro, alimentado a diario por el amor apasionado e incondicional frente a lo que ahora es un juicio de divorcio por un desagradable adulterio. Seguramente el pasado de una iglesia fue más próspero en número o con una mayor “unción” que la presente, quizás la Escuela Dominical y sus programas con niños funcionaba mejor, frente a lo que parece tan rupturista e incluso “apóstata” de la iglesia del Siglo XXI. Todo era perfecto e incluso denominado como nuestra “era dorada”, sin embargo el pasado, vestido de recuerdos, nos ayuda a tener más canas y a creer que nada se comparará con lo que  nuestra percepción consideró que era mejor.

Hay un pecado muy bien disfrazado de melancolías que el enemigo de nuestra alma a logrado arraigar por medio de una extraña calidez y familiaridad. El creyente desde el principio sabe que por medio del sacrificio de Cristo TODAS las cosas son hechas nuevas, que hemos sido milagrosamente engendrados de nuevo, incluso se nos insta a estar en permanente transformación de nuestro ser interior “por medio de la renovación de” nuestro entendimiento y así participar del proceso diaria de ir  “de gloria en gloria” ¿Por que entonces pareciera que nuestro presente es peor que el pasado, y como Job decimos “en qué he pecado, Señor”? Porque nos hemos alimentados de recuerdos “que pesan más que las esperanzas”, y el peso de pecado sobre nuestros hombros ya no es sobre asuntos morales o relacionados con la ética.

Alcancé a conocer a una de las hermanas más antigua de la iglesia, falleció con casi 98 años, y sus últimos días de congregarse en la iglesia la ví tomar su pañuelo que tenía en el cuello, y al son de una alabanza bien rápida, remolineaba con alegría. Fue la primera vez que veía una hermana de corte “tradicional” y más encima una anciana, lograr ese estado de gozo exultante, mayor incluso que en los jóvenes de entonces. Porque envejecer es una cuestión del entendimiento, y mientras se alimente de la esperanza futura, de ver las cosas que no son como si fuesen, habremos comenzado a restituirle a Dios lo que estropeamos por el pecado de la incredulidad  ¡pero si tu sabes que sin fe es imposible agradar a Dios!

Saquémosle el polvillo de hierro y plomo a las alas de nuestra alma, sacudámonos de las fotos en cepia y olores a encierro,  hagamos florecer las sendas del viento con la palabra encendida del gozo de la Vida y dispongamos el instinto y la razón a vivir los siguientes años de vida como si ya fuera la eternidad en las alturas del cielo pero acá abajo, en la tierra.

Escrito por Roberto

Sábado, 7 Marzo, 2009 a 22:39

Escrito en Estilo de Vida

La siniestra rueda de la vida.

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Hace tiempo que oí, y no solo una vez, de que los creyentes vivimos en ciclos, pasamos tiempos en el “desierto espiritual”, luego en los “valles de la provisión”, luego hacia las “cumbres celestiales” y después de nuevo hacia el desierto, y que era normal que fueramos a este último lugar para que “nuestra fe” sea probada, que no siempre se estará en las “cumbres celestiales” porque tenemos una misión que cumplir en los “valles”, sin embargo aludiendo muchos a su condición espiritual “deciden” que es mejor ir al desierto, y quedarse ahí hasta “cuando se sientan preparados” para seguir esta ruta “cíclica de la vida”.

La “rueda de la vida”

Varios años han pasado desde mi primer día de Universidad, y creo que sólo un verano pude tener vacaciones decentes;  varios años debiendo estudiar para mis exámenes de repechaje que debía rendir en marzo debido a las reprobaciones de diciembre, me agobiaba a ratos la frustración y de pronto me veía envuelto en este “ciclo de la vida” de pasar horas de calor estudiando en mi casa, volver al puerto, rendir los exámenes en marzo, pasar los que se pudieran, descansar una semana, volver a clases, llegar a los exámenes de diciembre, reprobarlos, pasar horas de calor estudiando en mi casa, volver al puerto, rendir los exámenes en marzo, pasar los que pudiera, descansar, volver a clases….. Si no es que mi vida dependiera de los exámenes, pero de pronto aquello que era prioritario se transformo en una “obsesiva frustración” y el resto de las cosas eran arrastradas a este “círculo concéntrico” de las circunstancias.

