Profetas Vivientes

y la Palabra se hizo carne…

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¿Un empleado entre los hermanos?

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Creo que cada creyente es un líder donde se encuentre, debe desarrollar sus talentos y dones para expresar el mensaje de Jesucristo con eficacia. Es por eso que cuando un creyente adquiere destrezas, la percepción de la vida eclesiástica se hace “aparentemente más objetiva”, se logra comprender la necesidad pastoral en medio de una comunidad.

El pastorado histórico se fue perfilando como unipersonal,  a ratos delegando funciones, y tristemente convertido en un “empleado entre los hermanos”, porque la queja es trascendente: “el pastor no me visita”, “el pastor no me llama por telefono”, “el pastor no me considera”, “el pastor no ha orado por mí nunca”, etc., etc. Recuerdo que muchas veces el telefono sonó de madrugada en mi casa, y mi padre orando por necesidades a las 3 de la mañana. Es su vocación, pero que injusto es para una familia pastoral que exista aún gente exigiéndole a sus pastores la atención personalizada,  las 24 horas del día  y sus hijos a penas unas horas ¿A caso no tienen un Dios suficiente para suplirles cualquier cosa? (hablo como hijo)

Sí, somos fundamentalmente siervos, y vivimos para servir, pero no para abusar del servicio  de otros ¿o realmente tenemos ese derecho ? ¿Sobrellevar  los unos las cargas de los otros es sólo un imperativo para algunos?

Es peor el escenario si hablamos de una iglesia con más de 50 miembros, imaginemos una de 100 siquiera y nos daremos cuenta que en la semana no todos tuvieron una charla directa con él, si fueran mil, la expresión de “incomprensión fraternal” sería mayor. El pastor jamás mirará la iglesia de Cristo como una carga, aunque hayan “cabritos” en ella que hacen el ministerio más gravoso, lo hará con los mismo ojos de Jesucristo, y como no es bueno que el hombre esté solo, incluirá su matrimonio, a sus hijos en la medida que ellos acudan al llamado imperante a toda la familia, y a sus discipulos claramente. Entonces con una mirada de familia, ministrará las necesidades de cada creyente, y es un hecho, que la delegación de funciones es fundamental para evitar sacrificar la comunión con su esposa e hijos, sin embargo, la iglesia necesita, más que una delegación de funciones, creyentes despiertos con la vocación pastoral, pues ante todas las cosas, el corazón de Dios es de Pastor. Entonces, la iglesia requiere de creyentes fundados en el vínculo perfecto de ese amor pastoral, el de Cristo.

No podemos concebir un oficio apóstolico, profeta, maestro o evangelista si no tiene el alma de Jesucristo, quien vió a Israel “como ovejas sin pastor”. Fue el propósito  del Creador que cada creyente no solo naciera con mentalidad de ovejas, de discipulo, sino con un corazón de pastor hacia la humanidad, un discípulo permanente transformado en un líder con ese corazón. Y es evidente, cuando aparecen “discípulos” que ven las cosas “mejor” o diferentes a sus propios pastores.  Podría ser un síntoma de rebelión, cuando se pretende manejar verdades separadas a las de sus líderes, pero es connatural con el propósito de Dios, hacer de cada creyente un pastor, y no me refiero precisamente al cargo, cada creyente debe estar conciente que el mundo vive “como ovejas sin pastor”, personas que esten dispuestas a entregar sus vidas por la salvación de otros, no solo decirles las maravillas que Dios puede hacer en sus vidas, sino que llegar al punto de morir por causa de esas maravillas hechas en ellos, así lo hicieron nuestros padres mártires.

De ahí que si tenemos a Cristo, el ministerio de Cristo está en nosotros, su servicio. (Por eso,  y aunque existan oficios o funciones delimitadas en ciertas personas, todo creyente es un apóstol- “y y haced...”-, pastor “hacer discípulos“, maestros “enseñándoles que guarden” , profeta y evangelista “todas las cosas que yo he mandado“) Los problemas que pudieran haber en la iglesia de hoy no es de funciones, es de  cargos; algunos se marginan, argumentan que no tienen “el llamado”,  pero no fuimos llamados a ocupar cargos , fuimos llamados a servir.

Entonces además de velar por un rebaño de creyentes, se vela por un grupo de discipulos potencialmente pastores, y así las necesidades de los demás son suplidas, el diaconado (no el cargo) se transforma en el ministerio principal de la iglesia- deja de ser el fiscalizador del pastor y de los hermanos- de modo que el rol apostólico de cada pastor de una iglesia local, se desarrolla apostólicamente, sin dejar de ser pastor ni pretender el título de Apóstol. Ahí entonces justifico a algunos que pretenden denunciar las falencias pastorales, precisamente por la visión pastoral que asumen, pero pierden todo sustento y valor, cuando miran otros rebaños, cuando se les invita a servir y ellos arguyen que “su rol” es sólo denunciar, porque ellos se dicen “profetas”. Nadie puede imponer soluciones sin transformarse en la solución primero.

