Ya se ha escrito sobre esto en alguna parte que ahora no recuerdo ahora, y habré leído en artículos científicos sobre la envidia, la mentira, la solidaridad y la amistad son cualidades que se encuentran contenidos en el ADN de las personas, y que de acuerdo a la teoría de la evolución o se acentúa en los genes o mengua. Basta googlear un poco para encontrarse que las virtudes y desvalores aludidos estan en la palestra de la ciencia, y que muchos pretenderán justificar las conductas del ser humano, y que difícilmente serán modificadas porque “nacieron así”.
Pues bien, las Escrituras ya habían hablado de esto, mucho antes que la genética se pronunciara, solo que creímos que hablaba en alegorías o enfocado únicamente hacia la espiritualidad , el problema de nuestra corta visión de entonces, fue desconocer que las conductas de las personas se debía al gusto por el pecar. El gérmen de maldad está presente desde la concepción del ser humano, y David reconoce que sus pecados presentes tienen un origen al momento de ser formado, el Espíritu Santo se le revela y lo lleva al instante en que el Creador creaba su cuerpo, y que en ese mismo momento las consecuencias de Adán y Eva lo afectaron, y que por tanto necesitaba desarraigar la fuente de su iniquidad, la que no estaba en las conductas pecaminosas sino que en la sustancia de su propia naturaleza, su carne, su corazón, su ADN. (Salmo 51:5)
¿Cuantas veces cometemos el mismo pecado durante un corto lapso de tiempo? ¿Por que esa tendencia de algunas mujeres y hombres de usar la conversación para conversar y difamar con ese morbo tan destructivo?¿Por qué en algunas familias es común ver la conducta adúltera como si fuese parte de la historia familiar cotidiana? ¿ La homosexualidad es una conducta aprendida, producto de un abuso, o parte de la genética del ser humano?
En Suecia se desarrollo un estudio en 1000 personas el cual arrojó un interesante resultado “La infidelidad en los hombres proviene de un ge que influye en el cerebro; quienes son proclives a la monogamia carecen de éste” [1]
Pero lo más contingente, y que muchos hemos discutido es sobre el tema de la homosexualidad, precisamente porque no existen teorías absolutas que permitan conformar sus antecedentes fundantes. Hemos dejado a los estudiosos presentar sus discursos, y también a los ignorantes y fundamentalista hablar de una enfermedad siquiátrica, y al final no me parecería raro pensar que el homosexual nace, o que se tiende a ser homosexual y durante la vida se desarrolla la orientación o conducta, hasta que al final “se sale del clóset”. Pero si hasta el ser fundamentalista es genético.
Recurramos a la fuente entonces, porque la cuestión del pecado, al momento de pecar los primeros seres humanos trajo consecuencias catastróficas para toda la raza humana, un cataclismo espiritual, y una ecatombe genética. Gracias al pecado el hombre se enferma, se frustra, se muere, el pecado no solo trajo consigo que la tierra se volviera improductiva, que surgieran páramos áridos y extensiones de estéril vida. El pecado cambió la genética del ser humano, y hoy vivimos, aún dentro de la fe, las consecuencias de este trastorno. Es que a veces creemos que la sola palabra dicha “Sí creo en Jesucristo como Señor y Salvador” es suficiente para ser libres de la esclavitud del pecado, y se olvidó que “con el corazón se cree para Justicia”, y nuestra justicia es volver a ser creados conforme al Diseño perfecto de Dios, en libertad de pecado, en perfección de belleza y en excelencia de vida.
Decidimos pecar, pero también el impulso inconsciente de nuestra genética corrompida nos lleva a pecar compulsivamente, y muchas veces con los ojos cerrados. Se nos presenta la tentación, optamos no comer de su fruto, pero en otras una pasión irresistible nos comprime el entendimiento, y actuamos tontamente, como animales. Pero sea que pequemos con nuestra voluntad despejada o entenebrecida, necesitaremos la intervención de Dios, al nivel de la mente, al nivel de nuestro espíritu, y al nivel de nuestro ADN.
Es que la mente y la genética no cambian solo por seguir una terapia o someterse a una intervención de hormonas, la única solución de los hombres con y sin Dios y que consienten en pecar radica tan solo en una sustancia carmesí, en una acción radical, en la esencia misma de la Redención. Así Jesucristo nos ofrece un cambio genético por medio de sí mismo, y nos garantiza una transformación total por medio de su ADN (Juan 6:56) Y será posible cuando experimentemos de continuo el derramamiento de su propia Sangre sobre nuestra sangre. Creemos que las conductas pecaminosas se vencen solamente cuando vamos a retiros, ayunando, asistiendo a cursos de sanidad interior o someternos a un proceso de liberación ¿A caso la Sangre de Jesucristo no es suficiente para traer la transformación más profunda que sujetarse a una disciplina de rituales, muchas veces a la usanza de un chamán, para dejar de pecar?
Es que si tu ojo te es ocasión de caer, sácatelo, pide que te bloqueen tu computador para que no veas pornografía, saca la televisión. Si tu lengua te lleva a pecar, sácatela, deja de juntarte con quienes se gozan en la murmuración y infamia, los que denigran con groserías o caminan en malos pensamientos. Pero si aún tiendes a optar por la mala decisión, necesitarás una transformación genética que sólo la Sangre de Jesucristo podrá lograr, dejamos de pecar no solo por dejar de repetir conductas, sino porque un torrente del amor de Dios por medio de la Sangre limpia la fuente de la iniquidad (1 Juan 1:7).
Es la sangre de Jesucristo la que arrasa con los trastornos genéticos humanos, se dejará el adulterio, la fornicación o conductas perversas si comienzas a beber de su Sangre este día.
“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”
Juan 6:56
Lectura Recomendada:
CAMBIA TU ADN PARA RECIBIR LINAJE REAL, Pr. Cesar Castellanos D., G12 editores.
[1] La Infidelidad es cuestión de genes, Agencia El País/España, http://www.elespectador.com/noticias/salud/articulo-infidelidad-cuestion-de-genetica