Cuando decidimos entrar en este “círculo de la vida”, generalmente por la imprudencia de nuestras decisiones, la vida espiritual se seca , pues ya hay un prejuicio subconsciente de que en algun momento deberemos pasar por “el desierto”, el alma cual fuente de aguas se enturbia y espera mediocre que alguien limpie sus profundidades. La monotonía del creyente, alimentada por el doble ánimo y la soberbia, ha logrado posicionarnos en una “rueda de chicago” hecha de carne, hueso y ajenjo, entonces reaccionamos y nos damos cuenta que no es justo vivir creyendo que la vida nos hace sus jugarretas medias siniestras, mientras a los malos les pasan cosas buenas y a los buenos cosas malas, y nos preguntamos en cuál “rueda de la vida” estamos. Y claro que no es justo que vayamos al desierto para pasar largas temporadas creyéndo que ha sido Dios que nos ha llevado allá, no sabemos si lo habrá hecho más veces por la misma cantidad de tiempo, Jesucristo fue al desierto por 40 días una sola vez y fue suficiente para empezar a plasmar en la tierra el maravilloso misterio de la vida eterna, nació, vivió, murió, resucitó y ahora está experiementando de una eternidad sin trayectorias conocidas, no hay ciclos ni tiempos lineales. Decidió romper los ciclos normales y hoy su historia trasciende la historia.

Decidí romper mis ciclos, y entonces logre terminar las cosas inconclusas y empezar nuevos desafíos, porque así como se secan las plantas, las que nacen después nunca son iguales a sus antecesoras. Aprendí a sacarle sonidos a la viola, decidí, no por mero capricho,   rodearme  y convivir  con aquellos que mantienen la nobleza a costa de la risa facil de aquel que suele hablar mal de otros,  debatir prudentemente sólo cuando lo perciba necesario, terminé la universidad y ahora por acabar un proceso de preparación artística con mis alumnos de Abodah.  Romper ciclos me significa un costo, y creo que vale la pena pagarlo  cuando se trata de comenzar el día siguiente con una nueva sonrisa y con la esperanza de ver que todas las cosas viejas han pasado, todas son hechas nuevas.

Escrito por Roberto

Miércoles, 7 Enero, 2009 a 22:39

Escrito en Estilo de Vida

Rompe la Rutina, Toca la Viola

con 4 comentarios

He comenzado con mis clases de viola, no solían llamarme mucho la atención los intrumentos con los que hay que percutir directamente a la cuerda, ni mucho menos esos que se tocan en orquestas y donde las partituras me parecen egipcio antigüo. Siempre admiré a quienes interpretaban a los grandes músicos en esas “liturgias” de teatro y auditorios varios, a los cuales dirijía mi vista con mirada dramática y concentraba mi oído samurai.  Comenzaré dentro de poco con la clave de Do.

La viola es un intrumento parecido al violín, algo más grande y de una sonoridad más grave, suave y de “un dulzor opaco”. Desde los origenes de la orquesta moderna (siglo XIX) a arrastrado un perjuicio en cuanto a la reputación, pues solía ser tocado por violinistas en decadencia. ”No obstante ha ido ganado terreno hasta convertirse en el poeta de su grupo, asentado en la realidad de su magnífico cuerpo sonoro, el equilibrio entre el retumbante chelo y el, a veces, chillón violín. La viola empasta y da lección de sentido común.” (www.violaintrument.com)

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/42/Violin-Viola.jpg
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(LA DE LA DERECHA ES UNA VIOLA) 

Como que encaja justo conmigo, en la actualidad no suelo ser tan chillón ni agudo como un violín, ni tan grave como el chelo, y estoy siempre en esa conciliación que permita la armonía de las cosas, al menos cuando pienso en mi vida y en sus bericuetos aparentemente inconciliables. Es que cuando estamos sometidos  a ese “cancer” de la rutina, entonces la indiferente manera de vivir y la pérdida de los gustillos del pasar por esta tierra se nos transforman en el debate de lo que debemos hacer para mantenerno  y la calidad de cómo nos mantenemos para hacer lo que debemos o lo que queremos. Al menos eso sí lo he experimentado, y que deprimente es levantarse para ir a la Universidad.

Suelo oír aún, que la vida es como un ciclo, nacemos, comemos, hacemos, morimos, y despúes, en el caso del cristiano, tenemos una “eternidad ciclica adorando”, repitiendo aleluya, alzando manos, etc. Escucho incluso, como si fuera “una ley divina” que nuestra vida debe pasar por desiertos para luego ir a los valles y de ahí a las cumbres, para luego bajar nuevamente a los desiertos, ir a los valles y volver a las alturas, con esto entonces me pregunto si habré sido enseñado correctamente, pues entonces miro mis quehaceres diarios y veo lo mismo, levantarme para ir hacia las alturas, en este caso una altura con forma de trabajo, universidad, deberes domésticos, etc. para luego bajar al “desierto” o “valle” de mi cama… y no en vano aparecen los argumentos de que la vida así es demasiado aburrida; si un “hermano” escuchara esto diría: ore, medite, lea la Biblia, busque a Dios, seguramente tiene problemas espirituales, etc. Pero si ya estoy en esa búsqueda se supondría que la idea de lo cíclico se rompe absolutamente, un atleta jamás corre en círculos si no hay una meta, un stop, un break,  un superar un record, etc. y un sediento en estado salvaje jamás se queda quieto hasta encontrar el agua.