El pastor es servidor porque Jesucristo es Siervo, pero no es mi empleado, porque Jesucristo no es empleado de nadie, él es el Rey y Señor de los Siervos, Él dignifica al siervo cuando es capaz de sujetarse a su autoridad, sujetarse entre sus consiervos, y amar a la iglesia como Él la ama. 

Tu eres un siervo, eres un líder, debes ser un pastor.

Escrito por Roberto

Jueves, 10 Septiembre, 2009 a 22:39

Apóstoles sin una iglesia apostólica.

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Para la mayoría del pueblo evangélico informado, hablar de lo apostólico o profético puede resultar para algunos, como una manifestación más del “sectarismo” mal llamado “neopentecostal”, y para otros como parte de la restauración de los oficios ministeriales (ministerio quíntuple) en la iglesia que espera la Segunda Venida de Jesucristo.

Los primeros argumentan latamente  que el oficio apostólico cesó con la muerte del último de los apóstoles comisionado por  Jesucristo, y que el oficio del profeta cesó con la formación del canon  bíblico. Para los segundos, el mover apostólico-profético no ha cesado desde los tiempos de Pentecostés, y por tanto Dios sigue constituyendo en su iglesia a personas que ejerzan estas funciones con el propósito de perfeccionar y edificar al laos.  Y quizás ambos tienen razón, y quizás no tanto. No pretendo relativizar este debate, sin embargo, con mi postura clara que las funciones manifestadas en esos oficios dados en Efesios siguen vigentes, pues son la continuación del Ministerio de Cristo, nuestro Apóstol, Profeta, Pastor, Maestro y Evangelista. Pero seamos realista. Una iglesia con pastores o con apóstoles no es garantía de que ella sea una iglesia pastoral o apostólica.

Una frase de un importante profesor del Seminario Teológico Bautista,  en uno de sus estudios que semanalmente llega a mi correo dijo: “Las iglesias están atestadas de discípulos pero de escasos apóstoles, siempre aprendiendo pero rara vez viviendo, deleitándose de la miel que destila de la boca del Maestro pero poco interés en compartirla“.

En el contexto bautista, hablar de apostolado es hablar de “ser enviados con una misión”, el mandato de Jesucristo, antes de su ascenso fue un mandato apostólico “Id y haced discípulos“, y por medio de los 500 que estaban ese día fuimos representados, los creyentes del siglo XXI,  seguir la comisión, por ende, somos apóstoles en ese sentido, y también aquellos que dejando todo, han obedecido la voz de Dios de ir a otra nación para extender el Evangelio. El profesor entonces discurre  en la carencia de la iglesia de hoy en cumplir esa comisión,  por seguir un status quo, por creer que se puede servir hasta cierta edad y después de ella sólo estamos para orar, porque a ratos pareciera que lo más importante fuera mantenerse en un “estado” de creyente receptor de la bendición, de la unción, de las gracias, de los dones, de las imparticiones, de la educación teológica, etc., una iglesia supuestamente “llena de discípulos” sin la determinación a dar el paso siguiente: el apostolado.

Pero reflexionemos, si fuera un iglesia llena de discípulos, sencillamente sería una iglesia dispuesta a servir sin importar el cargo o función de que se trate. El discípulo obedece a su Maestro, no solo se alimenta de lo que entrega (¿Cuántos obedecen a sus líderes, a sus pastores, a sus discipuladores? Claro si hoy muchos argumentan que el único Pastor es Cristo ¿y qué de los otros que Él mismo constituyó?- Y contestan descaradamente de supuestas dictaduras, y cuales rebeldes contumaces, inducen a otros a salir de sus iglesias. Y de que  puedan haber dictaduras también, entonces solo miro compasivamente al abusado en su libertad de servir a Cristo). La iglesia, antes de ser apostólica, pastoral, celular o como se denomine, debe ser discipular, y no entendido solamente como ser receptores de información, o meramente personas que se nutren sin parar, sino que personas siendo formadas hasta el fin de los tiempos con el carácter de Jesucristo,obedecen por amor sin cuestionar, y sirven, sin esperar retribuciones o ascensos. La vida como discípulos no acepta o concesiona con el tiempo libre, ni siquiera con cuestiones meramente emocionales, a la voz pastoral de su líder decide tomar su propia cruz,  y confrontado a una sinceridad diaria, a la responsabilidad de ella; experimenta a diario un especial via crucis hacia la renuncia de las cosas que nos atan a la tierra, al plato de comida, a la tapadura de muela, a la película de turno. Porque Discipulado no es solo educación, es estilo de vida, no es un curso de teología o hermenéutica, es carácter de siervo. Discipulo no es sólo aprendiz, es el reflejo de Jesucristo, Sabiduría de Dios. La falta de apóstoles y evangelistas no es reflejo de mantenerse en “estado de discipulos“, sino que tajantemente manifiesta la carencia de discipulos en la iglesia de hoy. No es culpa exclusiva del diablo, sino de creyentes que actúan a veces como tal.

El discípulo habla de ser, y apostolado de hacer. Discípulo habla de identidad, el apostolado muestra esa identidad. Ahí la diferencia, porque pareciera que se pretende determinar la vida “haciendo” la obra apostólica o pastoral, cuando en realidad nuestra vida se determina “siendo” discípulos, para luego “hacer” discípulos.  He ahí las críticas de muchos, que ven a otros asumiendo roles u oficios dentro de una comunidad de creyentes, hablando de servicio sin servir, incapaces de “lavar los pies” de sus amigos. Pues los 12 amigos no dejaron de ser discípulos para hacer apostolado, y un líder que no es discípulo ¿cómo enseñará a otros a serlo si nunca lo fue?

Una iglesia que no se mantiene en el discípulado, no es una iglesia apostólica, sino una comunidad de personas que sobrevive en base al hacer, decrece y desaparece, porque fueron solo una comunidad idealizada en promesas no vivificadas. El siguiente paso del discípulo es ser enviado, pero no deja de serlo por el mero hecho de cumplir una  misión, sino sólo cuando Cristo haya perfeccionado la obra que comenzó en nosotros. Una iglesia, mientras más discípulos tenga siendo será  una iglesia haciendo con el ministerio de Jesucristo. Evitendo rótulos “ministeriales”,  o no añorándolos como la cosa más excelente o la oportunidad de  un ascenso ministerial, seamos siervos,  deja que los muertos entierren a sus muertos, invierta sus 10  talento, venda sus riquezas y désela a los pobres y síga al Resucitado, compre el perfume más costoso que encuentre y derrámelo a sus pies sin importar los cuestionamientos de otrs.  El atleta en camino no presume de su profesión, añora cruzar la meta, simplemente  es  un ser humano que corre a conciencia bajo las instrucciones de su entrenador y sin la distracción del otro corredor,  mientras más corra el atleta en una pista, en un valle, más pronto llegará al umbral de su perfección, y solo cuando la supere se habrá dado cuenta que hizo lo correcto para llegar a donde está.

 

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¿Son todos apóstoles?

Escrito por Roberto

Sábado, 25 Julio, 2009 a 22:39

Dando la Bienvenida a tu mente piadosa…

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1. Dando la bienvenida a tu mente piadosa

que está afianzada como si fuera en una roca inconmovible,

doy gloria sobremanera

que me haya sido concedido ver tu faz intachable,

por lo cual tengo gran gozo en Dios.

Te exhorto por la gracia de la cual estas revestido

Que sigas adelante en tu curso y en exhortar

A todos los hombres para que puedan ser salvos.

Reivindica tu cargo con toda diligencia de carne y de espíritu.

Procura que haya unión, pues no hay nada mejor que ella.

Soporta a todos, como el Señor te soporta.

Toléralo todo con amor tal como lo haces.

Entrégate a oraciones incesantes.

Pide mayor sabiduría de la que ya tienes

Sé vigilante y evita que tu espíritu se adormile

Habla a cada hombre según la manera de Dios.

Sobrelleva las dolencias de todos, como un atleta perfecto.

Allí donde hay más labor, hay mucha más ganancia.

  1. Si amas a los entendidos, esto no es nada que haya de agradecérsete.

Más bien somete a los más impertinentes por medio de la mansedumbre.

No todas las heridas son sanadas por el mismo ungüento.

Suaviza los dolores agudos con fomentos.

Se prudente como la serpiente en todas las cosas

E inocente siempre como la paloma

Por esto estás hecho de carne y espíritu,

Para que puedas desempeñar bien las cosas que aparecen ante tus ojos

Y en cuanto a las cosas invisibles,

Ruega que te sean reveladas

Para que no carezcas de nada,

Sino que puedas abundar en todo don espiritual….

Se sobrio, como atleta de Dios.

El premio es la incorrupción y la vida eterna.

Carta de Ignacio de Antioquia a Policarpo de Esmirna cerca del año cien de la Era Cristiana. Versículos 1 y 2.

Escrito por Roberto

Sábado, 8 Septiembre, 2007 a 22:39

Escrito en Ministerio, discipulado