  Sí, es fácil ver este asuntito de los ciclos, aún en la liturgia de una iglesia por los domingos, cuando empiezan las oraciones con una siniestra intensidad, intentando llevar a las personas hacia las alturas de Dios en un carretón del siglo XIX siendo que en la reunión pasada el culto habia terminado en las mismas alturas a velocidad de la luz ¿Por qué entonces empezar de cero algo que avanzaba hace una semana a una velocidad maravillosamente vertiginosa?

Hace mucho que me transformado un inconformista de todo, es que una ensalada por más queso o tomate que ponga no sabrá más deliciosa si no le pongo antes azafran, y “chitas” que es caro la especie esa, pero juntando mi plata demás que lograré experimentar dicho placer. Es que una oración jamás será más intensa sin lágrimas que se derramen ante la Eternidad y la Vida y sin una risa casi “enloquecida” por un chiste que te contó Dios  en un día “cíclico” con pasos monótonos y respirar autómata.

Es que nadie quiere enfermarse de “este cáncer” que nos enveje antes de tiempo, entonces la determinación de subir por la Escalera de Jacob es de urgencia y de tratamiento inmediato. En lo cotidiano con mi nueva Viola y en lo trascendental con la creativa intensidad de mi Amor por Dios.

Escrito por Roberto

Miércoles, 23 Julio, 2008 a 22:39

Escrito en Estilo de Vida

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Mi teología

con 3 comentarios

Aunque no soy teólogo de seminario, viví en uno que me hizo jugar entre los estante de una biblioteca mientras mis padres estudiaban, soy teólogo más bien en mi poesía de la vida, en mis sueños y en mis vivencias, en mi siempre anhelo por descubrir lo que hay “más allá de lo evidente”.

Aprendí a curiosear entre los libros de mis padres y alimentar mi insatisfecha necesidad por conocer de aquello que llamamos Dios. Quizás suene soberbio el aludir a dicho oficio como parte de los que ya por la vida he asumido como míos, pero más soberbio sería decir que soy un teólogo incomparable a todos los existentes en la actualidad. El más suspicaz diría que por supuesto soy incomparable, como tanta ignorancia y estupidez junta hablando de sí como quién tiene autoridad. Otros quizás más empáticos se expresarían con un “Dios siga derramando sobre ti sabiduría”. Y como que he vivido de ambos extremos y sin vanidades creo que, quien nace teólogo muere teologizando, entonces mi seminario ya no son solo inmensos estantes, ni salones de estilo clásico con olor a tiza: son mi baño, la bolsa de basura que acumulé durante la semana, mis cachureos guardados en el cajón, una once con sopaipillas, una risa distendida luego de oir un chiste sobre lo torpe que a veces somos cuando tomamos malas decisiones.

Mi seminario está en mis sueños, en mis visiones, en las voces nocturnas que me inducen a corroborar todo o a dar pasos seguros en un acantilado, y si de ezquizofrenia entonces me acusan, que feliz me siento en mi locura. Mi seminario está en donde aprendo lo que aún no veo, pero se que se aparecerá si lo deseo. Esta en una meditación de la palabra con una actitud contemplativa, aún incluso si me lleva eso a un maravilloso éxtasis.

Mi sala de clases tiene formas de plaza, tierras escarpadas, lugares invisibles; tiene la forma de mi familia y una playa extensa con varios cientos de quitasoles. También adopta la forma de una cadena de rocas cerca del Quisco o hacia las Torpederas en Placha Ancha, entonces tengo la teoría y la práctica haciendo latir venas y razones; sobre ellas logro obtener del viento los apuntes de Su Nombre Divino y la sustancia de la Santidad de la Vida. Cuando salgo de casa veo los cerros llenos de casas, gatos y perros, y veo a Dios apuntándo en ellos cual pizarra, su propia teología de la Gracia, y como Tommy Tenney lo dijo a su manera yo lo digo a la mía: que hay más Gracia de Dios en las calles, y en los bares que en la misma teología. No crea que me ire a un bar a aprender de esta teología, si ya conmigo he tenido bastante.

Escrito por Roberto

Miércoles, 25 Junio, 2008 a 22:39

Escrito en Estilo de Vida